Mi perra, cuando a media tarde oye los primeros sones del Resistiré por la ventana abierta, se levanta automáticamente de la colchoneta donde pasa las horas muertas y se dirige al ventanal del salón donde sabe que me planto unos minutos para el aplauso. No entiende qué pasa ni por qué, pero lleva semanas en los que no escucha más sonidos que la radio, los pitos de la lavadora, el teléfono, la termomix … y el Resistiré. Con los otros no se inmuta, no van con ella, pero el Resistiré significa movida: salón y aplausos. Se queda quieta mirando cómo en algunos balcones se agitan pañuelos e incluso una pareja baila en la casa de enfrente.

Empieza la desescalada y lo vamos a notar en el ruido. Niños que gritan en la calle, y padres que les dicen que es la hora de volver la casa y a lo mejor se ven obligados a levantar la voz porque los críos no quieren volver al confinamiento. Escucharemos timbres de bicis y botes de balón, juegos y, en algunos los pueblos, sonarán en la lejanía los tiros de los que aprovechan que se puede cazar en varias comunidades. Empieza la desescalada antes de que el gobierno tenga datos seguros sobre cómo va la cosa del coronavirus, ni siquiera sabe contabilizar bien el número de fallecidos y de afectados; pero ha decidido, al fin, que los niños dejen de ser los principales afectados por este encierro. A los padres ya no se les ocurrían más excusas para explicarles que debían mantenerse encerrados en pisos con frecuencia minúsculos, ni sabían qué más inventar para entretenerlos.

No tendrá motivo de queja este gobierno. Mientras ellos eran ejemplo de incapacidad para abordar una crisis de tan terribles consecuencias, mientras discutían entre sí, se desmentían varias veces en un mismo día, Iglesias se apresuraba a salir para anunciar las medidas buenas mientras se guardaba muy mucho de dar la cara para anunciar las más incómodas, los españoles han demostrado un comportamiento ejemplar. Con excepciones, siempre hay irresponsables que dan la nota, pero casi la totalidad de los ciudadanos, de diferentes edades y de muy diferentes circunstancias personales y profesionales, han tenido un aguante, una paciencia, un sentido cívico y una solidaridad a prueba de bomba. Y eso que lo que pedía el cuerpo era insumisión ante unos gobernantes que han dado ejemplo de todo lo contrario. Solo un par de ministros pueden salir con la cara alta de esta crisis, solo dos o tres han demostrado que sabían qué terreno pisaban y han actuado como se espera de un gobernante.

Ya llegará el momento de pasarles factura por las muchas barbaridades cometidas, por los muchos engaños, por el dinero tirado en compras defectuosas y por no tomar medidas de precaución cuando sonaron las primeras señales de alerta.

De momento, disfrutemos de la desescalada gradual… y del ruido de la calle.