DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


En el mismo barro

Será difícil que las elecciones locales y autonómicas alcancen la notoriedad suficiente como para que el ciudadano pueda deslindar que su voto ha de responder a retos diferentes. Los candidatos a las alcaldías sufrirán, o se beneficiarán, de la campaña y de los resultados de las elecciones generales. Y si bien en los comicios locales aún queda algún margen para el tirón o el rechazo que pudieran provocar los nombres propios, en el caso de las elecciones autonómicas es mayor el riesgo de perder toda singularidad, confundidos en el torrente arrollador de los restos de la contienda del 28 de abril. Los candidatos a las alcaldías resultan más conocidos, reconocibles por cercanos, pero igualmente serán víctimas o beneficiados de la confusión. Sin duda resulta frustrante la sospecha de que muchos ciudadanos afines al PP no sabrán el 26 de mayo si están votando a Herrera, a Casado o a Mañueco a la Presidencia de la Junta de Castilla y León;  a Pedro Sánchez o un tal Tudanca en el caso del PSOE, o al señor X en sustitución de Rivera y Pablo Iglesias.
El efecto ninguneo ya se nota. Esta semana se han dado a conocer en las provincias de la Comunidad los candidatos a ocupar las alcaldías de las capitales y las listas de procuradores. Ni frío ni calor, salvo entre quienes se ven en puestos de salida o en aquellos a los que les ha tocado retirada. El ‘debate de las mujeres’ en TVE del pasado martes o la controversia por el que se anuncia ‘a cuatro’ entre las primeras espadas, han añadido un punto de sordina aún mayor sobre los comicios domésticos. 
Seguramente ninguno de los seis contrincantes logró mover la voluntad de un solo votante entre la audiencia. Entre otras cosas porque uno sospecha que entre los dos millones de personas que vieron el programa, ninguna de ellas está entre las indecisas. Hay que reconocer, eso sí, que el debate tuvo su gancho. Sobre todo, el que puso la marquesa del PP al trazar una línea tan sutil como deliberadamente confusa sobre la violación y el consentimiento.
El asunto no tiene mucho que ver con el asfaltado de las calles, pero seguro que más de un candidato afín sufrirá su barro.