Las otras travesías

Nacho Sáez
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Aunque no tienen la intensidad de tráfico de San Rafael y no existe un clamor social para desviarlo, Turégano, Cantalejo, Santa María, Arcones o Revenga conviven con el paso de vehículos en medio de un debate: ¿Una variante sería su muerte?

José Antonio de Pedro, vecino de Santa María la Real de Nieva, encarna a la perfección las dificultades a las que se enfrenta ‘La España Vaciada’. Unos obstáculos que no se manifiestan sólo en la progresiva reducción de servicios públicos y privados sino también en la paradoja de que sus ‘supervivientes’ piensen en rechazar inversiones para su municipio –que sobre el papel tendrían que mejorar su calidad de vida– por temor a que acentuaran la espantosa despoblación que sufren: casi trescientos habitantes censados menos en la última década, en medio de una epidemia que se extiende como la peste por todo el medio rural. «Hace tiempo que se habla de la posibilidad de que nos hicieran una variante, pero creo que le quitaría vida al pueblo», reflexiona este hombre mientras charla con dos de los comerciantes del mercado que este martes desafiaba, en la Plaza Mayor de Santa María, al pesimismo con el que los estudios miran hacia el futuro en las zonas más despobladas. 

También pasea entre los puestos Segundo Álvarez, que aún recuerda el atropello que sufrió su hija siendo una niña en ese mismo lugar, a apenas cinco palmos de donde se encuentra. En la carretera autonómica que atraviesa el municipio (la CL-605), el tráfico no cesa en ningún momento. Un semáforo en la propia Plaza Mayor y otro situado en la entrada del pueblo más cercana a Segovia regulan una circulación que alcanza una intensidad media diaria de 3.536 vehículos (ligeros y pesados). Una cifra muy alejada de los más de 12.000 que soportan en San Rafael por culpa de la N-VI pero que sirve para recordar que el problema de las travesías (o bendición, según quien opine) continúa muy presente en numerosos municipios de la provincia de Segovia.

Ha vuelto a convertirse en asunto de actualidad después de que el PSOE criticara el voto en contra de PP y Ciudadanos –en las Cortes de Castilla y León–   a la propuesta socialista de colocar  pasos de peatones elevados en la travesía de Dehesa Mayor, en Cuéllar. Una reivindicación que tiene su origen en 2003 y que ha llevado a los vecinos a manifestarse incluso en la propia carretera. «Respeten la velocidad», clamaron en esa movilización llevada a cabo en abril de hace dos años, sin que de momento hayan obtenido una respuesta a pesar de la inseguridad con la que viven debido a esta vía que cruza su pueblo.

José Antonio de Pedro, vecino de Santa María la Real de Nieva, posa junto a la CL-605, que atraviesa su pueblo.José Antonio de Pedro, vecino de Santa María la Real de Nieva, posa junto a la CL-605, que atraviesa su pueblo. - Foto: Rosa Blanco

En similar situación se encuentra otro municipio a 33 kilómetros de allí. Cabezuela también demanda pasos elevados ante la falta de inversiones para realizar una variante que llegó a contar con un estudio informativo favorable. «Pero coincidió con la crisis y se paró», lamenta su alcaldesa, Ana Agudíez (PSOE), que tampoco ha conseguido resucitar el proyecto después a pesar de sus intentos como procuradora de las Cortes de Castilla y León. Ella estaría a favor de la variante en ese debate que se repite en cada municipio que cuenta con una travesía: ¿su construcción dañaría de muerte la actividad económica de estos pueblos? «No hay ningún estudio o estadística que lo demuestre, y la experiencia en otros que aliviaron el tráfico en sus travesías es que no es un perjuicio. El que quisiera venir a Cabezuela lo seguiría haciendo y nos evitaríamos el tráfico pesado, que es el más peligroso», argumenta Agudíez.

El proyecto de esa variante también afectaba a Cantalejo, donde se mire donde se mire aparecen camiones de gran tonelaje. En la calle José Rodao, los balcones de varias viviendas revelan los daños sufridos por ese ingente trasiego que provoca la conflucencia de la CL-603 –una vía muy utilizada para viajar a Aranda de Duero y Burgos– y la SG-205, que comunica Cantalejo con Cuéllar. «Tenían que poner ya de una vez la circunvalación. Es que en algunas calles no tenemos ni acera y mire cómo estoy yo», se queja Placer Lobo, que camina con la prisa que le permite su avanzada edad. Más ligero marcha a tirar la basura Francisco García, que vive en Segovia –en Cantalejo tiene su segunda residencia– y que echa en falta un mayor número de pasos de cebra. «Debería haber más, pero inseguro no me siento porque los peatones, igual que los conductores, tenemos una serie de derechos y obligaciones», señala mientras el tráfico de camiones sigue sin respiro a su alrededor y provoca más de una situación peligrosa.

En la calle General Mola, los tráiles que circulan en ambos sentidos casi rozan sus retrovisores y ocupan el escaso espacio que queda para los viandantes en la acera. Verles girar por las calles se convierte en una clase maestra de conducción. Sin embargo, Julián, otro vecino del municipio que prefiere no revelar su apellido, se opone a la variante. «Es que supondría destrozar muchas fincas», defiende, al mismo tiempo que asegura que él pasea con seguridad: «Aunque es verdad que hay muchísimo tráfico, esto tampoco es Madrid».

Cantalejo soporta una gran intensidad de tráfico de camiones de gran tonelaje.Cantalejo soporta una gran intensidad de tráfico de camiones de gran tonelaje. - Foto: Rosa Blanco

Tras despedirse deja a un lado el Pub Cuadro, donde Ana de León atiende a un cliente desde detrás de la barra. «El día que quiten los camiones el pueblo se queda vacío. Sin ellos no hay vida», remarca esta hostelera, que mantiene el pulso de una zona en la que se hace visible el cambio de estación. El verano de las calles repletas de vecinos y comercios abiertos ha dejado paso a un otoño en el que el tráfico se apodera del escenario. «Los camioneros paran a desayunar, a almorzar y gracias a ellos, muchos vivimos», insiste la responsable del Pub Cuadro, situado a apenas unas decenas del Ayuntamiento. Allí, el nuevo alcalde del municipio, Javier de Lucas (PP), ha pedido un informe sobre las travesías, por lo que rehúsa responder a esta redacción acerca de una situación que los vecinos asumen con resignación pero que no está exenta de peligros.

Como en Turégano, donde un vehículo de transporte especial de grandes dimensiones pasa a muy pocos centímetros de una anciana resguardada en la acera. Esa CL-603 que atraviesa Cabezuela y Cantalejo también discurre por Veganzones y por la villa de uno de nuestros castillos más famosos, que también soñaba con una variante que nunca llegó. «Hay un proyecto básico para hacer una variante, pero ya veremos cuándo nos toca», apunta su alcalde, Juan Montes (PP), que reconoce las incomodidades que supone el tráfico, especialmente en su preciosa plaza porticada. «Lo bueno es que tanto para entrar como para salir del pueblo hay bastantes curvas, por lo que los vehículos no llegan a coger demasiada velocidad. Lo peor, en cambio, es que tenemos muchos baches en la plaza por este tema. A ver si nos lo arreglan», continúa.

De vuelta a la discusión sobre los efectos positivos y negativos de llenar de variantes los diferentes municipios, el primer edil de Turégano considera que «lo que ganas por un lado lo pierdes por otro». Mucho más tajante se muestra, en cambio, su homóloga de Arcones. «Prádena no se ha muerto porque no pasen los coches por allí», remarca Laureana Martín (PSOE) acerca de lo que ocurre en la N-110 (la Carretera de Soria), otra de las vías conflictivas de la provincia. Por ella pasan más de 3.500 vehículos de media, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Fomento a la altura de Collado Hermoso, uno de los municipios que se encuentra justo antes que Arcones si se circula desde Segovia. 

En algunas calles del municipio la circulación se complica debido a la limitada anchura de la calzada, que deja sin espacio a los peatones en varios casos. En algunas calles del municipio la circulación se complica debido a la limitada anchura de la calzada, que deja sin espacio a los peatones en varios casos. - Foto: Rosa Blanco

«Todas las mañanas voy con unas amigas desde el barrio de Castillejo a la plaza, y muchas veces tenemos que esperar cuatro minutos para cruzar la carretera. Te tienes que encomendar a Dios para hacerlo», asevera la alcaldesa de Arcones, que padece además en el centro del pueblo el tráfico que circula camino de las Hoces del Duratón y de Pedraza: «Cuando son ‘Las Velas’ es una locura». Gracias a una inversión de 13.000 euros han podido habilitar pasos de peatones elevados, «pero sería fabuloso que nos construyeran una variante porque aquí nadie respeta los límites de velocidad que están puestos».

Un problema similar al que se enfrentan en Revenga –con una intensidad media diaria de 7.021 por los vehículos de la N-603– o en el Real Sitio de San Ildefonso –5.169 por la CL-601 que atraviesa tanto La Granja como Valsaín–. De regreso a Santa María, su alcaldesa, Pilar Ares (PP), razona las dificultades de prescindir de la travesía: «No tendríamos tanto ruido, pero mataría al pueblo. No hay que olvidar que tenemos una gasolinera. En cualquier caso, no veo inquietud entre los vecibos por este tema». No existe el clamor social de San Rafael, pero las otras travesías de Segovia también tienen su historia.

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Francisco García, vecino de Cantalejo, reclama que se habiliten más pasos de cebra.
Francisco García, vecino de Cantalejo, reclama que se habiliten más pasos de cebra. - Foto: Rosa Blanco
Un vehículo de transporte especial atraviesa Turégano mientras una mujer de avanzada edad se refugia en la acera.
Un vehículo de transporte especial atraviesa Turégano mientras una mujer de avanzada edad se refugia en la acera. - Foto: Rosa Blanco