TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


El mes de gobierno de Sánchez... y el de Casado

09/02/2020

Quizá lo lógico sería hablar hoy del mes, que se cumple este jueves, del gobierno de coalición progresista de Pedro Sánchez, que no seré yo quien diga que no ha estado repleto de acontecimientos, para bien y para mal; ahora nos hacen llegar, tras la cumbre campestre de Quintos de Mora, que preparan una enorme batería de leyes para pavimentar el camino de una Legislatura difícil. No he oído nada, o muy poco, de búsqueda de consensos con la oposición, sino que más bien uno escucha en las bancadas socialistas apenas descalificaciones hacia el Partido Popular y Ciudadanos --de Vox ya ni hablemos--, achacándoles "falta de patriotismo" por no colaborar en las tareas de la gobernación. De la gobernación de Pedro Sánchez, se entiende.

Quizá por eso mismo convenga detenerse unas líneas en el mes de la oposición. De un Pablo Casado que parece separarse crecientemente de Abascal y aproximarse con cautelas a Inés Arrimadas, que mantiene su condición de lideresa provisional en Ciudadanos, pero que ya habla hasta con entusiasmo de España Suma, de Cataluña Suma, del País Vasco Suma y, si puede, hasta de Galicia Suma, que ese es terreno preelectoral en el que Alberto Núñez Feijoo admite pocas componendas. Algo se hará, desde luego, en ese proceso de convergencia del centro-derecha, del que, por supuesto, quedará excluido Vox, lanzado a proclamar la ilegitimidad del gobierno Sánchez y a la pretensión de quedarse como única oposición 'dura' al "gobierno social-comunista", que es como les gusta llamar a la coalición 'progresista' de Sánchez con Pablo Iglesias.

Uno está lejos de ser un estratega como Iván Redondo, claro, y me parece que, excepto algún guerrero emboscado en la Comunidad de Madrid, el PP-Cs carece de un gurú que plantee batallas como lo hace el 'vicepresidente quinto' en La Moncloa. Pero se le ocurre a uno que, frente al planteamiento de 'hacer cosas', a veces demasiado apresuradas, que plantea el Ejecutivo, quizá lo más práctico, y lo mejor para los ciudadanos, sería constituirse en 'Gobierno de coalición de centro derecha en la sombra'. Y sugerir aún más cosas, poniendo en un brete al Gobierno invitándole a consensuarlas. Porque hay mucho pendiente por hacer y ni sería justo ni conviene, me parece, dejar que sea el Ejecutivo quien haga las cosas de Estado solo. Queda, sospecho, mucha Legislatura por delante, y estar en la oposición permanente a quien más desgasta es a la propia oposición.

El 'no a todo, que me opongo' renta poco y me parece que ni los deslices y trolas de Ábalos, ni las visitas --perfectamente normales, me temo-- a Torra, ni Guaidó, ni la insoportable levedad de algunos miembros del Ejecutivo, ni el escaso valor de la palabra presidencial confrontada con las hemerotecas, sirven ya de mucho. Ni el predicar el retorno a la senda del 155 en Cataluña es percibido, creo, como una solución efectiva por parte del ciudadano medio, y a mis meras consultas con mucha gente con la que trato en conferencias y seminarios, y a no pruebas más científicas, debo atenerme.

Casado y Arrimadas son figuras atractivas, que se han deshecho de su pasado. Y su pasado son ya libros de memorias: el de Rajoy y el que, en dos o tres semanas, presentará el ya olvidado Albert Rivera. Pero estar plantado de cara al futuro y permanecer ahí quieto, como enfurruñado con lo que hacen el inquilino de La Moncloa y sus ministros, resulta del todo insuficiente.

Renunciar a hacer una política progresista, a veces desalentando a los mejores de los partidos del centro-derecha --Alfonso Alonso, a quien dicen que algunos pretenden sustituir por Rosa Díez, cosa que no creo; o Francisco Igea, a quien Arrimadas por lo visto aborrece--, es mal asunto. Ambos partidos necesitan portavoces de otro calado distinto a los que ahora tienen. Que le pidan consejo a Miguel Angel Rodríguez, que es quien está, no sé si sintonizando en modo demasiado pugnaz, organizando desde la Puerta del Sol la 'oposición de Estado', aprovechando el indudable carisma de Isabel Díaz Ayuso.

Dicen que al Gobierno que entra se le evalúa cuando han pasado 100 días. Con la oposición habría que hacer lo mismo.