TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El globo

09/05/2020

Lanzo un reto contra su imaginación: ¿A que anteayer, como quien dice, usted no tenía ni remota idea de quién era Camavinga? Vale. ¿Le ha visto jugar? De acuerdo. ¿A que ahora piensa que es uno de los mejores y más prometedores centrocampistas de Europa? Bien.

En este extraño mundo del fútbol moderno, el orden más común de las respuestas es «No», «No» y «Sí», o sea, no lo conocía y no le he visto jugar -más allá de una acumulación de jugadas en YouTube cuando me enteré de que lo queríamos- pero por lo que dicen me parece el mediocentro del futuro, un fichaje asombroso. La lógica del proceso tiende a cero, como decirle a alguien «si puedes, vete a comer a Casa Antonio: no he ido, no sé ni dónde está, pero cuentan que se come bien».

Este proceso es conocido, en prensa deportiva (futbolística en general, relacionada con Barça y Madrid en particular), como la teoría del globo: hinchar algo antes de venderlo, que parezca enorme y majestuoso aunque esté lleno de aire. Lo importante no es la certeza que uno tiene sino el «por lo que dicen» y el «cuentan que». El Real Madrid ha trazado una línea de actuación: buscar jugadores jóvenes más o menos consagrados para asegurarse el futuro. De repente, futbolistas desconocidos para el gran público cuestan 35-40 millones. Antonio, por ejemplo: «Habla el descubridor de Antonio: 'Hace cosas que ni Neymar hacía a su edad'», «Antonio, el regate que viene», «El gol del futuro: así remata Antonio», «Antonio: 'Mi sueño siempre fue jugar en el Real Madrid'», etcétera. Es decir, no te están descubriendo al personaje, más o menos te están diciendo que eres tonto por no saber quién es y a qué se dedica el gran Antonio. Yo se lo voy a decir: tiene un restaurante. No he ido ni sé dónde está, pero cuentan que se come bien…