TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Estabilidad

Más de una, cinco o 100 veces lo hemos repetido: el Valencia es (¿Era?) un club instalado en el nerviosismo. De puro ser inestable, no conocía otra forma de vivir la temporada que el constante viaje de la euforia a la bronca, sin grises ni términos medios… Hasta que alguien decidió enganchar todo el ciclón y envasarlo al vacío para que no siguiera moviendo los cimientos del club; fuese Alemany, Murthy o algún asesor de Lim, Marcelino, Parejo como líder del vestuario o todos ellos juntos, de repente la sangría se detuvo: desde la 14/15, tres presidentes, dos directores ejecutivos, cuatro directores deportivos y seis entrenadores, ahí es nada…

Con la irrupción de Simeone, el Atlético de Madrid (monstruoso devorador de técnicos y aniquilador de proyectos a medio plazo), alcanzó cierta calma y, con ella, reclamar para sí el tercer peldaño del orden patrio. Durante años, otros como el Sevilla, incluso el Villarreal o precisamente el Valencia trataron de adueñarse del mismo… y fueron estos últimos quienes más cerca estuvieron de consagrarse: aquellas finales de Champions, el ciclo Ranieri-Cúper-Benítez y las dos Ligas con este último…

Cuando los clubes de segundo nivel (debajo de Madrid y Barcelona) descubren la estabilidad, suelen sacar lo mejor de sí mismos. Este Valencia, un proyecto que arrancó sin gol, con una desastrosa primera vuelta liguera plagada de empates y una eliminación en la primera fase de la Champions, estuvo a punto de descoyuntar a Marcelino allá por diciembre. Que ahora recojan los frutos con la octava Copa de su Historia y un más que meritorio cuarto puesto (gran remontada) en la Liga, responde a que alguien encontró perdido en un cajón algo que hace años, lustros, no se utilizaba en el barrio de Mestalla: paciencia.