TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Detener el tiempo

Identificamos ‘golazo’ con pelotazos secos y contundentes que sacan las telarañas del marco, remates cercanos a la ciencia ficción que se ejecutan en posiciones imposibles, literalmente a partir de cierta edad, o últimos toques que parecen sacados de un ensayo del Bolshoi y rebosan sutileza extrema, a saber: vaselinas, taconazos, golpeos de tres dedos o ‘panenkas’. ¿Y por qué el gol de Messi al Atlético, segundo del Barça y pequeña obra de arte que echó la persiana a la Liga, resultó algo majestuoso… si solamente fue un insulso ‘pase a la red’? Tal vez se hayan fijado: omití voluntaria y torticeramente una cuarta variante de ‘golazos’, la que conlleva un trabajo previo casi mágico: regates, desmarques, una exhibición colectiva de 20 o 30 pases, dos paredes al primer toque en una maraña de piernas o, como sucedió en el Camp Nou, un ejercicio de ilusionismo individual con las manijas del reloj como aliadas: si hace una semana nos ‘robaban’ una hora porque a las dos fueron las tres, Leo Messi le ‘robó’ dos segundos al sábado: los que pasaron entre que entró al área y tocó sutilmente al fondo de las redes, dejando en el suelo a uno de los centrales más solventes del mundo (Godín) y en posición de ‘Don Tancredo’ al mejor portero del planeta (Oblak). Las sucesivas repeticiones revelaron el truco: lo que en vivo pareció un segundero atascado, en la cámara lenta fueron tres sutiles amagos -y así fue internándose en el área, y así fue ganándole ángulo a la ejecución- que descolocaron a sus adversarios. Uno, dos y tres movimientos casi imperceptibles de tobillo con los que, de repente, logró que ante él apareciese un pasillo enorme por donde sólo hubo que empujar una pelota mansa que liquidaba un campeonato (si es que no estaba liquidado de antemano). El proceso convirtió un simple pase a la red en un golazo. Otra vez de Lionel Messi. Uno más en una colección inagotable.