TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Caño

En el Reino Unido le llaman «nutmeg» (nuez moscada) y creo que en Escocia «50p» (diminutivo de 50 peniques). En varios puntos de Europa, no sólo en Italia (donde la palabra significa «crema»), se refieren a la «panna». En Jamaica dicen «salad» (ensalada), en Colombia «ortón», en Honduras «cocina» o «quebrar los platos», en cualquier rincón hispanohablante le dicen «sotana», «cachas» y «cachitas», «puente»... ¿Por qué ser correcto y llamarlo «túnel» pudiendo ser un canalla, como el propio regate, y dejarlo en «caño»? Cuenta una leyenda del fútbol argentino, plagado de ellas por todos lados, que a Juan Domingo Cabrera (un centrocampista de Luján que hizo carrera en varios equipos de Argentina y en el Girondins de Burdeos) le preguntaron hasta el día de su muerte, 3 de septiembre de 2007, por aquel partido ante Argentinos Juniors (octubre del 76): un joven Diego Armando Maradona debutó, con 15 añitos, y en su primer contacto con la gloria, el «¡Oooooh!» entusiasta de la grada, le hizo un caño a Cabrera. Y el entonces futbolista de Talleres contó la historia una y mil veces, como si fuese un orgullo haber sido bendecido con el cañito del Pelusa.

No sé si de aquí a unos años Boateng (Bayern) contará a sus nietos que una vez Leo Messi le rompió la cadera en mil pedazos, o Phil Jones y Fred se juntarán en reuniones de veteranos del United para recordar juntos cómo el genio argentino los destrozó a ambos con sendos caños para hacer dos goles y meter al Barça en semifinales.

Todo lo que tiene de canalla el caño desaparece en botas de Messi, liviano y ágil, como pidiendo perdón con la mirada, «es que no tenía otro hueco por donde tirar la pelota». De la centésima exhibición del genio hoy tocaba una de túneles, el recurso de un pillo que cabalga hacia la deseada Copa de Europa.