LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Oficial y caballero

Mi confianza en Nancy Pelosi no era muy amplia, porque pese a su dilatada experiencia con sus 79 años, siempre ha priorizado la victoria del Partido Demócrata a cualquier otra consideración. Pero por una vez ha decidido que la verdad y el tráfico de influencias sea perseguido implacablemente.

Desconocía totalmente que Joe Biden, el que fuera vicepresidente con Barack Obama, tuviera un hijo llamado Hunter; su vida familiar comparte episodios especialmente dolorosos. Lo cierto es que es un chico con talento porque ha conseguido ser miembro de consejos de administración en una empresa gasista de Ucrania y otra de seguridad en China entre otras. Su padre aconsejó al entonces presidente del país invadido por Rusia que cambiar de fiscal general sería una buena idea. Así podría luchar mejor contra la corrupción y no distraerse investigando a la empresa donde estaba su hijo.

Es sano que los votantes conozcan a detalle por qué Hunter, el hijo de Joe, cobraba 50.000 euros mensuales de una empresa. Pensar que sus lazos familiares o el puro nepotismo mueven a Joe Biden es inaceptable. Igual que todo el mundo sabe que la Fundación Clinton era una institución pulcra e impoluta donde uno de sus mayores donantes era un magnate ucraniano.

La mayoría de los ciudadanos ven normal que Michelle Obama hubiese cobrado una cantidad multimillonaria antes de haber escrito una sola línea de su experiencia en la Casa Blanca. Tampoco ningún medio de comunicación se ha irritado porque el matrimonio Obama haya firmado un contrato superior con Netflix, ya que es obvio que no hay nada turbio en ello.

La verdad es que hay que reconocer que los demócratas tienen un talento especial para amasar grandes cantidades de dinero y preocuparse por los mas desfavorecidos. Esa integridad moral me recuerda a la preocupación que tienen por el medio ambiente la viajera pareja Harry y Megan, él en la línea de sucesión británica.

Todo esto será posible gracias al inicio del proceso de destitución a Donald Trump. El único problema es que salvo que seas un demócrata convencido, parece difícil argumentar que hay una base objetiva para ello. Los atajos en política son peligrosos, porque los votantes prefieren decidir quién les preside. El odio a Trump es un poderoso sentimiento pero no una justificación para activar un recurso legal excepcional. Los demócratas siguen sin comprender porqué Hillary perdió ante un mediocre oponente. Joe Biden era el candidato temido por Trump, ya no.