TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Colegiados bajo presión

Ya no tienen abrigos de visón en las camas de sus hoteles ni reciben de madrugada visitas de media docena de señoritas dispuestas a hacerles pasar una noche agradable a cambio de se hagan los despistados en el área local (historias reales de árbitros en un par de visitas a países de la Europa del Este); ahora la presión es incluso peor. Menos descarada, menos golfa e inmoral, pero superior: hoy dirigen los partidos intentando abstraerse del volumen de palabrerío, de opinadores, de redes sociales, de acceso a la hemeroteca, de medios de toda la vida y digitales, de blogueros, de influencers, de tertulianos gallináceos que gritan mucho en radios y televisiones... 
Toneladas de información tratando de sepultar un a priori; es decir: Hernández Hernández todavía no ha dado el pitido inicial del Barça-Madrid de mañana... pero ya está bajo sospecha sin haber cometido un error. 
En cuanto se conoció su señalamiento, en Madrid se pusieron de uñas: «Un árbitro que no gusta al Real Madrid». Por lo visto un día se equivocó en un gol de Bale que era legal, o en otra cosa, o no le sostuvo la puerta a una señora que entraba cargada con bolsas. «Un árbitro polémico en los ‘clásicos’», decía la prensa catalana, porque expulsó de forma rigurosa a Sergi Roberto, no expulsó a Bale en una entrada a Umtiti y alguna tontería más que no recuerdo. Y como al Barça le escamotean un penalti a Piqué en San Sebastián, en Barcelona ya hablan de Liga ‘amañada’ y en Madrid de ‘lágrimas’ que buscan condicionar el arbitraje.
«Intento que no me afecte -reconocía un árbitro internacional hace poco-, pero para eso habría que vivir en una cueva: hoy es una locura». Más si se van a pegar entre ellos, los más beneficiados de la historia, los más llorones



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