TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Los que le rodean

En el deporte individual, es casi imposible parar al genio en su hábitat si resulta que está inspirado. Ejemplo: Rafa Nadal y sus 12 triunfos en Roland Garros, la mayor salvajada hombre-espacio de la historia del deporte.

Todo cambia en un deporte colectivo. Es cierto que cuanto menor es dicho colectivo, menores igualmente las posibilidades de anular al genio. En cinco (baloncesto) la figura brilla con más sencillez que en once (fútbol) o en quince (rugby). De ahí que los técnicos agraciados con la presencia de un mago en su equipo busquen constantemente formas de distracción para que el rival no se cebe en una marca casi individual que anule completamente al equipo.

Tomando el ejemplo del mayor genio del fútbol, pongamos que le llaman de la Federación Colombiana de Fútbol (sí, a usted) y le dicen que se hace cargo del equipo en el debut de la Copa América. Que su rival será Argentina. Y que a Messi le rodean Saravia, Pezzella, Otamendi y Tagliafico en defensa (¡Qué ha sido de aquellas zagas albicelestes de bestias malencarados por donde no se colaba ni una brizna de aire!), que le entregan la pelota muchachos como Guido Rodríguez o Paredes, que Lo Celso (jugador del Betis, décimo en España) es lo más potable del mediocampo, o que los tres chicos que saldrán del banquillo para intentar remontar un marcador adverso son Guido Pizarro, Matías Suárez y De Paul… Se olvida usted directamente de que también juegan Di María y Agüero y diseña sobre Leo un sistema de tres perros de presa que lo anulen. ¿O no? Carlos Queiroz, que sí es el seleccionador de Colombia, no hizo nada que no haría cualquier forofo con ciertas nociones. Y Argentina perdió 2-0. Y allá seguirán echándole la culpa a Messi por no hacer lo que sí hace en Barcelona, como si además de jugar a fútbol administrara milagros.