Humor negro y risas tras un ataque de pánico

Charo Barrios
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Juana Sánchez cuenta su vida en 'Agorafóbica perdida', una visión de la ansiedad y la agorafobia que trata de ofrecer un relato personal donde el humor vence al miedo irracional que ella sufrió

Humor negro y risas tras un ataque de pánico

En unos días en los que estamos recluidos en nuestras casas por culpa del coronavirus, quizás sea un buen momento para leer lo último de Juana Sánchez, Agorafóbica perdida, que nos acerca con un lenguaje cercano y humor negro al problema que vive una escritora desde la niñez, la ansiedad. Un tema serio al que se enfrentan muchas personas a diario y que incluso prefieren ocultar por miedo al rechazo o a la incomprensión. 
Al principio bromea al describir los síntomas y, a la vez, conocemos la personalidad de una niña repelente y creativa que resta importancia a la angustia que le generan los ataques de pánico, porque en los años 80 no se hablaba del tema en España. En un momento clave de todo ser humano, la adolescencia, descubrirá lo que significa el término fracaso. En la actualidad, nos venden que un proyecto salga mal como una experiencia positiva. Sin haber leído jamás un libro de autoayuda, Juana, decide que «eso que le hace correr como Forrest Gump» ante determinadas situaciones, no va a impedir que persiga sus sueños. Como ser escritora.
Los ataques de pánico son una excusa para conocer cómo se forja la personalidad de una narradora. El planteamiento al bromear o reírse de sus propios miedos le otorgan a la historia una frescura y empatía que provocan simpatía hacia la protagonista desde el primer párrafo. 
La evolución tanto de la enfermedad, como de la futura novelista, van de la mano. Con 20 años ya sabe cómo se llama eso que le impulsa a correr y a que el corazón lata más rápido de lo normal. La escritura se convertirá entonces en su primera terapia sin ser consciente de ello.
El cautiverio que le empuja a estar cuatro años en casa le hará desarrollar aún más su faceta creativa, y es aquí donde se observa un retrato de una sociedad no tan lejana que vivía sin móviles inteligentes e internet. 
La fotografía, la radio, la lectura y construir sus propias historias, harán de esa etapa su particular viaje que cambiará su vida para siempre. Amigos que van a casa en peregrinación a visitarla. Conversaciones sinceras en las que nadie sabe lo que le ocurre. Pero la amistad está por encima de lo desconocido. 
El sarcasmo y la ironía son inseparables amigos de Juana. Cuando recupera la libertad, vemos a través de sus ojos, cómo una mujer de 26 años contempla el mar como si fuera la primera vez y comienza a descubrir el mundo y, a la vez, el lado más oscuro del oficio del escritor. 


No es un manual de autoayuda

En ningún momento observamos ningún atisbo de manual de autoayuda. De hecho, deja claro que detesta a los vendehúmos. Agorafóbica perdida nos muestra a una tierna, dura y valiente mujer que puede ser melodramática y exagerada. Los años, la enfermedad de su padre y algunos obstáculos, le harán luchar con más ahínco contra los miedos irracionales. 
Esta historia que recuerda a esas pequeñas películas indies donde la chica no es la más guapa de la fiesta, pero sí a la que todos desean conocer, nos viene a decir que la autocompasión no sirve.  La vida no nos tiene preparada una fiesta porque lo hayamos pasado mal. Aunque otros lleven existencias sacadas de un anuncio o de una cuenta de Instagram, la realidad nos deja claro que otros, han de afrontar situaciones intensas para así sentir que se está vivo y poder contar historias.
Los artistas tienen traumas, o al menos eso es lo que pulula en el imaginario colectivo. Sánchez nos muestra sin pudor el suyo, a la vez que nos regala personajes verídicos con los que se cruza tras curarse, que parecen sacados de una película de su admirado -y paisano- Berlanga. 
En esta edición ha contado con las ilustraciones de Elisabet Ibañez, escultora y pintora. Yel diseño corre a cargo de Mabel Iborra, dibujante y diseñadora gráfica. Dos amigas. Dos mujeres que conocen muy bien su pasión por escribir y ahora saben algo más sobre aquellos años como agorafóbica perdida donde aún no formaban parte de su círculo de amistades.
Juana Sánchez es una alicantina que apostó por la imaginación desde niña como entretenimiento. Años después le sirvió como trabajo, ya fuese como redactora o escritora. Por ello, nada mejor que empezar presentándose al público.