Análisis: La triple carambola que ha salvado a Luquero

D. A.
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Vox se ha quedado a 48 votos de entrar en el Ayuntamiento, lo cual habría arrebatado un concejal al PSOE, igual que si Cs llega a sumar 65 votos más. Y si Podemos hubiera tenido 49 menos, su edil sería para Cs, que habría podido gobernar con el PP

Luquero, junto a su jefe de campaña, José Bayón, tras conocer los resultados que le dieron su apurada victoria. - Foto: Ical

Esto no va de lemas electorales ni tópicos, sino de realidades que a veces pasan desapercibidas: cada elector cuenta, apoye a quien apoye, porque el voto útil-inútil no se descubre realmente hasta después de cada cita con las urnas. Si se quiere dar por buena una expresión tan maquiavélica como esa que suele invitar a apoyar candidaturas mayoritarias para “no tirar el voto”, sólo puede hacerse tras el recuento, a posteriori, cuando la suerte de la democracia ya está echada y se comparan los resultados que han obtenido unos y otros.

Bien valen de ejemplo los resultados de las elecciones municipales de Segovia, donde la alcaldesa y candidata a la reelección con el PSOE, Clara Luquero, va a poder seguir gobernando por una diferencia de votos mínima, por menos de 50, según en qué dirección se hubiera producido ese trasvase de apoyos. Aún está por verse si termina siendo investida sin apoyo de ningún otro partido, por minoría simple; con acuerdos previos con IU y Podemos-Equo o incluso con Cs. Pero la línea que ha separado su fracaso de la Alcaldía ha sido muy fina.

La amenaza al PSOE que más cerca ha estado de materializarse es Vox. La ley electoral penaliza a los partidos minoritarios al establecer que una candidatura debe obtener como mínimo un 5% de los votos escrutados para lograr representatividad porque, de lo contrario, no entra en el juego de reparto que se aplica entre aquellas que sí han rebasado la llamada cláusula de barrera. Y la lista de Esther Núñez obtuvo un 4,82% de los escrutados, 1.290 votos en total, cuando sólo 48 más que hubieran votado Vox en lugar de PP, por ejemplo, le habrían bastado para conseguir un concejal que, una vez metidos en el reparto del sistema D’Hont, se lo habría arrebatado al PSOE, materializándose así la posibilidad de un ‘pacto a la andaluza’ entre PP (9 concejales), Cs (3) y Vox (1), que habrían superado así los doce concejales que habrían obtenido entonces PSOE (9), IU (2) y Podemos (1). De esta forma, sin embargo, los 1.290 votos de Vox han resultado inútiles a posteriori.

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Otra amenaza al PSOE que le ha pasado muy cerca es que Podemos no hubiera conseguido entrar en el Ayuntamiento por esa misma cláusula de barrera. La formación de Guillermo San Juan consiguió una representatividad del 5,17%, 17 centésimas por encima del mínimo legal que se traducen en 49 votos que, si por ejemplo hubieran sido para IU, le habrían dejado fuera del Ayuntamiento. Y estando fuera del reparto de escaños, en ese caso su concejal se lo habría llevado Ciudadanos, que con cuatro concejales habría tenido opción de sumar mayoría absoluta con la candidatura popular de Pablo Pérez. Otra cuestión es si habría pactado o no, aunque la llave del Gobierno habría sido suya.

Pero Vox se quedó fuera por 48 votos, Podemos entró por 49, y una vez ‘clasificadas’ cinco candidaturas para el juego del reparto del sistema D’Hont, otra amenaza pasó muy cerca del PSOE, ya que Ciudadanos sumó 3.503 votos y se quedó a sólo 65 de llevarse otro concejal a costa del PSOE, lo cual de nuevo habría situado a la formación naranja en disposición de pactar con el PP (4+9, frente a 12 concejales de PSOE, IU y Podemos).

¿Y por qué esas combinaciones tan retorcidas que llevan a dirimir un concejal entre propuestas electorales tan dispares? ¿Por qué un concejal del PSOE pudo terminar siendo de Vox o de Cs por un puñado de votos y no fue así? En el primer caso se debió a la citada barrera electoral, y en próximas líneas va un intento de explicar la ley D’Hont. A través de ese sistema de cálculo se pretende establecer un reparto proporcional ideado a finales del siglo XIX por un jurista belga (Victor d’Hont) y que, aparte de España, también utilizan otros países como Portugal, Austria, Finlandia, Países Bajos o Argentina.

Después de contabilizarse todos los votos y aplicarse la cláusula de barrera del 5%, a cada candidatura que ha superado ese filtro se le dividen sus votos por 1, 2, 3, 4, 5… En el caso de Segovia capital, hasta por 25, ya que ese es el número de concejales que integran su Corporación municipal, y por tanto el número de escaños a repartir.

Así, una vez obtenida esa tabla de hasta 25 cocientes por candidatura, se adjudican los escaños, de más a menos, entre los 25 más altos. En el caso de las elecciones de este domingo en Segovia capital, el vigésimo quinto cociente resultó ser el décimo más alto del PSOE, 891, y el vigésimo sexto fue el cuarto de Cs (875), que si hubiera logrado 65 votos más, habría visto elevar ese cociente hasta 892. Asimismo, si Vox hubiera pasado la barrera del 5%, su cifra de votos le habría dado de sobra para colocar su mejor cociente entre los 25 más altos, dejando fuera el décimo cociente del PSOE. Y si Podemos se hubiera quedado fuera por no alcanzar el 5% de representatividad, habría subido un puesto el que fue vigésimo sexto cociente, de Ciudadanos. Travesuras aritméticas que trazan una fina línea entre el éxito y el fracaso.