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Una vida detrás de la barra

A.M.
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Evelio Cantalejo y Carmen Gala abrieron el 'Bar Gonmar' con 23 años, de novios, y lo deben abandonar al cumplirse el contrato, siendo abuelos, tras 38 años ininterrumpidos de trabajo

Evelio Cantalejo yCarmen Gala en plena faena de recoger enseres y recuerdos en el ‘Bar Gonmar’, que han mantenido abierto durante 38 años - Foto: Rosa Blanco

Nadie como Evelio Cantalejo y su esposa Carmen Gala saben lo que supone recoger un establecimiento que abrieron, hace 38 años, siendo novios, con 23, para cerrarlo, ya de abuelos, a punto de cumplir 62 años, con dos nietos de tres y 10 meses, debido a un vencimiento del contrato. En el ambiente se respira una gran carga emocional, entre cajas y enseres, ha sido una convivencia intensa con un barrio entre las iglesias de San Millán y Santo Tomás, cercano también a la Avenida del Acueducto, cuyos vecinos se desviven estos días en despedidas y recuerdos de los momentos vividos en el ‘Bar Gonmar’. Esto frena la nostalgia, junto al impulso que les dará ahora abrir un nuevo negocio, ‘El rincón de Evelio’, en el barrio de Nueva Segovia, donde pasarán lo que les queda hasta la jubilación y tratarán de seguir adelante después de más de ocho meses de haber permanecido cerrados por la pandemia, además sin terraza. 

No ha sido posible un acuerdo con el casero, que ha terminado ganando el litigio, para haberse jubilado en el mismo lugar donde comenzaron su vida juntos, tanto en lo personal, como en lo profesional, «no se puede razonar con él, ya tuvimos problemas desde el principio,  nos pedía el doble por el alquiler, no tenemos más remedio que meternos en una nueva aventura», afirman. 

Evelio yCarmen reconocen que les resulta ‘muy duro’ desmontar lo que ha sido su escenario de trabajo, durante casi cuatro décadas, aunque tienen mucha ilusión en recuperar un nuevo bar, que ha estado cerrado dos años, confiando en que funcione por el servicio que ofrecen y la cocina que fijaba  los clientes en el ‘Gonmar’. No obstante,  reconocen que no es lo mismo asumir un nuevo reto con 23 que con cerca de 62 años: «Es otra historia, tienes ilusión pero entonces tenías menos miedo, ahora eres más maduro y vas teniendo más miedo, pero tenemos la chispa para seguir adelante»,  asegura Carmen.

Los tiempos de la Covid-19 han sido muy duros, recuerdan el confinamiento y los cierres totales: «Hemos vuelto, nuestros clientes han respondido, pero hay gente con miedo y prefiere sentarse en una terraza, servicio que no podemos ofrecer nosotros, hemos bajado un 50% la facturación, pero podíamos haber seguido porque teniamos buena clientela». 

Cuando llegaron, había clientes con 40 años que hoy son ya mayores y les saludan desde la ventana, añorando tiempos vividos.  El cariño es mutuo, desde detrás de la barra incluso los dos han actuado como psicólogos, escuchando y compartiendo buenos y malos momentos de la vida,  la evolución de sus hijos, sus estudios y el trabajo.   Del  matrimonio de hosteleros nacieron dos hijos, Sandra, periodista, que es quien les ha dado los dos nietos, y Santiago, que tiene su trabajo en México como investigador de mercado. 

La sensación que tienen en este momento, junto a fotogramas de la película de toda una vida, es que se van de un negocio dejando huella en el barrio y confiando en que  muchos clientes les subirán a ver. A ellos también les has dejado el recuerdo de haber vivido muchos momentos con los hosteleros. «También es muy bonito, dentro de todo», sostiene Carmen Gala. 

 ‘El Rincón de Evelio’, en la calle Vicente Aleixandre, 3 , no será ni un restaurante ni un bar de vanguardia, sino lo que el matrimonio formado por Evelio y Mari Carmen sabe hacer. La experiencia les ha demostrado que su oreja rebozada, sus criadillas, su tortilla de patata y sus croquetas son lo que el público quiere.  En esta ocasión, contará  con una buena terraza. Como ocurría con el anterior negocio,  busca convertirse en el rincón de cada uno de sus clientes.

RECUERDOS. Sandra Cantalejo Gala y su hermano crecieron entre las paredes del ‘Bar Gonmar’, donde descubrieron «lo que era el esfuerzo de unos padres comprometidos con su familia, con sus hijos y con su negocio; siempre será nuestra casa y será sinónimo de buenos recuerdos», asegura la periodista.

Cantalejo añade que «allí nuestra madre nos preparaba la comida cada día, muchos de nuestros amigos recuerdan nuestra zona VIP; íbamos después de clase para contarle a mi padre qué tal nos había ido el examen de Matemáticas o el de Ciencias. Allí comenzamos a meternos tras la barra a poner cañas y cafés, a descubrir lo que era trabajar, y así nuestros padres podían descansar un poco. Allí estaban los vecinos que nos han visto crecer, los mismos vecinos que vieron como una pareja de novios de apenas 23 años levantaba un negocio que se ha convertido para muchos en su casa, en su refugio».

Agradeciendo las muestras de cariño, Sandra Cantalejo subraya que «esta familia ha derramado muchas lágrimas pero estoy segura de que los cambios son siempre a mejor».