La 'Casa del Callista' vale un millón de euros

Nacho Sáez
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Sus propietarios ponen a la venta este emblemático inmueble de la calle El Roble que ha pertenecido a la misma familia a lo largo de cinco generaciones. Durante años acogió la consulta del podólogo Luis de Andrés Soler.

Fachada de la conocida como 'Casa del Callista'. - Foto: Rosa Blanco

H ay edificios en Segovia que invitan a hacer preguntas. ¿Vivirá alguien ahí? ¿Cómo será por dentro? ¿A quién pertenece? ¿Cuál ha sido su historia? La ‘Casa del Callista’ estimula esa curiosidad en la calle El Roble, donde fue construida allá por el siglo XVI y donde ahora aguarda comprador. Su arquitectura sobresale respecto a las del resto de inmuebles de esta vía del barrio de Santa Eulalia. Conserva buena parte de sus antiguas estructuras con ladrillo visto, y goza de un espacio impensable en el centro de Segovia en esta era de los grandes bloques de viviendas, levantados uno al lado del otro sin margen para la respiración. Desde hace poco tiempo también cuelga de una de las ventanas de su fachada principal un cartel de ‘se vende’ que anuncia el final de un legado que alcanza a cinco generaciones de una misma familia.
Luis de Andrés Rubio es el segundo de trece hermanos que han tenido que tomar la difícil decisión, junto a su primo, José Antonio Fuentenebro, de poner a la venta la casa. «No nos queda otro remedio porque es un edificio singular y no se puede dividir», explica mientras guía a El Día de Segovia en un recorrido por sus dependencias, llenas de recuerdos. Se cree que en sus orígenes pudo ser una fábrica de sombreros y de derivados de la lana, pues contaba con servidumbre hasta el río Eresma y alcantarillado propio. Ya en el siglo XIX pasó a manos de la familia que hoy todavía es propietaria.
La adquirió el tatarabuelo, Félix López Nieto, jefe de los alguaciles de Segovia y más tarde coordinador de todos los servicios del Ayuntamiento, según aparece indicado en la ‘Historia de la Policía Local de Segovia (1899-1999) que escribió Francisco Javier Mosácula. López Nieto, «apreciado servidor público», utilizó la casa como vivienda antes de dejársela en herencia a una de sus hijas. La Guerra Civil obligó a buscar nuevos modos de subsistir y, en este inmueble, construyeron habitaciones para que vivieran al mismo tiempo varias familias. «Una dormía aquí; ahí otra; en esa parte que después quedó como garaje, otra...», desvela Luis de Andrés Rubio, al tiempo que señala diferentes estancias.

Miguel de Andrés Rubio muestra el desván.
Miguel de Andrés Rubio muestra el desván. - Foto: Rosa Blanco
Él y sus doce hermanos (cinco chicos y siete chicas) crecieron en este inmueble, que en la segunda mitad del siglo XX añadió una nueva peculiaridad. Su padre, Luis de Andrés Soler, habilitó una parte como consulta de podología. Todavía hay testimonio de ella gracias al cartel que continúa anclado en uno de los balcones. «Luis de Andrés Soler. Podólogo. Consulta de cuatro a seis», reza en él. En el interior de la casa también se mantiene casi intacta la sala en la que recibía a sus pacientes. «Todo esto se llenaba e incluso la gente esperaba en las escaleras», recuerda su hijo.
Andrés Soler era el ayudante de los cirujanos de Segovia pero antes también había trabajado como practicante y se había sacado la oposición de cartero. Además, ejerció como abogado, como maestro, realizaba tallas de madera, pintaba... «Era un genio y un gran amante del coleccionismo», destaca el segundo de sus hijos mientras muestra algunas de las decenas de piezas y muebles que adquirió y que aún conservan. 
Falleció el 15 de abril de 2015 a los 94 años de edad, pero hasta los 92 siguieron pasando pacientes por su consulta. Con el oficio de podólogo no continuaron ninguno de sus hijos, entre los que figuran abogados, militares, médicos, maestros y enfermeras que poco a poco fueron abandonando esta emblemática casa. En la actualidad ya no vive nadie, a la espera de que un comprador la adquiera y elija el fin al que la destina. «No tenemos premura por venderla porque no la queremos regalar», dice Luis de Andrés Rubio, que ve posibilidades al inmueble como hotel, aunque la fachada tendría que ser respetada de forma casi íntegra debido a esa calificación como edificio singular que ostenta.
Fotografía antigua del inmueble.
Fotografía antigua del inmueble. - Foto: DS
Está valorado en un millón de euros  y ocupa una superficie que supera los 600 metros cuadrados. En su día fue más porque abarcaba hasta la confluencia con la calle Los Coches. Una parcela en la que la familia plantaba lilos y parras, entre otras especies. La historia de la ‘Casa del Callista’ está llena de anécdotas que ahora que se acerca su final (al menos en manos de los descendientes de la familia De Andrés Soler) recuerdan con inmensa emoción quienes las han vivido. Se cierra una etapa.