TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La forma y el fondo

11/01/2020

Es imposible negar que el formato (de forma) es apasionante, que un sistema de playoff añade un componente emocional que supera en muchos enteros al tradicional de ida y vuelta. Y es imposible negar que el trasfondo (de fondo) del torneo es surrealista y casi ridículo: una Supercopa de España que no se juega en España y que la disputarán dos equipos que ni ganaron la Liga ni la Copa.

Fondo: se lleva a un país dictatorial, a 4.500 kilómetros (6.700 por carretera) de Madrid, con un estadio desangelado en la primera semifinal, se añaden dos equipos al habitual tándem de campeones (Barça y Valencia): uno por haber sido segundo en Liga (Atlético) y otro porque sí (porque era el Real Madrid, pues si el otro billete salía de la Copa, el Betis hizo mejor semifinal… ¿O creen que habría ido el tercero en la Liga de no haber sido el conjunto blanco?). Es un torneo mal parido, mal gestionado, mal promocionado, mal organizado (decenas de taxis y autobuses perdidos), nefasto para los socios de los clubes involucrados, desigual en el reparto económico… y ha privado a quienes sí hicieron méritos el pasado ejercicio, los campeones -los que luchaban por el primer título de la temporada-, de levantar un trofeo. Que inviten siempre a los guapos, aunque se hayan tomado a broma la anterior temporada, y que lo llamen Emirates Cup o Rubiales Trophy (como en Inglaterra con la FA, la Charity, la Carabao, etcétera), pero no Supercopa de España.

Forma: el fútbol necesita pequeñas gamberradas como ésta. El antiguo formato olía a cerrado y el nuevo no sólo tiene más mercado y promoción de nuestro fútbol, sino que es infinitamente más atractivo. ¿Imaginan este mismo formato en una ciudad española? Antes de criticar, conviene pensar. Muchas veces, la evolución implica una revolución.