Herrera, fin de ciclo

Santiago González
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Juan Vicente Herrera habla con Alfonso Fernández Mañueco. - Foto: Ical

El presidente de la Junta deja su cargo con un legado que recoge notables logros en política social, servicios públicos y un Diálogo Social consolidado

Llegó casi sin querer y se marcha después de lo que le hubiera gustado. Juan Vicente Herrera accedió a la presidencia de la Junta hace 18 años y casi cuatro meses. El burgalés era portavoz del PP en las Cortes cuando recibió la llamada de Juan José Lucas, que por fin había conseguido su ansiado ministerio en Madrid, para comunicarle que Aznar y él habían pensado que era la persona idónea para ponerse al frente del Gobierno autonómico.
El martes abandonará el Colegio de la Asunción, tras el debate que investirá a Fernández Mañueco como su sucesor. En esta amplia etapa, de la que Herrera ya quiso salir hace cuatro años, el presidente burgalés ha dejado su huella en una apuesta personal casi desde el principio por las políticas sociales, la mejora de los servicios públicos, el Diálogo Social y una reforma estatutaria que amplió el autogobierno de la Comunidad.
El legado de su amplia trayectoria podría resumirse en lo que él mismo llama ‘autonomismo útil’, que consiste en aprovechar las competencias para llevar a cabo políticas que redunden directamente en los ciudadanos y mejoren su calidad de vida.
Herrera se convirtió en presidente en un momento trascendental para Castilla y León, ya que en su primer año de mandato la Junta asumió las competencias en materia de sanidad y educación.
A lo largo de numerosas intervenciones y debates ha defendido siempre que «las políticas sociales no son patrimonio de la izquierda», por lo que el dirigente del PP ha hecho bandera de su gestión de los servicios públicos esenciales: sanidad, educación y servicios sociales. A pesar de que muchas veces ha recibido críticas de la oposición, su labor ha sido respaldada por las evaluaciones externas, especialmente en las dos últimas áreas.
El informe PISA sitúa a Castilla y León a la cabeza de la educación mundial y con estudiantes que sacan en conocimientos más de un curso a otros del mismo nivel de otras autonomías. Casi lo mismo pasa con los directores de centros de servicios sociales que puntúan con un sobresaliente la atención a la dependencia que se presta en la Comunidad, que además fue pionera en el año 2003 de la creación de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, una apuesta personal de Herrera que ocupó en primer lugar la zamorana Rosa Valdeón.
En el terreno sanitario no ha ido tan bien. A pesar de que la valoración de los pacientes no es mala, las protestas de las mareas blancas por las listas de espera y la falta de médicos en Atención Primaria, especialmente en la sanidad rural, han emborronado en esta última legislatura un servicio público que se ha resentido demasiado por la falta de recursos tras la llegada de la crisis economica. No obstante, Herrera defiende la existencia de cientos de consultorios locales en el medio rural como fórmula para una mayor accesibilidad de los ciudadanos a un servicio tan básico como el sanitario.
Dentro de ese ‘autonomismo útil’ enmarca también el presidente de la Junta el proceso de concertación entre sindicatos y empresarios promovido por el Gobierno autonómico, algo pionero en España y que ha sido trasladado incluso a Europa e Hispanoamérica.
El proceso de Diálogo Social se inició casi nada más llegar al Colegio de la Asunción, que se ha consolidado con la aprobación de una ley del funcionamiento del Consejo para el Diálogo Social, que hasta ahora ha sacado adelante más de un centenar de acuerdos que van más allá del ámbito laboral e inciden en los servicios públicos y política de vivienda. Uno de los aspectos más sociales e importantes acordados por patronal, sindicatos y Junta es la red de protección a familias y personas en situación de vulnerabilidad, un instrumento creado para los afectados por la crisis y que ahora se ha convertido en derecho. En esta red se incluye la renta garantizada de ciudadanía.
Lo que queda pendiente

Pero no todo han sido éxitos en estos 18 años y Herrera dará el relevo a su sucesor con una Comunidad que se desangra y que actualmente tiene 70.000 habitantes empadronados menos que cuando llegó en el año 2001. Aunque es cierto que el padrón creció en los primeros años hasta alcanzar 2.563.521 habitantes en 2009, la crisis provocó una pérdida de población que no se ha detenido y Castilla y León ya está por debajo de los 2,5 millones.
Trabajó en ello desde su llegada y en 2003 se creó una comisión parlamentaria para afrontar el reto demográfico, en la que también participo el PSOE, y que aprobó una estrategia. Sin embargo, los resultados no han sido buenos.
Eso sí, Herrera fue el primero en defender un dictamen contra la despoblación en el comité de las regiones de la UE y Castilla y León impulsó su inclusión en la agenda política estatal y europea.
La ordenación territorial ha sido otro de los fracasos del presidente. Más de una década peleando contra la oposición y también contra sus propios alcaldes del PP no han sido suficiente para sacar adelante un nuevo modelo territorial. Aunque se ha avanzado mucho tras la aprobación de la ley de gobierno y servicios en el territorio, el rechazo del PSOE a los mapas rurales ha dejado este importante proyecto de Comunidad sin concluir.
El martes llegará la hora del adiós y Herrera se marchará como llegó, en silencio.