CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El PSOE no existe

El PSOE que protagonizó los cuarenta años más estables de la historia de España, no existe. El PSOE de los dirigentes que junto a otros partidos apostaron por una España democrática tras décadas de dictadura, no existe. El PSOE que gobernó España con sentido de Estado y promovió reformas sociales que cambiaron el país, no existe. Como tampoco existe el PSOE que impuso la conciliación para superar las brechas provocadas por una cruenta guerra civil. También ha quedado atrás el PSOE que renunció a una de sus señas de identidad, el marxismo, con gran convulsión interna y sobre todo inmenso dolor. Pero Felipe González consiguió finalmente que sus compañeros asumieran finalmente que abandonar el marxismo era lo mejor para España.

Ese PSOE grande que contribuyó a que España fuera grande, lo ha laminado Pedro Sánchez. El pecado de quienes han formado parte de aquel PSOE, el que ya no existe, fue no advertir que Sánchez era un personaje temible, venal y sin criterio; segundo, confiaron tanto en que Susana Díaz le ganaría de calle las primarias, que apenas se molestaron en hacer campaña para parar los pies a quien habían expulsado de la secretaría general del partido meses antes.

El PSOE se ha convertido en el Partido Sanchista. Ni socialista, ni obrero ni español. La ideología va cambiando en función de lo que le interesa a Sánchez en cada momento, los obreros son minoría frente a una clase de profesionales que solo piensan en consolidar su estatus, y lo de español … mejor ni mencionarlo. Con su ambición ilimitada Sánchez ha desprestigiado las instituciones y no respeta la Constitución. Para mantenerse en el poder se alía con quienes pretenden echarla abajo, presiona a la Justicia a través de la Abogacía General del Estado, y la fiscal General del Estado ha recibido ya aviso de que Sánchez pretende relevarla porque se negó a cambiar de criterio respecto a los dirigentes independentistas y su situación judicial.

Al ganar las primarias, conformó una ejecutiva en la que solo se encuentran incondicionales, al igual que en el Federal, donde los únicos no sanchistas son los que forman parte de ese Comité como cargos electos. De esa manera el partido no tiene en su mano expulsar a un secretario general que miente, engaña, se alía con los enemigos de España, castiga a los gobiernos autonómicos no afines y no duda en pactar con aquellos de los que dijo que jamás pactaría.

A pesar de que apenas tienen capacidad de maniobra, se echa de menos que los pocos socialistas del PSOE que quedan en el federal, los electos, estén quietos mientras ven cómo su partido, y España, va abocada al desastre. Los gritos de protesta, y las manifestaciones masivas, consiguen que cambien las cosas. Un dirigente del PSOE de verdad, por mucho que el sanchismo pudiera destrozarlo, ya habría encontrado la manera de defender a su país de un enloquecido francotirador.