Victoria Lafora


Torra o Torrent, a lo suyo

Ni siquiera la comunicación, a cuentagotas y por parte de la Secretaría de Estado, de los nombres de los ministros ha servido para distraer la atención del "conflicto" catalán. Ni siquiera las primeras escaramuzas entre los socios de Gobierno, Sánchez e Iglesias, que ha llevado al presidente (único con cargo en el BOE) a rodear al virtual vicepresidente de mujeres con más poder que él, hace perder a Torra protagonismo.

Conscientes de que deben hacerse perdonar, frente a JxCat, la "debilidad" de haberse abstenido en la investidura, los dirigentes de Esquerra apoyan sin fisuras el mantenimiento en su cargo del president Torra, no vaya a ser que les convoque elecciones pasado mañana.

Y Torra se deja querer, denunciando a diestro y siniestro, siguiendo en su papel de víctima de la opresión del Estado español, verdugo de las aspiraciones del pueblo catalán. No solo se niega a ser inhabilitado como president, además no acepta dejar el acta de diputado, complicando al jefe del legislativo catalán, Roger Torrent, de ERC, quien se ve obligado a enfrentarse a la Junta Electoral y al propio Tribunal Supremo.

Con Sánchez en La Moncloa y a la espera de que los electores catalanes, hartos de la inactividad o incapacidad de gestión de Torra, que sólo se dedica al activismo del procés, les den el poder para formar un tripartito con el PSC y los Comunes, ERC sube el tono y estrecha lazos con Puigdemont y los suyos.

La defensa a ultranza, poniendo incluso al presidente del Parlament en el filo del desacato, no deja de ser una maniobra para ganar tiempo. Torrent ha dicho en tono retador que la JEC no es quién para quitar a nadie el acta de diputado y que Torra va a seguir ocupando su escaño y votando. Para ello, los servicios jurídicos de la cámara catalana preparan un recurso ante el Supremo. Ese órgano judicial al que descalifican de forma permanente pero al que acuden cuando otra instancia jurídica no cumple sus intereses.

Mientras, Junqueras sigue en Lledoners, ha perdido su condición de eurodiputado (situación ésta que sólo ha provocado alguna repulsa de boquilla de Puigdemont y Comín que se pasean ufanos por Bruselas con sus credenciales colgadas al cuello) y se niega a que la Generalitat fuerce un permiso para acudir a Estrasburgo.

Sánchez ha reforzado el área económica de su gabinete para demostrar que el control del gasto público dependerá del PSOE y sólo de ellos, desdibujando la vicepresidencia de Iglesias. Pero el problema, el verdadero riesgo de esta legislatura está en Cataluña y será difícil desjudicializar el "conflicto" si los independentistas insisten en rozar la legalidad vigente.