A CONTRAPELO

Benjamín López

Periodista


Felipe vota al PSOE

Hace unos días, Felipe González aprovechó la presencia de los periodistas en un acto para afirmar que va a votar al PSOE el 28 de abril. Nadie le había preguntado eso, pero él lo dijo, lo coló de forma intencionada. Que el expresidente del Gobierno tenga que aclarar que va a votar a su partido nos da una idea de cómo está el PSOE de Sánchez. En teoría, es de perogrullo que el líder del PSOE durante más de una década y referente socialista aún en nuestros días asegure que apoyará a su partido. Nadie concebiría que Florentino Pérez tuviera que confirmar en público su madridismo ni que el Papa Francisco se viera obligado a despejar dudas sobre su fe en Jesucristo. Felipe González sí ha tenido que salir a confesar que respaldará a Sánchez.
En teoría, le está haciendo un favor, pero, en realidad, no hace sino más que mostrar cierta desconfianza hacia el actual Partido Socialista. Si le dices a tu mujer, sin que te lo pregunte, que no le has sido infiel estás admitiendo de manera implícita que, por lo menos, hay motivos para que piense que quizás has tenido un devaneo.
Y es que, la cuestión es precisamente esa, la desconfianza, la desafección que provoca Sánchez en muchos socialistas. Es lógico. Si hace no mucho sus propios compañeros le sacaron a gorrazos de la secretaría general por intentar pactar con los separatistas, es fácil imaginar qué pensarán ahora que ya ha pactado con ellos y con los proetarras de Bildu. 
Nadie sensato apostaría mucho a que gente como Alfonso Guerra, Joaquín Leguina o Rodríguez Ibarra, por decir tres, van a dar su voto a Sánchez. Y como ellos, muchos socialistas anónimos de toda la vida que no pueden comulgar con las ruedas de molino que les pone el doctor encima de la mesa ni soportan la idea de que gente como el terrorista Otegi o el golpista Puigdemont puedan ser los futuros socios sobre los que descanse la gobernabilidad de España.