LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Redoble de dolores

Los dolores se redoblan este viernes, para aquellos creyentes que se disponen a celebrar con recogimiento la Semana Santa, para quienes se esconderán en el lugar más recóndito y sin móvil, tratando de desconectar a pie de playa, y para el resto de ciudadanos que, entre procesiones, también desde su lado estético, tratarán de combinar su trabajo normal con los días festivos pero, ¡ay¡, también entre el fulgor de la campaña electoral que empieza oficialmente. Lo de ahora es juego de niños, para la que se nos avecina, porque la pelea será de machete en los dientes.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha logrado la aprobación de los decretos de los viernes con alto contenido social, es un gesto que reciben los ciudadanos de forma extraordinaria, aunque quizá se retraten menos en las urnas porque no deja de haber detrás una posición un tanto electoralista. 
Las elecciones las ganará quien movilice más al electorado el domingo 28 de abril, lo que tiene más difícil la izquierda que la derecha, aunque puede que la fragmentación de los conservadores sea perjudicial, pero puede también que quien acuda a las urnas termine optando por la utilidad de su voto y se concentra en PSOE o PP, lo que perjudicará a Ciudadanos y a Podemos. 
Pedro Sánchez, que surgió como el Ave Fénix, ha sabido ir colocando sus piezas sobre el tablero y dominar una partida que parecía imposible cuando nadie daba un euro por él, eso sí, como otras formaciones, ha elaborado las listas en tono de partido, para consolidarse en el poder interno, abandonando perfiles más válidos pero que discreparon de su actuación con el «no es no». 
A los populares les persigue la nube de la Policía patriótica, aunque a saber que surgirá de esos comisarios encausados que han subsistido bajo tierra, en las cloacas. No obstante, en estos primeros días, junto con Ciudadanos, anunciando que su objetivo es «echar a Sánchez de La Moncloa» se puede producir un efecto boomerang. Siempre hay posibilidad de cambiar y, por cierto, dejar de centrar todo en el mismo territorio. 
Esta precampaña ha provocado cansancio de acusar a Sánchez de pactar con los independentistas o querer indultar a quienes están siendo juzgados por el procés, donde están quedando muchas cosas claras que, por otra parte nadie había dudado y menos quien ha tenido que sufrir la marginación, incluso el insulto, cuando no la agresión, por no pensar en clave separatista. El nacionalismo debería leerse todo lo que está ocurriendo en torno al Brexit, aunque la historia no haya acabado. 
Los ciudadanos quieren propuestas realistas, mejoras en los servicios públicos, escuchar hablar de pensiones o de medidas de empleo pero, sin demagogia. Lo que terminan logrando las campañas es quitar las ganas de acudir a las urnas después de escuchar insultos, verdades a medias o, directamente, falsas, y peleas dialécticas. Todo para que se pueda dar la situación de que haya que repetir comicios porque es imposible un pacto para gobernar, aunque si el PSOE y Ciudadanos alcanzaran la mayoría, quizá sería la fórmula idónea para dar cierta estabilidad a la nave, no al Titanic.