El bueno del doctor Bermejo

Sergio Arribas
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El ginecólogo Ignacio Bermejo es reconocido como Ome Bueno e Leal por el concejo de aguederas de Zamarramala

El doctor Ignacio Bermejo sostiene a su primer nieto, Daniel, que nació hace un mes. - Foto: Rosa Blanco

El nombramiento no pilló de sorpresa a su madre Rosario —‘Charo’ como todos la conocen—. A sus 90 años soltó, con sonrisa de satisfacción: «si es que desde que nació era hombre bueno y leal». Habla de su hijo Nacho. Fuera del círculo familiar, y de sus amigos, Nacho es el doctor Ignacio Bermejo, especialista en Obstetricia y Ginecología en el Hospital General y titular de la clínica en la avenida del Acueducto donde pasa consulta, desde hace 14 años. Lo hace junto a un equipo de profesionales en el que se integra su mujer, la matrona Carmela Anabitarte, exultante por la distinción que el concejo de aguederas de Zamarramala ha otorgado a su marido. El 9 de febrero será nombrado ‘Ome bueno e leal’, en el transcurso de una fiesta, declarada de Interés Turístico Nacional, que pregonará la ilustradora Mónica Carretero y que tendrá a la periodista Nieves Herrero como ‘Matahombres de oro’.

Bermejo se unirá a una nómina de «hombres buenos» que arrancó en 1976 con Jaime Alpens y que ha distinguido, entre otros, a Cándido López, Narciso Ibáñez Serrador, José María Aznar, Enrique Tierno Galván, Antonio Gala, el Nuevo Mester o Pedro Delgado. «El agradecimiento no es a mi persona, es a todo un equipo», aclara el ginecólogo, que interpreta el reconocimiento en la gratitud de decenas de segovianas, a quienes ayudó para traer al mundo a sus hijos. No acierta a calcular cuantas mujeres han sido pacientes de su consulta —son «infinidad», admite— desde que comenzara a ejercer la especialidad.

Segoviano, del barrio de San Millán, Ignacio Bermejo estudió en ‘La Aneja’ y después en el IES Andrés Laguna, antes de marchar a Madrid, con apenas 18 años, a estudiar la carrera de Medicina a la UAM.Ejerció como médico interno residente (MIR) en la Maternidad de Santa Cristina, frente al Gregorio Marañón. En la mítica clínica madrileña, hoy desaparecida, hizo la especialidad, momento el que conoció a la que hoy es su esposa.

Él continuó en aquella maternidad pasando consulta, mientras Carmela, tras un periplo por varios hospitales de Madrid, pudo obtener plaza en Santa Cristina y trabajar junto a su marido. En 2005, se cerró aquella maternidad y les trasladaron al Gregorio Marañón. «Eran 25.000 partos al año, muy grande, la relación con el paciente era ya muy distinta...», recuerda Bermejo, que compatibilizaba esta tarea con la consulta privada que abrió al poco tiempo de aterrizar en la capital de España.

En 2005, con 44 años y media vida en Madrid, logró una plaza como especialista en el Complejo Hospitalario de Segovia. No era una decisión fácil. Estuvo tres años «yendo y viniendo», entre Madrid y Segovia hasta que, una vez que su hija Elisa comenzó sus estudios de Veterinaria y se quedó a vivir en un Colegio Mayor, el matrimonio y su hijo pequeño, Ignacio, se trasladaron a vivir definitivamente a la ciudad del Acueducto.

Antes de esta mudanza, apenas un año después de comenzar a trabajar en el Hospital General, el doctor Bermejo abrió la clínica en la avenida del Acueducto, entonces de Fernández Ladreda, siempre acompañado de Carmela, que también ha sido nombrada como «aguedera honoraria y perpetua» en Zamarramala. «Está muy agradecida ¡Una aguedera vasca!», afirma el doctor que comenta cómo «cuando nos ven a los dos se piensan que el vasco soy yo, por mi tocha [se toca la nariz] y que la segoviana es ella, porque está enamorada de esta tierra y no se pierde ninguna fiesta popular, excursión o charla sobre Segovia».

incursión en la política. A Ignacio Bermejo no le importa hablar de su ‘faceta política’, pues llegó a formar parte de la directiva de Ciudadanos (Cs) en Segovia e integrar sus listas, la municipal, aunque hoy es «un simple afiliado». «La esperanza nunca la pierdo, aunque creo que hemos perdido un puntal importante [Albert Rivera] y no estamos en la línea que estuvimos inicialmente. Si las cosas no cambian, me daré de baja en el partido».

Bermejo no acierta a elegir alguna anécdota sobre las muestras de agradecimiento recibidas a lo largo de su trayectoria profesional. «Eso sí, muchas pacientes han llamado Nacho a sus hijos», bromea el doctor, que admite que si bien un embarazo y parto con éxito supone una gran satisfacción cuando «las cosas se complican y una mujer pierde su bebé es algo muy duro para ella, la familia y el ginecólogo. Yo lo paso bastante mal».

En su vida personal, Bermejo anda «loco de alegría» con su primer nieto, Daniel, que nació hace apenas un mes. Cuando sostiene al bebé, al doctor Bermejo le cambia la cara y despliega una sonrisa mayúscula. «Es de mi hija Elisa, que este año cumplirá 30 años», precisa el doctor, que, por otra parte, comenta la sintonía especial que mantiene con su hijo Nacho, de 27 años y con estudios en criminología, con quien suele ir al cine a ver películas bélicas «que son mi debilidad».

También es amante de la playa y  muchos fines de semana se escapa con su mujer a Santander y a zonas cercanas, «y siempre que podemos, nos acompaña mi madre Charo»; quien ya sabía que, desde pequeño, era «hombre bueno y leal». El 9 de febrero no habrá escapada. Ese domingo la cita del «bueno» del doctor Bermejo está en Zamarramala.