COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Tormenta en el oasis vasco

El lehendakari Ïñigo Urkullu acaba de desatar una tormenta en el oasis vasco al consultar a los consejeros de su gobierno de coalición PNV-PSE la posibilidad de adelantar las elecciones autonómicas. Al fondo de su decisión está el hecho de que también Cataluña celebrará elecciones en un plazo de seis meses, aproximadamente, y de que su intención es la de separar ambos procesos lo más posibles, para no contaminarse y para mantener la identidad de cada uno de ellos.

De acabarse la legislatura, las elecciones autonómicas tendrían que celebrarse a finales de octubre, con lo que la anticipación en medio año, también aproximadamente, e la llamada a las urnas podría considerarse como poner fin a un periodo legislativo que está agotado en sus grandes líneas por cuanto se han aprobado los presupuestos para el presente año, y el gobierno entrante solo tendría que ponerse a trabajar.

La definición de oasis, solía aplicarse a la situación de Cataluña cuando Jordi Pujol estaba al frente del Principado y dejó de serlo con la deriva independentistas emprendida por sus herederos políticos. El lehendakari Urkullu y su partido el PNV, pese a que aún quedan muchos asuntos pendientes que resolver, sobre todo relacionados con las consecuencias del fin de los años de plomo sin margen para la ambigüedad, ha mantenido la estabilidad del gobierno, con la economía en los niveles más altos, y sin renunciar a sus deseos identitarios que se concretan en la renovación del Estatuto de Gernika dentro de los parámetros constitucionales y de la legalidad resistiendo las presiones de EH Bildu que le insta a sumarse al maremágnun creado por los independentistas catalanes para abrir una nueva vía de agua al Gobierno y al Estado.

La gestión realizada por el Gobierno Vasco favorece los intereses electorales de los dos socios. Entre ambos sumaron el 52 por ciento de los votos en las pasadas elecciones generales y los socialistas le dieron el sorpasso a EH Bildu para colocarse como segunda fuerza política y ganar cien mil votos con respecto a las elecciones autonómicas de 2016. Pero no hay que olvidar que los comportamientos de los ciudadanos en unas elecciones y en otras registran evidentes diferencias.

Una convocatoria electoral en el País Vasco a corto plazo obligaría a PP y Ciudadanos a moverse con mayor rapidez en el nuevo proyecto apuntado por ambos partidos para comparecer unidos ante las urnas allí donde los nacionalistas/independentistas pueden lograr sus mejores resultados. Sus resultados en las últimas generales fueron peores que los obtenidos en 2016, sobre todo por la caída de Ciudadanos. Las sinergias entre ambos partidos pueden mejorar esos resultados. Sin embargo el PP debe despejar todas sus dudas acerca de quien será su candidato, por ahora Alfonso Alonso, a quien algunos líderes nacionales quieren mover la silla.

Para mejorar sus expectativas electorales la fracción peneuvista del Gobierno Vasco ha iniciado una nueva ronda de contactos con el Gobierno central para impulsar la concreción de un nuevo paquete de competencias de las que están pendientes de transferir del Estatuto de Gernika. Que no cunda el pánico, las prisiones no figuran entre ellas, y por supuesto la transferencia de las pensiones es un desideratum de imposible cumplimiento.