Trágico bautismo en el Pontón Alto

Sergio Arribas/D.M.
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La última víctima por ahogamiento en el Pontón, un adolescente de 15 años, hallado bajo las aguas con calzado y ropa, integraba una excursión de un movimiento religioso que elegía el pantano para sus rituales

Algunos miembros de la congregación evangélica, en el Pontón, en 2018 - Foto: D.S.

El vídeo fue colgado en la red social facebook a las 14:54 horas del sábado, apenas dos horas antes de la tragedia. Es el embalse del Pontón Alto, en términos municipales del Real Sitio y Palazuelos. Decenas de feligreses del Movimiento Misionero Mundial, celebran ‘el día de las aguas’, esto es, el ‘Bautismo de la ‘zona 8’, todo un acontecimiento para este iglesia evangelista. Son doce minutos de grabación que muestran el ritual. Dos hombres, con corbata, vestidos con camisas azul y blanca, se encuentran en las aguas del embalse, a unos cuatro metros de la orilla, donde el agua les llega un poco más arriba de la cintura. Al fondo, en la otra orilla, ajenos a la ceremonia, se pueden ver a otros excursionistas y bañistas. Uno de ellos ha nadado para observar más de cerca la escena. Miembros de esta iglesia, de todas las edades, desde ancianas y adolescentes, todos vestidos de blanco, entran, uno por uno, a las aguas de la presa, al encuentro de los dos hombres. Uno vocifera una especie de oración. «Muere para el mundo y vive para Cristo», dice. El bautizado, cogido de ambos brazos, se tapa la nariz, mientras los dos hombres le inclinan hacia atrás para sumergirle en el agua al completo. Son solo unos segundos, tras los que, en la orilla, se suceden los cánticos del grupo con pandereta y frases como «gloria a Dios» o «Jesucristo vive».

Ninguno de los presentes podía imaginar que, dos horas después de la ceremonia, las mismas aguas ‘purificadoras’ se iban a cobrar la vida de uno de sus jóvenes feligreses, un adolescente de 15 años, cuya identidad no ha trascendido, de padres ecuatorianos, desplazado desde Madrid. El cuerpo sin vida del joven fue encontrado, tras una intensa búsqueda de casi cuatro horas, sumergido a cuatro metros de profundidad, en la zona conocida como ‘el trampolín’. Al parecer, estaba «calzado y con ropa», según han desvelado a El Día de Segovia fuentes conocedoras del caso.

El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 6 de Segovia abrió diligencias previas para investigar la muerte del menor. El Juzgado acordó el levantamiento del cadadáver y la correspondiente autopsia. La instrucción sigue abierta.

Uno de los bautismos realizados en el pantano el sábado.Uno de los bautismos realizados en el pantano el sábado. - Foto: D.S.

A la espera de las conclusiones de la investigación judicial, no se conocen las causas concretas que provocaron la tragedia. Tan solo puede trazarse una versión de los hechos a la luz de lo que comentaron algunos testigos a los periodistas desplazados al lugar, que tuvieron que combatir contra el hermetismo de la Guardia Civil.

El sábado hacía un calor sofocante en el embalse del Pontón Alto, hasta donde se había desplazado esta numerosa excursión religiosa. Lo que ha trascendido es tan solo la hipótesis del infortunio. Según esta versión, aunque el adolescente, de 15 años, apenas sabía nadar, decidió refrescarse y darse un baño, quizá animado por los juegos en el agua del que disfrutaban sus compañeros y tras comprobar que a la orilla de la zona de rocas conocida como ‘el trampolín’, apenas cubría un metro y podía hacer pie sin problemas.

Tanta era la despreocupada diversión de los bañistas que cuando algunos de sus compañeros le vieron hacer aspavientos en el agua interpretaron los gestos como una broma. Sin embargo, a los diez minutos, siempre según esta versión, se percataron de que su amigo había desaparecido y, de inmediato —a las 16:57 horas— llamaron al centro de emergencias 112 alertando del suceso. 

En los alrededores del Pontón, celebran sus oficios religiososEn los alrededores del Pontón, celebran sus oficios religiosos - Foto: D.S.

Abrupto desnivel. El adolescente pudo caer en la trampa del Pontón. A la espera de lo que dictamine la investigación judicial, el joven podría haberse adentrarse unos metros en las aguas oscuras del embalse —imposible ver el fondo enfangado— y dejó de hacer pie, en un punto de abrupto desnivel, de cuatro metros de profundidad, donde cuatro horas después encontrarían su cuerpo sin vida los bomberos de Segovia y los buzos de la Guardia Civil. 

La existencia de corrientes potentes y rocas en el fondo que no se aprecian desde la superficie son los factores principales que determinan la peligrosidad del embalse del Pontón, una presa no autorizada como zona de baño, si bien no existe una prohibición expresa para este uso. La Junta lo desaconseja y de hecho, desde hace ocho años, a través de su sección de Protección Civil, realiza una campaña para alertar del peligro que entraña el baño en esta zona.

El cartel que alerta de que las aguas del embalse «·son muy peligrosas» no disuade a los bañistas; tampoco a las oleadas de feligreses del Movimiento Misionero Mundial, que el año pasado también celebraron el rito del bautismo en sus aguas, como lo acreditan varias fotografías ‘colgadas’ en su web.

Cartel que anuncia la peligrosidad para el año de las aguas del Pontón.Cartel que anuncia la peligrosidad para el año de las aguas del Pontón. - Foto: Rosa Blanco

Laura, asidua paseante a oriallas del embalse, confirma la presencia anual de los miembros de esta iglesia, que son en su mayoría de origen sudamericano. «Vienen casi de acampada y toman toda esa zona», dice Laura, señalando la orilla más próxima a un pequeño puente de madera. Según explica, ponen sillas y «hacen misas», con altavoces, para después hacer el ritual en las aguas del embalse. «Algunos van con túnicas blancas largas y hacen bautismos, con ropa en el agua», comenta.
El día del ahogamiento ella no acudió al embalse, aunque sí un hermano suyo, que le comentó de la importante afluencia de estos hombres y mujeres de blanco.

«Como evangélicos, no buscamos culpables»

«Era un chico muy bueno, alegre y obediente a sus padres, ha dejado una gran huella». Quien habla es el portavoz de la Iglesia Cristiana Pentecostés Movimiento Misionero Mundial de Madrid cuando se le pregunta por el adolescente perteneciente a su congregación que falleció el sábado en el Pontón. La iglesia está ubicada en el barrio de Entrevías, en el distrito Puente Vallecas. En Madrid hay otra iglesia más vinculada al ‘movimiento’, en el barrio de San Blas.

Un detalle del embalse, situado en términos del Real Sitio y Palazuelos.Un detalle del embalse, situado en términos del Real Sitio y Palazuelos. - Foto: Rosa Blanco

El portavoz, que prefiere preservar su identidad, comenta que el joven fue el sábado al Pontón «al encuentro con un amigo que estaba participando de un bautismo». La iglesia de Entrevías celebra sus ceremonias en otros lugares. El sábado estaban feligreses de la ‘zona 8’, de Castilla y León. Confiesa que la noticia ha generado «dolor y consternación». «Como humanos que somos, nos sentimos dolidos, aunque nosotros tenemos una esperanza, quien da su muerte en Cristo resucita primero». En este sentido, toda la congregración, incluidos los padres del adolescente, de origen ecuatoriano, «como cristianos evangélicos que somos, no andamos lamentándonos, porque no buscamos culpables. Son cosas que acontecen. Nadie está libre cuando llega el momento de partir. Es, simplemente, la realidad de la vida».

Desconoce qué pudo suceder, aunque señala que «fue un accidente. Tuvo dificultades para salir [del agua]. No hubo interferencia de otra persona». En cualquier caso, este portavoz sostiene que las autoridades «deberían prohibir expresamente el baño en ese embalse, quizá vallando las zonas más peligrosas, porque lo que sí sé es que ha habido más muertes en este embalse».

Cuatro de las cinco víctimas, de origen extranjero

En 1993 se rellenó el embalse del Pontón Alto, que pasó a reconvertir este espacio natural, situado en términos del Real Sitio y Palazuelos, en una zona recreativa para multitud de excursionistas y bañistas. Desde entonces, el pantano se ha cobrado la vida de cinco bañistas, todos, salvo uno, de origen extranjero. El primer ahogamiento ocurrió en 1995. La víctima fue C.V., un chico de 20 años, vecino del Real Sitio de San Ildefonso. Los grupos de rescate de Protección Civil localizaron el 20 de agosto el cuerpo sin vida del joven marroquí, M.E.F de 23 años, que había desaparecido dos días antes, a primera hora de la tarde del sábado. El joven se encontraba en el lugar con un grupo de amigos y desapareció en una zona situada junto al puente que hay en la presa. A lo largo de estos dos días, los buceadores realizaron numerosas inmersiones en la zona, que tiene unos 15 metros de profundidad, para poder localizar el cuerpo del joven.

La siguiente víctima del pantano fue una adolescente, de 17 años de edad, J.E, de origen angoleño. Fue rescatada el domingo 28 de junio de 2009 por equipos de bomberos tras desaparecer entre las aguas del embalse, donde se encontraba con un grupo de compañeros, todos ellos pertenecientes al Centro de Acogida de Refugiados ubicado en Vallecas (Madrid). Los hechos ocurrieron a las 12:20 horas cuando la adolescente se encontraba a cuatro metros de la orilla junto con un grupo de jóvenes. Los monitores avisaron al Servicio de Emergencias de Castilla y León, 112, tras desaparecer la niña en el agua. Los sanitarios intentaron reanimar a la joven, durante más de hora y media, aunque no pudieron hacer nada por salvar su vida.

Los equipos de salvamento rescataron el 18 de julio de 2011 el cuerpo sin vida del joven dominicano de 22 años, E.M, que había desaparecido el día anterior, domingo en el embalse, mientras se bañaba en sus aguas, donde había llegado desde Madrid en compañía de un grupo de amigos para pasar la jornada. El hallazgo se produjo a unos cuatro o cinco metros de profundidad. Estaba enganchado en unos troncos.

La CHD reforzará la señalización para advertir del peligro

La subdelegada del Gobierno, Lirio Martín, mantuvo, este miércoles, una conversación telefónica con la presidenta de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), Cristina Danés, donde, entre otros temas, le expresó su preocupación por la masiva presencia de excursionistas en el embalse del Pontón, que no es zona de baño, aunque no existe una prohibición expresa al respecto. Danés, según fuentes de la Subdelegación, se comprometió a colocar más carteles informativos y a lanzar una campaña informativa para alertar del peligro del baño en el embalse.

Pese a que ya existen carteles, de apreciable tamaño, los chapuzones en el Pontón son frecuentes en época estival. Especialmente los fines de semana es habitual ver a familias, incluso con niños de corta edad, apostados en las orillas; bañistas y hasta pequeñas embarcaciones. «Solo me he bañado un par de veces. La última hace un par de fines de semana porque ibamos con una barquita y nos bañamos», explica Laura, que solo se ha adentrado acompañada y en una zona donde «hay más gente y arenita». 

«Hay mucho lodo y, de hecho, el día que entramos con la barca se te quedan los pies atorados, como que te succiona», comenta la mujer, que desvela como en la zona donde se produjo el ahogamiento del adolescente «puede cubrir poco, aunque hay desniveles, pero sí mucho más fango que en otras zonas del pantano». Laura no tiene especial temor con el baño en el Pontón. «Si me bañara sola, me lo pienso», aclara, mientras sostiene que «no creo que haya muchas corrientes, aunque sí rocas» por lo que «hay que tener cuidado».

No hay temor. Mientras Laura comenta su experiencia, un bañista atraviesa nadando el embalse. Al llegar a la orilla, desvela que nada de forma habitual en el embalse, incluso en invierno, con traje de neopreno.  «Si vas nadando, no tiene que haber ningún problema», apunta.

Alberto, que frecuenta el Pontón durante el verano, es de la misma opinión. Por casualidad, estuvo en el embalse el sábado, el día de la tragedia. Cuando lo abandonó, tras darse varios chapuzones con los amigos, observó la llegada de  la Guardia Civil y de una ambulancia. La noticia, de la que se enteró al día siguiente, no le disuade. «Lo siento por el chaval, es una pena, una gran tragedia. Nunca me han dicho que no me pueda bañar. Nunca he tenido un susto. ¿Peligroso? También lo es bañarse en el Mediterráneo cuando hay medusas o salir en Sevilla a la calle con 45 grados».