Los visitadores venezolanos

Antonio Pérez Henares
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¿Qué se esconde detrás de la esperpéntica historia de las siete versiones del 'Visitador Nocturno de Barajas'? ¿A qué viene tanto afán de ocultación y engaño?

Los ministros Marlaska (i) y Ábalos parece que están implicados en la polémica con la vicepresidenta de Maduro. - Foto: J.P.Gandul

El ministro Ábalos, valedor de Sánchez en los tiempos duros y ahora ensoberbecido de poder y malos modos, parece querer emular a su jefe en conseguir que la mentira sea su seña identitaria y que, además, como parece con el presidente, resultar inmune a sus efectos. Vamos, que mienta más que hable, y que aquí no pase nada. Está por ver hasta dónde aguanta el cántaro y que esta vez no haga mella, porque la torpeza ha sido tosca y los embustes tan zafios que al Visitador lo han tenido que sacar del escenario, donde a cada entrada se iba enredando aún más en el ovillo de lo que estaba haciendo con la vicepresidenta de Maduro, sancionada por la UE, y España es de la UE, a no poder pisar su suelo. Que está claro que lo ha pisado, rodado y dormido. Y que el Gobierno de España, cada vez más escorado en el apoyo al dictador Maduro lo ha consentido y ocultado.
 Lo que aflora entre tanto embrollo es que el incidente nocturno del aeropuerto es tan solo un sarpullido de lo que bajo la piel se pretende que los españoles no conozcan. Las estrechas y cada vez más íntimas relaciones del régimen de Maduro y el Gobierno de Sánchez e Iglesias. Esa es la verdadera cuestión y donde más puede doler. Porque hoy Venezuela no solo es una dictadura, de ello ya no cabe duda excepto para quienes son parte y apoyo de la misma, sino que lo es criminal y sangrientamente, que asesina sin rubor y que ha provocado la huida de más de cinco millones de venezolanos. Un régimen tiránico y fallido que tiene a su país sumido en la miseria y la penuria, que impide el ejercicio de los mínimos derechos, que secuestra, tortura y encarcela a sus opositores, que asalta a su Parlamento y lo rodea con sus fuerzas represivas, tanto policiales como milicianos armados, que impiden entrar a los diputados que no han comprado ni sobornado.
Eso es Venezuela, pero resulta que ese régimen fue teta nutricia, escuela, aula, campo de pruebas y referencia máxima de quienes hoy, con rango vicepresidencial, están en el Gobierno. Porque si algo conecta a todo el podemismo hispano es el hilo bolivariano. Toda su cúpula ahora desperdigada o purgada se estableció y medro a sus pechos, la enalteció y tuvo como gran espejo y horizonte y, no se crean nada, lo sigue haciendo. Monedero, el jefe e introductor, Iglesias, Errejón, Bescansa y unos cuantos más estuvieron durante años al servicio, más que bien pagado, desde luego, y cobrando unas grandes cantidades de dinero por ello. Existe hasta una cifra documentada, justo hasta antes de que ellos mismos fundaran la marca Podemos, de 7,5 millones de euros que fueron pagados a la sociedad en que entonces se cobijaban, CEPS, por un «asesoramiento» que se mantuvo a lo largo de los años.
Aquello fue publicado por los medios mas importantes, pero ahora se ha sepultado en el olvido, incluido el diario El País, que dio primicias del asunto y que actualmente, en su sumisión al sanchismo-podemismo ni se le ocurre por lo más remoto desempolvarlo. Tampoco lo que fue el último acto conocido. El cobro de 425.000 dólares (unos 390.000 euros) por Monedero, descubiertos al no pagar, hasta que lo pescaron, la retención a Hacienda, pero cuyo monto -hecho el descuento- se embolso, y está documentado negro sobre blanco, por un «estudio», una «obra de ficción» de unos cuantos folios, sobre la creación de una moneda, que no llegó a existir nunca.

Afines al régimen

Fue Monedero, y de ello puedo dar fe personalmente, así como una docena de periodistas también presentes, quien se reunió con el grupo que visitaba Caracas como representante del Gobierno venezolano y enviado directo de Chávez. Era el año 2008, septiembre, y Monedero gozaba de despacho en el Palacio Presidencial, en Miraflores, y vivienda y ocupación en el centro de formación Miranda, donde adoctrinaba a los nuevos cuadros bolivarianos. A razón de 6.000 dólares (unos 5.500 euros) mensuales, según quienes decían estar en el secreto.
 Las loas, églogas y hasta gemidos de todos ellos y el apoyo, más o menos emboscado, pero siempre presente, entre otras cosas por la cuenta que les traen por si, sintiéndose traicionados, les da a los de Maduro por cascarlo todo, ha sido una constante. Y ahora ya disfrutando las mieles del poder es indudable de que ya han comenzado su tarea de restaurar relaciones y apoyos. En síntesis, colocar de nuevo a España entre los apoyos del régimen de Maduro. Misión en la que para nada están solos, pues en el propio PSOE aparece la figura del gran y continuo visitador, el ínclito Zapatero, el gran valedor, de entonces y de ahora, de aquel régimen y los afines, como los ahora decaídos, el boliviano o ecuatoriano, y ahora el redivivo. Fue quien colocó allí de embajador a Raúl Morodo, ahora inmerso junto a su hijo en una trama de decenas de millones de euros extraídos de la empresa pública del petróleo. Otro iceberg de corrupciones que puede afectar más directamente a las siglas socialistas.
 Lo que ahora, y visto el sainete de Barajas, queda ya como evidencia, es que entre la posición del primer presidente socialista de la democracia, Felipe González, comprometido contra aquella dictadura, y ZP, con sus Morodos y los socios morados de Gobierno, Sánchez ha elegido, aunque mentirá más veces que Ábalos si es preciso, el bando y la banda de Maduro. Esa es la conclusión obvia de todo este enredo.