OPINIÓN

Roberto Arribas

Periodista


Chaquetas

A mediados de los años cincuenta del pasado siglo, Coco Chanel revolucionó el mundo de la moda y «liberó» el armario femenino con sus famosas chaquetas, una prenda hasta entonces asociada a la imagen masculina.

Gabrielle Chanel, inteligentísima mujer de arrolladora personalidad, ofrecía una pieza atemporal, muy funcional y absolutamente liberadora para la época. La chaqueta Chanel, uno de los emblemas de la célebre marca francesa, otorgó una imagen más moderna de la mujer, que gozaba con una prenda que le permitía una mayor libertad de movimientos.

Estos días pre-electorales, la chaqueta (o más bien el cambio de chaqueta) vuelve a estar en el disparadero. Dicen que la ex portavoz parlamentaria del Partido Socialista, Soraya Rodríguez ha sido tentada por Ciudadanos tras su espantada llena de reproches y de mal rollo. Sobre su tempestuosa salida, el alcalde de Valladolid Óscar Puente ha sido especialmente duro cuando afirmó que «no la echaremos de menos» y que «se sirvió del partido hasta que lo dejó». No conozco los detalles de esta abrupta ruptura y cómo se desgastó la relación de Rodríguez con el PSOE de Castilla y León y la dirección nacional, pero todo lo feo que está saliendo en los medios de comunicación sobre el asunto provoca altas dosis de vergu?enza ajena.

Lo de la ex popular Silvia Clemente es de traca. Tras su atronador portazo al PP y sus «piropazos» a su jefe Fernández Mañueco, finalmente no será la candidata a la Junta de Castilla y León, una vez conocido el descalabro en las primarias de Ciudadanos. La formación de Albert Rivera pesca de aquí y de allá, rescata descontentos y agraviados e intenta colocar cada día a figuras conocidas en sus carteles electorales. En Castilla y León, el tiró les salió calamitoso y la apuesta de Clemente, rana del todo.

Silvia Clemente es un auténtico animal político con más de veinte años de participación en la cosa pública. Es una mujer con mucha determinación —lo sabemos bien los segovianos—, la política lo lleva en la sangre, le gusta a rabiar, y este cambio de chaqueta era inesperado, pero también lógico, toda vez que ya no tenía sitio en el PP al granjearse no pocos enemigos en Valladolid. Ante las dudas de limpieza del proceso de primarias, no les ha quedado más remedido a los dirigentes de Ciudadanos de descartar a Clemente, que ahora supone un problema más que una solución.

Los transfuguismos en política son preocupantes. Evidencian que para algunas personas la ideología o las siglas con las que se presentan a unas elecciones ya no importan. O quizá, que los principios ideológicos que sustentan a los partidos son todos parecidos. Me niego a creer esto. Estos cambios de chaqueta del azul y el rojo al naranja refuerzan aquel tópico tan manido de que todos los políticos son iguales. Ya lo decía Groucho: «Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros».

La democracia se basa en la sana confrontación de ideas y en elegir entre distintas maneras de organizar el mundo desde el punto de vista político, económico y social. Los partidos se tienen que sustentar en una ideología, en un conjunto de principios y valores que puedan llevarse a la práctica y mejorar el bienestar de la gente. Quizá la eterna dicotomía derecha-izquierda en política ya no es válida, pero tendrán que convenir conmigo que pasar de una orilla a otra del río político resulta, cuanto menos, mosqueante para aquellos que presumimos de deambular por la vida bajo unos principios y una ideología clara.

Es humano sentir vértigo cuando todo tu estilo de vida ha estado aferrado a un cargo y a un puesto político que parecía inamovible. Si realmente tu pensamiento político se nutre de una ideología determinada y, por circunstancias diversas, te ves en la obligación de salir de tu partido de toda la vida, lo lógico es irte a tu casa y dedicarte a otra cosa. Los políticos que cambian de chaqueta lo único que hacen es devaluar aún más la política; y de ese desgaste se nutren los populismos que tanto daño hacen a nuestra democracia.