COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


El Seny de Rufián

Quién iba a decir que el diputado de ERC, Gabriel Rufían, se convertiría en uno de los portavoces con más sentido común del Congreso, después de los espectáculos que había montado y de las algaradas que había protagonizado durante la pasada legislatura. Convertido en la voz del principal partido independentista catalán, sus últimas intervenciones durante la fallida sesión de investidura de Pedro Sánchez, y en el proceso negociador sobre su voto, son irreprochables desde un punto de vista progresista, por su presión para instar al acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos, sin dejar de señalar que las propuestas socialistas no le suenen nada bien desde el punto de vista independentista.

Que ERC el partido que según las últimas elecciones es mayoritario en Cataluña, aunque con menos distancia que la que les hubiera gustado respecto a cualquiera de los proyectos que tienen al fugado

expresidente de la Generalitat a la cabeza, no quiere de ninguna de las maneras que en La Moncloa haya un presidente del Partido Popular apoyado por los otros dos partidos de la derecha, Ciudadanos y Vox es de manual. Entre una aplicación inmediata del artículo 155 de la Constitución que volviera a intervenir la autonomía catalana y el ofrecimiento de algún espacio de diálogo, como preconiza el PSOE para acabar con el problema de convivencia que existe en Cataluña, como consecuencia del 'proces', ni Rufián ni su partido tienen duda en la elección. 

Que Rufián niegue la existencia de un problema de convivencia en Cataluña, es propio de la visión de aquel que considera que sus posiciones son mayoritarias en la sociedad catalana , pese a los numerosos datos que lo desmiente y las vivencias personales de aquellos que han sufrido las consecuencias de un intento unilateral de secesión y que ven limitadas su capacidad de expresión en medios de comunicación públicos, o cuando soportan la ocupación del espacio público por parte de los independentistas.

Pero ERC también contiene en sus siglas un alma progresista, que le permite dar un voto de confianza a Pedro Sánchez en forma de abstención, si previamente ha conseguido los votos necesarios para su investidura. Todo lo que no sea un voto a favor de ERC, cotiza poco a efectos de llevar a Sánchez a La Moncloa, pero el mensaje político es de gran relevancia porque pone de manifiesto la voluntad de ambas partes de dialogar, y permite al  PSOE afirmar que no ha pagado ningún precio a los independentistas, sospechas inevitables en el caso de que emitieran un voto a favor.

Gabriel Rufián ha cambiado y es ahora el representante del seny catalán en el Congreso,, el que desapareció cuando lo hizo CiU y los posconvergentes se echaron al monte.