Pararon, miraron, cruzaron..¡Y pum!

Sergio Arribas
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Arrastran no pocas secuelas tras los siniestros, físicas y psicológicas. Cinco atropellados en Segovia relatan las consecuencias de unos accidentes que, además de lesiones, les han generado inseguridad y hasta miedo

Christian Rivas sufrió la rotura de la tibia y varias heridas en la cabeza, entre otras lesiones. - Foto: Rosa Blanco

Christian Rivas estaba a punto de terminar su jornada como repartidor de Correos. Tras dejar el último paquete, la rutina diaria marcaba coger el autobús, de la línea 1 (San José-Colón), en la parada de la Plaza de la Universidad, con destino a la oficina de Correos, para «liquidar» la jornada. Eran las dos de la tarde del martes 9 de julio. Cuando cruzaba el paso de peatones para llegar a la parada del urbano, «me di cuenta que venía un coche y me arrolló». 

Jugaror del CD La Granja, Christian, de 31 años, no recuerda si el coche venía rápido, solo que, en el último momento, «quizá por instinto, di un pequeño salto para caer sobre el capó y llevarme el menor golpe posible». «Lo único que recuerdo —dice— es estar en el suelo y sangrar por la cabeza. Sabía que me había roto la pierna porque me dolía muchísimo». Como consecuencia del impacto, se rompió la luna del coche, algo que tampoco guarda en la memoria el cartero y futbolista, a quien varios transeúntes, testigos del siniestro, le colocaron un pañuelo en la cabeza, de donde sangraba abundantemente, hasta que llegó la ambulancia.

Han pasado dos semanas de aquel episodio y en Christian son palpables las secuelas del accidente. Anda con muletas, tras sufrir la rotura de la tibia, de la que fue operado tres días después del siniestro. Gira hacia adelante la cabeza y muestra una enorme brecha en la cabeza. Le dieron doce puntos. Y tres más para cerrar otra herida en la frente, por encima de la ceja derecha. «Los testigos del atropello se han quedado sorprendidos por lo poco que me pasó. Al principio parecía mucho más grave», afirma. La víctima ha podido conocer al conductor del vehículo. «Me ha pedido disculpas. Sigue teniendo un susto bastante grande», añade.

El jugador del C.D. La Granja cruza por un paso de peatones, en la calle Coronel Rexach.
El jugador del C.D. La Granja cruza por un paso de peatones, en la calle Coronel Rexach. - Foto: Rosa Blanco

Christian es una de las últimas víctimas de atropello en Segovia, que ha vivido este mes de julio una particular ‘semana negra’, con cuatro alcances en apenas siete días, lo que puesto en cuestión no solo la prudencia de conductores y peatones, sino también la correcta señalización de los entre 2.500 y 3.000 pasos de peatones que existen en la ciudad. Son 31 atropellos en lo que va de año, 29 según el Ayuntamiento, que trata de esfumar cualquier alarmismo, asegurando que solo es uno más que los registrados en las mismas fechas de 2018. 

Tras la oleada de accidentes, el Ayuntamiento lanzó un comunicado «para advertir del peligro que supone conducir un vehículo o cruzar una vía sin prestar la debida atención». Nada de autocrítica, aunque sí ha anunciado que repintará las tres palabras ‘pare-mire-cruce’ en aquellos pasos de peatones que sea necesario. En algunos apenas existe su huella desde hace meses. Y que continuará con el repintado de las franjas blancas de los propios pasos.

Tres de cada cuatro atropellos se producen en pasos de peatones, como le ocurrió a Christian, que, según confiesa, tiene «ratos de bajón» anímico, al pensar que su recuperación será larga, de no menos de dos meses. Tiene que estar en casa, con la pierna en alto, mientras ve series y estudia inglés. 

Las secuelas no son solo físicas. «Tampoco tengo mucho miedo, pero sí es cierto que ahora, cuando he podido salir a la calle, al cruzar un paso de peatones, he extremado las precauciones», comenta el futbolista, que pide a conductores y peatones «responsabilidad, civismo, que respeten las normas, porque todo el mundo va deprisa y nadie está libre de un accidente. Yo que soy más conductor que peatón, seguramente estaré ahora más pendiente».

«Fue espantoso». Justo una semana después del accidente que sufrió Christian, otra mujer, de 75 años, fue víctima de un atropello en el paso de cebra situado en la calle Clavel, junto a la glorieta de Santo Tomás. María —nombre ficticio—, hija de la víctima, aún guarda en su retina el momento en el que vio a su madre en urgencias del Hospital General. «Fue espantoso. Las heridas eran muy llamativas. Tenía brechas por toda la cara y en la cabeza y múltiples hematomas. El susto fue tremendo», recuerda María.

Eran las 12:30 horas del 16 de julio cuando la mujer, con su carro de la compra, atravesó el paso de peatones con destino a la parada del autobús. «Vio el coche bajar desde la calle Clavel. Pensó que le iba a pillar, como así fue. El impacto fue tremendo, le desplazó casi dos metros», relata.
Asistida en primer lugar por los sanitarios del Ambulatorio de Santo Tomás, la mujer fue traslada al Hospital, donde le diagnosticaron múltiples contunsiones. «Le dieron puntos por toda la cara, en la nariz, en la frente... fue un golpe tremendo, aunque, por fortuna —dice su hija— no tiene ningún hueso roto. Tiene múltiples hematomas y dolores en el brazo, la espalda...». No ha podido olvidar el accidente. «En los primeros días, dormía y soñaba con que el coche se le venía encima. Está todo muy reciente y ella está aún muy nerviosa», añade.

C.G.F, de 76 años, fue atropellada en octubre de 2016 en un paso de peatones del barrio de La Albuera. Recuerda que sintió «un golpe muy fuerte» y la llegada de la ambulancia. Rotura de tibia y perone, un pie destrozado, tres costillas y la clavícula rotas. A consecuencia de no poder apoyar el pie padeció una embolia pulmonar. «Ahora tengo miedo a todo», asegura.

Un mes después, el 2 de noviembre, Marian Pérez Jimeno, fue atropellada, sobre las nueve de la mañana, cuando cruzaba el paso de peatones de la calle Soldado Español por un camión, de tamaño medio, similar a un furgón, de la empresa FCC. Como consecuencia del impacto, sufrió un esguince de grado dos, con rotura de ligamentos.

El golpe en cadera, hombro, rodilla y codo le provocó multiples hematomas y la necesidad de una rehabilitación de tres meses. El daño no fue solo físico. Transcurridos seis meses del accidente, cuando llegaba a un paso de peatones le brotaba «una sensación de angustia» porque «tengo el golpe metido en mi cabeza». Desde el atropello su actitud ha cambiado. Cuando encara un paso de peatones con sus hijos «me aseguro al cien por cien de cruzar cuando el coche para», confiesa Marian.

Y.D.B., mujer de 58 años, fue atropellada, el 10 de enero de 2017, en la calle del Parque. Caminaba por la acera y fue arrollada por un vehículo que salía de un garaje. No sufrió fracturas, aunque sí contusiones, sobre todo en el brazo derecho, lo que le obligó a estar de baja bastante tiempo de baja. Tras el atropello, Y.D.B, admite que tiene «miedo» y que desde el accidente está «más alerta» como conductora y peatona. «Te das cuenta que no estás a salvo ni en la acera». Tras aquel atropello, se instaló un espejo frente a la salida del garaje para que sus usuarios pudieran visualizar a los peatones que transitan por la acera.

¿Puntos negros?

Un somero análisis de las estadísticas de los últimos diez años señalan al Paseo de Ezequiel González, la avenida de Juan Carlos I y la avenida de la Constitución como los puntos donde se han concentrado un mayor número de atropellos. Sin embargo, desde el Ayuntamiento se insiste en que no hay puntos concretos donde sean más habituales este tipo de accidentes. “Se producen por todo el casco urbano, sin que se repitan en el mismo punto, por lo que no se puede hablar de puntos negros de atropellos”, apuntan desde el consistorio. No obstante, un informe policial --redactado a consecuencia de los cuatro atropellos registrados en apenas cinco días de este mes de julio-- revela las calles donde se han registrado dos o más alcances a peatones en lo que va de año. Así, se han producido dos atropellos en un mismo punto, en el paso de peatones situado a la altura del número 48 de Vía Roma. También el Paseo de Conde Sepúlveda, de intensa circulación, es otro punto ‘caliente’ -y quizá negro-. Aquí se han registrado tres atropellos en los números 2, 10 y 12; y otros dos en los número 17 y 19 de la Avenida de la Constitución.