TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


¿Otra vez Neymar?

Las cosas malas, dicen Murphy y sus secuaces, se repiten una y otra y otra y otra (y muchos «otras») vez. Por mucho que intentes evitarlo. Por muchas trampas que coloques en el camino de la puerta de entrada de tu hogar. Te pongas como te pongas, hagas lo que hagas, Mbappé fichará cada verano por el Madrid… y Neymar, por el Barça.

Hay jugadores y entrenadores que conforme llegan ya se están yendo. Es el 'neofútbol', ése donde los compromisos duran lo que el contenido viral de Snapchat o Instagram, donde los jugadores son 'memes' de fama efímera que cada fin de semana deben demostrar de dónde les viene (y si no, serán superados por el nuevo tipo de moda, que colecciona millones de 'likes' en 90 minutos). En este nuevo fútbol de figuras que suben y bajan y de artistas que se pasan los contratos por el forro de los bemoles -les compensa pagar las multas, pues el 'premio' por hacerlo es permanecer siempre en el candelero-, Neymar es el puñetero número uno de todos los tiempos.

Nadie como el brasileño ha jugado mejor en este nuevo escenario futbolístico donde la palabra «profesional» empieza a usarse como una reminiscencia del pasado, como si la «profesionalidad» perteneciese a una vieja escuela protocolaria obsoleta y comiese en la olvidada mesa del «honor», la «educación» y «los buenos modales». Fichar a Neymar es fichar a un 75% de futbolista y a un 25% de polemista, un 85% de artista y un 15% de provocador, un 60% de deportista y un 40% de vividor, un 55% de ídolo y un 45% de vividor. Y eso no lo han entendido en París, donde vive yéndose desde que llegó. El Barça, donde sí entendieron al personaje y a la persona, lo quiere de vuelta: ha sumado porcentajes, ha hecho la media, y le compensa mantener al golfo… por todo lo que sabe hacer con la pelota.