CRÓNICAS BÁRBARAS

Manuel Molares

Periodista. Analista de la política, la cultura y de la sociedad global


Cloacas

Imaginemos unos túneles por los que circulan aisladas varias tuberías de agua potable y una de aguas fecales, y que un día se contamina por corrosión uno de los conductos de la potable.

Esta sería la “policía patriótica” infectada a la que acusa Pablo Manuel Iglesias de haberlo espiado por orden del exministro de Interior del PP Jorge Fernández Díaz para divulgar noticias de sus ingresos provenientes de Venezuela e Irán.

Esa acusación choca con el hecho de que aparentemente es la misma policía que grabó conversaciones del ministro en su despacho para divulgarlas en el periódico digital Público, afín a Podemos.

La mayoría de las aguas potables siguen limpias y las contaminadas se aíslan en algún momento, como ocurre con el excomisario José Manuel Villarejo en prisión provisional sin fianza desde el 17 de noviembre de 2017.

En su larga carrera –ahora tiene 67 años– fue condecorado por populares y socialistas por sus eficacia, mientras se enriquecía con métodos delictivos.

Como el del “espionaje vaginal” –creando casas de citas para obtener información de altas personalidades–, iniciativa aplaudida junto al exjuez Baltasar Garzón por la actual ministra de Justicia, Dolores Delgado, cuando era fiscal de la Audiencia Nacional.

El caso de Pablo Manuel Iglesias es ajena a la “policía patriótica”. Pertenece a Prevención de Blanqueo del Ministerio de Hacienda y al Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que aún no han desvelado toda la información de la que disponen de la financiación por Irán y Venezuela de lo que resultó Podemos.

Aunque otros datos parecidos sobre Iglesias fueron facilitados por las propias cloacas de Podemos: un militante celoso se vengó del Macho Alfa por robarle una novia robando él un teléfono cargado de información, haciéndola llegar a Interviú, y este a Villarejo.