FIRMA SINDICADA

Rafael Torres

Periodista y escritor


El brexit de Satanás

Lo grave no es que los europeos no sepan a estas alturas de qué va el "brexit", sino que los británicos, tampoco. Y de los británicos, los que menos parecen aclararse son esos ciudadanos que se apretujan sobre bancos corridos de "skay" verde chillón en la Cámara de los Comunes, que emiten exclamaciones ininteligibles cada dos por tres, que se salen al pasillo para votar y que son dirigidos, pues moderados sería mucho decir, por un pintoresco caballero que habla y acciona como un perturbado.
  Diríase que los británicos no saben, una vez disipado el efecto de los vapores nacionalistas y xenófobos que les indujeron a embarcarse en el "brexit", cómo salir del engorro. Hay británicos que sí, la mitad de ellos más más o menos, los que permanecían sobrios el día del botellón o referéndum sobre la cosa, pero la otra mitad, la que se vino arriba en aquella infausta jornada y ganó, no termina, por orgullo o por cabezonería, de reconocerles la razón y aceptar la convocatoria de un segundo referéndum, ésta vez sin vapores, esto es, sin marcianadas supremacistas ni mentiras, que desbloquearía la situación una vez que se ha visto a dónde ha conducido aquella insensatez.
  Del "brexit" sabían los británicos que iba de "irse de la UE", talmente como las derechas españolas diseñan su unitaria propuesta política para las elecciones del 28-A: "Echar a Sánchez". Ya está. Ni más ni menos, ni menos ni más. Con esos mimbres intelectuales no es raro, ciertamente, que los sondeos les pronostiquen la manufactura de una cesta sin fondo. No lo tiene. Irse de la UE, como si uno pudiera irse de uno mismo sin más historias, o, el de echar a Sánchez, como si fuera el demonio introducido en el cuerpo de la patria cuya expulsión mediante el exorcismo de la urnas la sanaría de todos sus males, no parecen proyectos políticos acordes con las luces que cabría esperar de sociedades medianamente civilizadas.
  Los británicos, salvo los escoceses y la parte de ellos que no liba en la nostálgica copa imperial, no saben cómo salir del jardín en el que se han metido, y lo demuestran en cada caótica sesión de su extravagante Parlamento. Los españoles, por su parte, tampoco parecen creer mucho en ese otro "brexit" casero que les propone la derecha, el de que salga el diablo Sánchez del cuerpo de España como requisito indispensable de su felicidad.