Con piel de piedra

Sergio Arribas
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El ingeniero insiste en que el Acueducto es un "enfermo crónico en estado crítico" - Foto: Rosa Blanco

La riqueza geológica de Segovia y la destreza de sus maestros canteros permitieron sembrar la provincia de imponentes monumentos. El ingeniero Fernando Pedrazuela vuelca 25 años de trabajo en un exhaustivo catálogo de piedras y canteras.

Cuando al doctor ingeniero de Minas, Fernando Pedrazuela, se le pregunta por el edificio construído en piedra de Segovia en el que fijarse, por la calidad de materiales y destreza de sus artífices, su respuesta es inmediata. «La iglesia de San Sebastián, en Villacastín, de granito azul, con sus bóvedas en caliza. Es toda una enciclopedia de cantería», comenta Pedrazuela, poco después de dejar sobre la mesa su último libro, fruto de 25 años de investigación. 

Es una obra voluminosa, con más de 300 páginas, repleta de fotografías, ilustraciones y gráficos, al que acompaña una carpeta de planos. ‘La piedra monumental de la provincia de Segovia y sus canteras’. Así reza el título de la obra, publicada por la Diputación Provincial, que el ingeniero define como un «prisma con muchas caras». Considerado por los expertos como el catálogo más exhaustivo sobre la piedra en Segovia, el libro supone, por un lado, y según su autor, «un homenaje a los maestros canteros y a su labor a lo largo de los siglos». La publicación detalla, entre otros múltiples aspectos, los oficios y técnicas relacionadas con la piedra, además de caracterizar los distintos tipos de piedras empleadas para la construcción, con sus respectivas características petrofísicas. 

43 canteras. También describe las canteras históricas y actuales de Segovia; además de indagar sobre los principales problemas de la piedra para su conservación o restauración. El libro culmina con un ‘atlas’ o colección de mapas que localiza y caracteriza tanto las rocas ornamentales de Segovia como las 43 canteras de las que se extraen y han extraído estas piedras. El ingeniero considera que la obra podrá suscitar el interés de historiadores, geólogos o antropólogos; y también de los profesionales de la edificación porque «les servirá de guía para conocer los materiales usados y canteras de origen con las que acometer nuevas obras o rehabilitación de edificios ya existentes».

El autor engloba bajo el título de ‘piedra monumental’ tanto las ornamentales —elegidas por su color y textura— como las de cantería dado que, pese no admitir el pulido, tienen la fuerza estética suficiente para ir «a cara vista». Unas y otras son las que dotan de carácter monumental a los edificios, desde iglesias y palacios a viviendas particulares.

Según Pedrazuela, Segovia atesora una «enorme diversidad geológica» y, con ello, una amplia variedad de familias de rocas ornamentales, desde rocas graníticas y carbonatadas hasta pizarras; mientras también existen afloramientos de alabastros, areniscas y algunos enclaves de mármoles.

Hasta el Renacimiento, se utilizaron, sobre todo, rocas carbonatadas, esto es, las calizas; piedras abundantes, fáciles de extraer y labrar con herramientas de hierro; con las que se erigieron las iglesias románicas. En esta época también se usaron granitos, aunque muy alterados, meteorizados, de baja calidad, lo que permitía el labrado con aquellas primitivas herramientas, caso por ejemplo del Acueducto.

El granito. A partir del Renacimiento se produce el empleo masivo del granito «con unos alardes de cantería magníficos», presentes en numerosas casas palaciegas erigidas con el esplendor de la industria pañera. Pedrazuela señala dos edificios levantados a edad temprana, la iglesia de San Sebastián, en Villacastín; y la de San Eutropio, en El Espinar; mientras otras joyas de cantería, en granito, posteriores, serían partes del Palacio de Valsaín, casi desaparecido, y el Palacio de La Granja, con sus «espectaculares» fachadas del siglo XVIII.

En cuanto a las ‘calizas’, además conformar la práctica totalidad del románico segoviano y del gótico tardío —La Catedral es su mayor ejemplo—, Pedrazuela destaca cómo a partir del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX se utilizó con profusión la caliza dorada de Bernuy al evocar el estilo y texturas de la piedra arenisca parisina.

El libro cataloga las 43 canteras de la provincia: nueve dedicadas a pizarra y cuarcita; otras nueve de granito; veinte de caliza y cinco de otras variedades. Por orden histórico, Pedrazuela destaca las antiguas canteras de Valsaín y San Medel, de donde, según subraya, se extrajeron buena parte de los sillares del Acueducto; las canteras de El Sotillo, de donde salieron los granitos del Renacimiento segoviano; las canteras de Villacastín, que facilitaron la construcción de su iglesia y «de muy buena parte del granito utilizado a lo largo del siglo XX en el entorno de Segovia, Madrid y Ávila».

El complejo de los Nuevos Ministerios en Madrid y parte del edificio del Senado se hicieron con este granito «de extraordinaria calidad». Por su parte, las pizarras de Bernardos se utilizaron en El Escorial, para construir los chapiteles de iglesias segovianas y en diversos palacios del siglo XVII.

En canteras de ‘calizas’, destacan las de Bernuy y las de Zamarramala, del Parral y de Tejadilla, de donde se extrajeron los sillares para construir la Catedral, buena parte de las iglesias románicas y edificios civiles hasta el Renacimiento. Y singulares son por su calidad y estética, las calizas de Sepúlveda, de colores cremas, blancas y rosas, que gozan de gran prestigio en el sector a nivel nacional.

 

El Acueducto, un «enfermo crónico en estado crítico»

El ingeniero Fernando Pedrazuela apuesta por la prudencia al ser preguntado por el estado de conservación de los tres grandes monumentos en piedra de Segovia: el Acueducto, la Catedral y el Alcázar. «No me corresponde a mí hacer una crítica, ni buena ni mala, de las intervenciones en estos monumentos, aunque sí las ha habido más y menos acertadas», comenta. Sobre el Acueducto, Pedrazuela, actual vicepresidente de la Sociedad para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero de España (SEDPGYM), recuerda que los granitos que se utilizaron hace dos mil años eran «con los que se podían trabajar con herramientas de hierro, bronce e incluso de piedra». «Eran —añade— granitos muy deteriorados. Se usaba la peor calidad de granito que hoy utilizaríamos. Estamos hablando de granitos muy alterados, con bastante sacarización de la piedra, con fisuras intergranulares». El experto une esta baja calidad del material al «choque térmico» que ha soportado durante 20 siglos y la más reciente contaminación atmosférica, por el humo de los motores de combustión y el procedente de las chimeneas de los edificios aledaños, con independencia de «otras vicisitudes», como el haber tenido también viviendas «casi pegadas» a sus piedras.

Con «cautela». «Es un enfermo crónico en estado crítico, hay que dedicarle cuidados continuos y ser muy escrupuloso», afirma Pedrazuela, que, haciendo uso de «las enseñanzas de mis maestros», considera que «siempre hay que intervenir lo menos posible para hacer lo más posible». «Hay que estudiarlo mucho y todas las intervenciones, con mucha cautela, lo más mínimo, procurando alterar lo mínimo el original».

En cuando a la Catedral, apunta que las recientes intervenciones han sido «muy positivas y significativas»; teniendo en cuenta que se trata de una piedra caliza «muy sensible al ataque ácido, a los humos, al choque término y a los hielos». El ingeniero recuerda que las piedras de la Catedral, como las de otros tantos monumentos, tenían una pátina de protección, con proteína diluida o agua de cal, que se renovaba cada 20 ó 25 años. Sin embargo, esta práctica del ‘patinado’ de edificios desapareció con la crisis económica de finales del siglo XVIII y, sobre todo, por el desprestigio en que cayó este oficio, por lo que «muchos conocimientos que se transmitían por tradición gremial quedaron en el olvido».

«La Catedral no está ni mucho menos descuidada, pero la piedra es la que es, como el clima de Segovia. No obstante, creo —subraya— que es el momento de reivindicar las pátinas de protección en los elementos exteriores hechos a cantería. Hay que retomarlas y volver a estudiar a los maestros canteros y sus fórmulas magistrales que han permitido que todos esos edificios lleguen hasta nosotros».

 

 

El ingeniero Fernando Pedrazuela. Rosa Blanco
El ingeniero Fernando Pedrazuela. - Foto: Rosa Blanco