CARTA DEL DIRECTOR

Juanjo Fernández


Clemente y Ciudadanos: lo que mal empieza peor acaba

Pronto tuvo que comprobar Silvia Clemente que su aterrizaje a Ciudadanos, tras el abrupto portazo que dio el pasado 21 de febrero al que había sido su partido durante las dos últimas décadas, no iba a ser un camino de rosas sin espinas. Aunque difícilmente hace tres semanas pudo imaginar la política segoviana más prolífica que su carrera saldría tan damnificada en tan poco tiempo. Seguro que, cuando cerró con el entorno de Albert Rivera los pormenores de su fichaje, calibró la posibilidad de que alguno de sus excompañeros trataría de airear trapos sucios. Daños colaterales asumibles, pensaría Clemente. Tan cegados han andado estos días algunos por la afrenta que llegan a obviar que cuando se cometieron las supuestas tropelías ahora publicitadas era dirigente del PP, y después la promocionaron a presidenta de las Cortes de Castilla y León, segundo máximo cargo institucional de la Comunidad. También pudo llegar a barruntar que su llegada a Ciudadanos podría no gustar a muchos de quienes estiman el trabajo hecho hasta ahora por quienes han dirigido el partido en Castilla y León. O a sus potenciales votantes. Probablemente confiaba en que su presumible tirón electoral sirviese para convencer a los menos crédulos. Formaba parte de los riesgos calculados.

Sobre el guion, iba a ser un fichaje estrella, un movimiento táctico que descolocaría al PP de Castilla y León y haría posible el sorpasso de Ciudadanos en esta comunidad; en la práctica, el inesperado desembarco de Silvia Clemente para ser la candidata a la Presidencia de la Junta ha resultado una maniobra política ruinosa. Lo que Clemente creía que sería un SÍ -en mayúsculas y subrayado como su logo de campaña- acabó en un rotundo no. El extraño e insólito dedazo soliviantó a más de los que sospecharon sus artífices y varios fueron los que mostraron su disposición a pelear en las primarias y otros tantos a abandonar el partido. Entre las voces más críticas contra la política de fichajes que ha emprendido la formación naranja está la del candidato a las europeas, Luis Garicano, uno de los pesos pesados de la ejecutiva y que ha protagonizado varios encontronazos con Rivera. Garicano también se opuso, por ejemplo, a la manifestación de la plaza Colón con Vox y PP. El foco mediático nacional enseguida se posó sobre Clemente y, en una estrategia de comunicación difícil de entender, suspendió entrevistas apalabradas. Ya en plena campaña, el Tribunal Superior de Justicia rechazaba el recurso presentado por la empresa Patatas Meléndez, propiedad de su marido, contra la supresión de una ayuda por importe de 589.000 euros concedida por el Itacyl en la etapa en que era consejera, y enviaba la documentación a la Fiscalía y al juzgado al apreciar «indicios de una posible manipulación». Ese nuevo frente judicial avivó las opciones de Paco Igea, la alternativa de la militancia de base al aparato. El médico y hasta ahora diputado ya había avisado en primera persona a la dirección: «Ella no puede representar la regeneración que buscamos». Y eso es lo que votó la mayoría de los afiliados, que veían en portadas de prensa nacional cómo la sombra de la sospecha sobre la candidata oficial cercenaba sus posibilidades el 26M.

Y como lo que mal empieza suele también acabar mal, llegó el tan increíble como esperpéntico pucherazo. Esas dos tandas de votos anómalos hechos de una misma IP son dos sonoras bofetadas para Ciudadanos. Plas, plas. Lo sucedido el pasado fin de semana en Castilla y León daña la imagen de la formación liberal en el inicio de un largo y decisivo ciclo electoral y abre una crisis que erosiona el liderazgo interno, hasta hace poco indiscutible. El pucherazo ha reabierto el debate interno sobre el sistema de votación, que muchos consideran poco fiable. Ciudadanos pretende ahora cerrar de puertas adentro una polémica, que también ha llegado a comunidades como Murcia, Cantabria y Madrid, desde donde se ha pedido la misma comprobación de los procesos de sus primarias. Sin embargo, el bochornoso intento de fraude exige una depuración de responsabilidades hasta las últimas consencuencias. Igea lo tiene claro. El ya candidato a la presidencia de Castilla y León apremia a su formación a llegar hasta el final en la investigación para que Ciudadanos no quede manchado de por vida. Si no lo hace, acabarán haciéndolo los juzgados. Pase lo que pase, está claro que el breve paso hasta ahora de Silvia Clemente por Ciudadanos ha abierto una grieta en una formación caracterizada por el presidencialismo y la verticalidad en la toma de decisiones. Y, por supuesto, resta credibilidad a su propósito regenerador de la política nacional. Difícil encaje va a tener a partir de ahora en el partido naranja la de La Velilla. ¿Se aventurarán a ofrecerle encabezar una lista al Congreso con esos antecedentes? ¿Por Segovia?