ESCAÑO CERO

Julia Navarro

Periodista y escritora


Había que hacerlo

Había que hacerlo. Sí, había que hacerlo aunque muchas personas de buena fe afirmen que tanto les da donde este enterrado Franco, que a estas alturas está descontado y no forma parte de sus preocupaciones. Pero en mi opinión, que esto sea así no significa que no fuera necesario abordar y corregir la anomalía insoportable que suponía que el Dictador tuviera un panteón público en el que durante décadas ha estado enterrado con muchas de sus víctimas. 
Lo he repetido en otras ocasiones, si mi abuelo estuviera enterrado en el Valle de los Caídos sería la primera que no me conformaría y mucho menos soportaría sabiéndole junto a Franco. 
Así que comprendo el dolor, la indignación y desesperación de tantas y tantas familias a las que les resultaba insoportable que sus abuelos, padres, tíos, hermanos, amigos, estuvieran en el Valle de los Caídos enterrados cerca de la tumba de Francisco Franco. 
Por tanto esa era una cuenta pendiente que había que subsanar. 
Si no hubiese sido por el empecinamiento de la familia Franco seguramente el traslado de los restos de Francisco Franco se habría resuelto sin alharacas. Pero la familia se empeñó desde el primer momento en poner todo tipo de trabas lo que ha dificultado que el traslado de los restos de Franco se pudiera llevar a cabo meses atrás. 
En mi opinión la actitud del Gobierno de Pedro Sánchez ha sido firme y respetuosa. Y desde luego el Gobierno ha hecho bien en negarse a que los restos de Franco pudieran ser trasladados a la catedral de La Almudena. 
Habría resultado un sarcasmo insoportable que hubiera sido así pero sobre todo que las autoridades de la Iglesia lo hubieran consentido. 
La Iglesia se ha movido en una ambigüedad calculada, en ocasiones incluso parecía que se lavaba las manos en este conflicto que ha enfrentado al Gobierno con la familia. 
La actitud del prior del Valle de los Caídos no le ha hecho ningún favor a la Iglesia, sino todo lo contrario. Como tampoco se lo hicieron las declaraciones del anterior Nuncio. 
En cualquier caso por fin se ha acabado con esa anomalía de que Franco tuviera un mausoleo público subvencionado además con dinero del Estado. 
Se pone punto final al último fleco que quedaba pendiente de la Transición. Era un deber moral. Había que hacerlo.