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Yo gané a la leucemia y a la covid

SPC
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Relato en primera persona de José Vicente, un fotoperiodista de la Agencia Ical que, con 42 años, tuvo que luchar contra la leucemia y el coronavirus en el peor momento de la pandemia

José Vicente, en la cama del hospital durante una prueba. - Foto: José Vicente (Ical)

Yo sabía que si salía de esta situación sería gracias a un milagro. Agarraba mi crucifijo y rezaba; sentía que Dios estaba conmigo en la habitación. Sin embargo, a pesar de todo lo que estaba viviendo me sentía bien y con ganas de salir, con la motivación de seguir haciendo fotos, estar con mi familia e ir a la montaña y estar en contacto con la naturaleza. En mi cabeza se agolpan las sensaciones y los recuerdos de una pesadilla que duró mes y medio y que me encerró, en la más absoluta soledad, en el hospital Clínico de Salamanca. Estos fantasmas, que me acosaban sobre todo por la noche, se llaman leucemia y covid, y me visitaron en el peor momento de la pandemia, en abril de 2020. Soy José María Vicente López, nacido el 24 de septiembre de 1977 y fotógrafo de la Agencia de Noticias Ical.

Todo comenzó el primer día del confinamiento, cuando empecé a encontrarme diferente. Hasta ese momento estaba muy bien físicamente, iba tres o cuatro veces por semana al gimnasio, acababa de hacer dos reportajes fotográficos de carreras de montaña, me encontraba genial. Hacía pesas en casa. Pero de repente mi cuerpo empezaba a encontrarse cansado. A medida que pasaban los días me encontraba más cansado, tenía fiebre y tos. 

Cada día que pasaba sentía menos fuerzas. Me agotaba sólo con levantarme de la cama. Pero un día, todo giró… fue un instante. En la ducha sufrí un mareo, llegué a la cama arrastrándome por el pasillo y llamé a urgencias. Yo ya intuía que las cosas no iban bien y que me quedaría ingresado. Llegué al Clínico un 8 de abril de 2020. Tras la PCR y algún análisis más, el médico de Urgencias me comunicó que no tenía covid, pero los resultados estaban muy alterados. Y entonces me lo dijeron: tenía leucemia. No me lo esperaba. Te quedas de piedra, pero a pesar de la noticia no me vine abajo. Lo afronté desde el primer minuto con ganas de seguir viviendo.

En los momentos difíciles agarraba con fuerza mi crucifijo. En los momentos difíciles agarraba con fuerza mi crucifijo. - Foto: José Vicente (Ical)Antes de subir a la habitación me llevaron a un salón, donde me han marcado a fuego algunas de las imágenes que viví: personas mayores vomitaban sangre, tosían mucho… era un situación muy desagradable… sentía mucha pena por ellos… creo que no lo olvidaré nunca.

Un mes y medio

Allí empezó una larga y paciente etapa en el Hospital. Los dos o tres primeros días todo eran todo malas noticias… llegó el cuarto o quinto día y comprobé que las cosas siempre pueden empeorar: cuando repitieron la PCR dí positivo. Rápidamente, me bajaron a la planta covid. En ese momento tenía leucemia y covid, un cóctel explosivo que me iba a dejar mes y medio aislado y sólo. En la habitación solo entraban médicos y enfermeras con los trajes de protección que parecían salidos de una película. Parecía irreal. Apenas tres semana antes mi vida transcurría perfecta y, de repente, estaba allí, solo, con la única compañía de mis dos enfermedades y, por fortuna, del teléfono móvil, con el que tenía un hilo de contacto con familiares y amigos. Gracias a ellos mi mente estaba un poco más despejada. Lo peor eran las noches. El silencio favorecía lo que para mí era un estruendo: el sonido seco de la tos constante de las personas de las habitaciones cercanas. Los días pasaban entre los temores y la esperanza. Me agarraba a cualquier cosa, pero sobre todo a mi crucifijo y rezaba; sentía que Dios estaba conmigo en la habitación. Me sentía bien y con ganas de salir. Y empezó la siguiente fase, las sesiones de quimioterapia. Lo primero que me viene a la cabeza es la falta de apetito, los vómitos y dejé casi de comer y perdí mucho peso. Entré con 78 kilos y salí con 64.

A pesar de toda la situación que estaba viviendo, mi pasión de fotógrafo me empujó a documentar mi experiencia con imágenes a través de mi teléfono. Era una manera más de distraerme y tener la mente despejada. Cada semana acudía a visitarme la doctora hematóloga Dolores Caballero, a la que siempre estaré agradecido por todo lo bueno que hizo por mi. Por su gran labor y por tratarme con tanto cariño. Y casi un mes y medio recibía el alta. Pude regresar a mi casa. Y cuando llegué y me tumbé sobre mi cama fue el momento más emocionante.

Una enfermera me coloca un medidor de oxígeno en sangre.Una enfermera me coloca un medidor de oxígeno en sangre. - Foto: José Vicente (Ical)En la actualidad estoy recuperado de la enfermedad, bien físicamente y con mucha energía. Contando mi experiencia quiero dar las gracias a todos los sanitarios que me atendieron, en especial al Servicio de Hematología del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, por su gran labor en condiciones tan difíciles de pandemia, porque una cosa es verlo en los medios de comunicación y otra en persona. También quiero agradecer a mi hijo, a mis padres, a mis hermanos, a Rocío, a mis amigos, por darme tanto amor durante este duro proceso. Y sobre todo a Dios, por sentir que siempre ha estado a mi lado. No le perdáis el respeto a la covid, protegeros, cuidaros mucho y disfrutad de la vida.

Esta imagen plasma el momento en el que me trasladaron de la planta covid para realizarme un escáner en la cabeza.
Esta imagen plasma el momento en el que me trasladaron de la planta covid para realizarme un escáner en la cabeza. - Foto: José Vicente (Ical)