Entre el diálogo y la rebeldía

EFE
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Incapaces de acordar una estrategia independentista unitaria, los dos socios del Govern, JxCat y ERC, competirán en los comicios con una CUP que quiere desembarcar en Madrid

Los anticapitalistas juegan con el viento a favor en las urnas, tras una sentencia del procés que ha tensado a las bases separatistas. - Foto: TONI ALBIR

Tampoco en esta ocasión habrá unidad independentista en las papeletas que se amontonarán en los colegios electorales el 10-N. En realidad, habrá más oferta que nunca en unas generales: la CUP, por primera vez, quiere desembarcar en Madrid y compite con ERC y JxCat.
Incapaces de acordar una estrategia institucional unitaria en respuesta a las condenas a los líderes independentistas dictadas por el Supremo, los dos socios del Govern, JxCat y ERC, llegan a la cita electoral sin una hoja de ruta clara, sin un plan concreto para conducir el procés hacia otro reto histórico.
A falta de horizonte, sus mensajes de campaña se centran principalmente en reivindicar dos conceptos: autodeterminación -sin concretar cuándo ni cómo- y amnistía, y para su consecución no apelan a la vía unilateral, sino a un diálogo con el Estado que el Gobierno en funciones de Pedro Sánchez no está dispuesto a abrir si es para hablar de estas dos cuestiones, que considera innegociables.
Frente a la bandera inconcreta de la autodeterminación, la amnistía y el diálogo, que enarbolan tanto ERC como JxCat -en unos programas parecidos que piden ser más fuertes para condicionar al Ejecutivo-, la CUP ha tomado una decisión sin precedentes: salir del ámbito territorial catalán y presentarse a unas generales.
El 28-A hubo un primer ensayo, la coalición Front Republicà, una amalgama que aglutinó al exlíder de Podem Catalunya Albano Dante Fachin -cabeza de lista-, al Partido Pirata y a Poble Lliure, organización integrada en la CUP. La iniciativa cosechó 113.000 votos y se quedó a las puertas de obtener escaño. 
Ahora, de entrada, las expectativas de los antisistema son mucho más elevadas: un reciente sondeo le concedía hasta cinco diputados. Y es que, la izquierda anticapitalista juega con el viento a favor, tras una sentencia del procés que ha tensado las costuras emocionales de las bases secesionistas.
El vacío de liderazgo en la respuesta institucional a la sentencia del Supremo -el president de la Generalitat, Quim Torra, llegó a formular una propuesta en el Parlament sin haberla consensuado y no recabó el apoyo explícito de nadie- fue ocupado por la calle.
La plataforma Tsunami Democràtic, con el acompañamiento inicial del independentismo oficial, quiso encauzar las protestas, pero su protagonismo duró apenas 24 horas, el 14 de octubre, cuando se publicó la resolución y una multitud colapsó los accesos al aeropuerto de El Prat. A partir del día siguiente, Tsunami cedió la iniciativa a los CDR, cuyas movilizaciones, secundadas mayoritariamente por jóvenes, fueron derivando en disturbios y choques con la policía cada vez más violentos.
Unos disturbios que, al tiempo que agrietaban el relato separatista de la no violencia, también incomodaban al Govern, que tardó en asimilar unos acontecimientos que ahondaron la brecha interna entre ellos e incluso en el seno de JxCat.
fuera diálogo. Quien no ha tenido inconveniente en reivindicar las acciones de los CDR y arremeter contra los Mossos es la CUP, que puede aprovechar la polarización de estas últimas semanas para ampliar sus apoyos electorales.
Sus argumentarios de campaña hablan, como ERC y JxCat, de autodeterminación y amnistía, pero no utilizan la palabra «diálogo», que ven «completamente vacía de contenido» cuando se trata de apelar a una negociación con un Estado que consideran «irreformable». Con la exdiputada en el Parlament Mireia Vehí como cabeza de lista, defienden «extender la rebeldía.
Mientras, los socios del Govern, ya sin sus presos en las listas (inhabilitados), concurren con roles invertidos: ERC cultiva su imagen como partido de la centralidad separatista que tiende la mano al votante pragmático que en su día fue fiel a Convergència, aunque ello pueda provocarle fugas de los sectores menos moderados.
La cabeza de lista de JxCat, Laura Borràs, se encarga de recordar veladamente en sus mítines que ERC ofreció «a cambio de nada» sus votos para investir a Sánchez tras el 28-A y se reafirma en que ella no lo hará tras el 10N.
Los republicanos, que concurre con Gabriel Rufián como número uno, evitan entrar en el cuerpo a cuerpo, aunque a veces saca a colación el pacto de JxCat y el PSC en la Diputación de Barcelona.
La CUP, mientras tanto, sitúa a ERC como «partido de centro» que emula a CDC y denuncia que tanto republicanos como sectores de JxCat buscan un regreso a los años de «paz pujolista».
Además, el resultado que obtengan el 10-N clarificará sus opciones de cara a unos próximos comicios catalanes que voces independentistas auguran para el primer semestre de 2020, sea por una inhabilitación de Torra o por no haber podido aprobar los Presupuestos.