(Reportaje) En el campo base de la desescalada

Sergio Arribas
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Atrás quedan aquellos «terribles días» con 50 ingresos diarios por la Covid-19 en el Hospital General, donde aún existen tres plantas para atender a los enfermos. «Hay más claridad, pero aún no vemos luz al final del túnel», afirma el doctor Moreno.

Un enfermero y un conductor de ambulancias se saludan, con el codo, a las puertas del Hospital. - Foto: Rosa Blanco

El monstruo ha dinamitado todas las rutinas en el Hospital General de Segovia. Pese al poder destructivo del virus, aún no ha logrado trastocar la hora —a las ocho en punto—en la que, cada día, el doctor Javier Moreno Palomares, jefe del servicio de Medicina Interna del Hospital General, despacha con su equipo médico para conocer ingresos, posibles incidencias de las guardias y distribución del trabajo. La Covid-19 no ha podido cambiar la hora de la reunión, aunque sí ha logrado copar su contenido y todas las conversaciones de los profesionales. 

En este foro, hace menos de una semana, uno de los doctores lanzó la pregunta a sus compañeros sobre cuántos de los presentes se habían ido a su casa en días precedentes «con ganas de llorar». Todos levantaron la mano. Al ver la contestación, lanzó una segunda cuestión: «¿y cuántos al llegar a casa habéis llorado?». La respuesta, a mano alzada, fue igual de contundente. La anécdota la cuenta el doctor Moreno para reflejar lo «duro» que es enfrentarse «muchas veces con sensación de impotencia» al monstruo, una enfermedad aún muy desconocida «y de la que seguimos aprendiendo», aclara.

«Al principio se hablaba que afectaba a personas con comorbilidad, es decir, con patologías previas, pero aquí hemos tenido que ingresar a personas jóvenes... y las cosas no han ido bien», confiesa el doctor Moreno, quien, al estrés y aumento de carga de trabajo, añade el aislamiento social que afecta a toda la población, más agudo en su caso, pues su familia vive fuera de Segovia y lleva más de dos meses sin ver a sus hijos.

El jefe de Medicina Interna, Javier Moreno Palomares.El jefe de Medicina Interna, Javier Moreno Palomares. - Foto: Rosa Blanco

El doctor Moreno se sincera, con el rostro oculto tras una mascarilla, en los exteriores del Hospital General, vetado a la entrada de los periodistas mientras dure el estado de alarma. Ha tenido la amabilidad de bajar para hablar con El Día de Segovia a la puerta principal del centro hospitalario, donde existe un mínimo trasiego, a cuentagotas, de sanitarios que entran y salen de sus turnos de trabajo o de los pocos pacientes que pueden traspasar la frontera como mujeres embarazadas que acuden a revisión y, desde hace unos días, enfermos crónicos que precisan ‘sellar recetas’ para medicamentos especiales o quienes, con patologías similares, acuden para que les ‘pinchen’ para un análisis de sangre. 

Uno de esos pacientes es Juan Díaz Otero, traumatólogo jubilado, trasplantado de riñón y que, cada dos meses, acude a que le «sellen la receta» para lograr sus medicamentos en la farmacia. «Claro que tengo miedo y el que no lo tenga es bobo. A partir de los 50 años esta enfermedad es grave y en mis circunstancias más, pero no tengo más remedio que venir».

Desde las cristaleras de las grandes puertas giratorias, se adivinan los restos de la batalla en el hall de entrada, cuando en el Hospital General ingresaban entre 50 y 60 pacientes, muchos con neumonías graves, incluso en ambos pulmones, provocadas por el coronavirus. Tal fue el aluvión de entrada de enfermos Covid-19 por Urgencias, que la sala de espera de los familiares se trasladó a este hall principal, que mantiene su función, como lo acreditan media docena de sillas de ruedas aparcadas y el cartel que luce en la cristalera: «solo se permite un acompañante por paciente ingresado. Se debe evitar salir de la habitación y estar en los pasillos. Prohibido el acceso a menores».

Imagen captada en el interior del Hospital General.Imagen captada en el interior del Hospital General. - Foto: D.S.

Un búnker. El Hospital General es un búnker, aunque la guerra no está fuera, se libra dentro; y, por fortuna, la batalla se va ganando, pues «lo peor parece haber pasado», según los testimonios de quienes pelean con el ‘bicho’ entre sus muros.

Prueba de ello es también la conversación que, al día siguiente,  el martes día 21—también en el exterior del recinto—mantiene el jefe de gestión del Hospital, Francisco Álvarez, con tres militares del Regimiento de Ingenieros número 11. Los militares vienen una vez a la semana desde Salamanca para vigilar el mantenimiento del hospital de campaña que se instaló en la zona del parking y que nunca fue operativo; entre otros motivos, por falta de dotación médica y la imposibilidad de canalizar oxígeno para alimentar los respiradores. «Si no tenemos un pico [de ingresos], se podría comenzar a desmontar [el hospital de campaña] la próxima semana», les transmite a los uniformados. Los trabajos comenzarían este sábado, cuatro días después. En paralelo a la evolución de la pandemia, superado el ‘pico’ de contagios, el Hospital General, el campo base, ya muestra algunos signos de la ‘desescalada’, con el objetivo, aún lejano, de recuperar la normalidad.

«Como una película». Con más altas que ingresos por Covid-19 y una notable disminución de la presión en Urgencias, el Hospital General de Segovia respira tras el colapso que vivió hace menos de un mes y que el doctor Moreno tiene aún grabado en su retina. «Venía a trabajar por una ciudad tranquila y entrabas al Hospital, sobre todo antes, y era —subraya— como si entraras al rodaje de una película, algo increíble». 

Aplausos a las ocho de la tarde a las puertas del centro hospitalario, en una imagen recogida este lunes.Aplausos a las ocho de la tarde a las puertas del centro hospitalario, en una imagen recogida este lunes. - Foto: Rosa Blanco

«Ahora cada día tenemos menos enfermos ingresados en la zona de hospitalización de Medicina Interna y de todo lo que depende de ella, y aunque la UCI sigue llena, ya es distinto, hace un mes, a finales de marzo, esto era una locura (…) no tenía muy claro de que fuéramos a ser capaces de hacernos con la situación».

Cuando aparecieron los primeros casos Covid-19, fueron los servicios de Neumología, Medicina Interna y Geriatría, quienes asumieron su atención. «Pensábamos —comenta Moreno— que no iba a ser para tanto y formamos un pequeño equipo para trabajar conjuntamente. Sin embargo, llegó un momento en el que vimos que no nos podíamos hacer con ello. Entonces, la Gerencia del Hospital dio orden a todo el área médica, es decir de todas las especialidades, a enfocar sus esfuerzos al tratamiento de estos pacientes».

El doctor Moreno fue designado para coordinar la atención en todo el Hospital. La doctora Ana Carrero, especialista en enfermedades infecciosas, recuerda que el equipo planificó protocolos y recursos que se vieron desbordados de forma rápida, pues «en tan solo unos días todo cambió a mucho peor (...) fue algo salvaje», comenta.

El jefe de gestión, Francisco Álvarez, conversa, este martes, con militares que instalaron el hospital de campaña y que ya ha empezado a desmantelarse.El jefe de gestión, Francisco Álvarez, conversa, este martes, con militares que instalaron el hospital de campaña y que ya ha empezado a desmantelarse. - Foto: Rosa Blanco

Fueron los días en los que el Hospital llegó a contabilizar entre 50 y 60 ingresos diarios por la Covid-19, obligando a adaptar nuevas zonas para acoger a los pacientes que llegaban por oleadas, como el salón de actos, el gimnasio de rehabilitación y hasta la cafetería. Los pacientes «no Covid» fueron derivados al Hospital Recoletas-Misericordia, de gestión privada, que enviaba, a su vez, al Hospital  General a enfermos sospechos de contagio con coronavirus.

El área de Medicina Interna —que se encarga de enfermedades infecciosas—tiene 100 camas «y hemos tenido más de 300 enfermos ingresados a nuestro cargo, es decir, ocupando casi todo el Hospital, estábamos absolutamente desbordados, todo era Covid-19, salvo cosas muy puntuales, por si había que atender algún parto».

Comparado con aquellos días, la presión ha disminuido de forma apreciable. Los pacientes Covid-19 aún ocupan la segunda, tercera y cuarta planta del Hospital. Los enfermos agudos de psiquiatría, que ocupaban parte de esta planta, fueron trasladados al centro de Servicios Sociales La Fuencisla, donde aún permanecen. El salón de actos y el gimnasio mantienen enfermos de la Covid-19.  Sin embargo, las dependencias de Obstetricia y Ginecología ya no tienen camas ocupadas por enfermos con coronavirus; mientras que tampoco hay pacientes en la zona de cafetería que se habilitó como espacio de cuidados intermedios, aunque allí se mantienen las camas y tomas de oxígeno. También está preparado el hall —entre lo que eran las cafeterías de pacientes y sanitarios—con el mismo equipamiento, aunque no se ha llegado a usar nunca.

Un policía local saluda a un conductor de ambulancia.Un policía local saluda a un conductor de ambulancia. - Foto: Rosa Blanco

En el Hospital General ya se diferencian las zonas ‘limpias’ de las ‘sucias’, entendidas éstas como los espacios donde hay enfermos con coronavirus y en las que es obligario acceder con un equipo de protección individual (Epi).

Miedo al «rebrote». ¿Empezamos a ver el final del túnel? «Se ve un poco más de claridad —dice el doctor Moreno— pero el final del túnel, no. Tenemos mucho miedo, lo decimos siempre que nos juntamos. La semana pasada se abrió un poco la mano con el confinamiento, con la vuelta a la actividad de algunos sectores y si eso ha sido un problema empezaremos a ver los posibles efectos negativos en las próximas semanas».
«En mi vida pensé que iba a vivir esto», confiesa a continuación el especialista, que se declara «muy orgulloso de mi gente», de todos los sanitarios y personal del Hospital, que «tuvieron claro que había que dejar todo para trabajar juntos (…) Y hemos sido capaces nosotros solos».
Es entonces cuando surge la pregunta. «¿Se han sentido abandonados?». «Por parte del Hospital no. Creo que con eso ya te lo he dicho todo», responde el doctor Moreno, que debe regresar a su despacho en el Hospital, donde por la tarde está enfocado a la consulta telefónica con los pacientes de Medicina Interna, otro pequeño signo de progresiva vuelta a la normalidad.
«Nos da mucho miedo a lo que está pasando con todos los enfermos que no estamos viendo. Las consultas que se cancelaron estamos volviendo a citarlas, les llamamos, por lo menos, para analizar resultados de pruebas que se hicieron en su día. Intentamos retomarlo. La Covid-19 es una enfermedad aguda muy importante, pero los otros pacientes siguen teniendo enfermedades crónicas que precisan un control y vigilancia. Está empezando a haber algo de normalidad, pero para la absoluta, aún tardaremos un poco».
El doctor Moreno regresa al interior del Hospital. Es lunes por la tarde y en los alrededores del recinto hospitalario no hay un alma; apenas un par de sanitarios que, alejados de la puerta, apuran un cigarrillo para combatir los nervios.

La casualidad hace que aparezca, camino del aparcamiento, el jefe de Radiología, Javier Rodríguez Recio, artífice de la ambulancia con un equipo de rayos portátil que recorre desde hace unos días los centros de salud de la provincia para hacer radiografías a los pacientes Covid-19 y minorar, así, la afluencia al Hospital General.

El conductor de ambulancias, Raúl Segovia.El conductor de ambulancias, Raúl Segovia. - Foto: Rosa Blanco

A todo afectado por el coronavirus se le debe realizar una placa de tórax, de manera que la actividad de este servicio en el Hospital es un buen termómetro para comprobar la mejor situación del centro hospitalario. «Por lo que he visto de rayos, los ingresos están estables. Este fin de semana los compañeros que han estado de guardia me han comentado que hemos tenido un incremento de urgencias digamos habituales», explica el doctor Rodríguez Recio. Sigue llegando «algún Covid» al Hospital, mientras que entre los 120 pacientes infectados revisados en la ambulancia ‘Rayos x’ , en seis pueblos, «solo hemos tenido cuatro» a los que se envió a Urgencias para valorar su ingreso en el Hospital.

«De calma-chicha». «Estamos en un momento de calma chicha, por así decirlo, expectantes a ver qué va a pasar, si esto rebrota o no», explica el radiólogo, que precisa cómo «estamos mucho mejor que hemos estado. El Hospital está en menos de la mitad de lo que tuvimos en los días malos. Aquello fue la guerra, una cosa increíble, entraban en urgencias uno, otro, y otro más…. Y todos malísimos. Ahora seguimos viendo pacientes, pero graves muy pocos». Rodríguez Recio compara estos «días horribles» con los que vivió cuando, como médico residente, en el Clínico de Valladolid, atendió a pacientes del Síndrome Tóxico, envenenados por el aceite de colza, aunque «ahora creo que ha sido peor». 
«¿Es que nadie va a venir a ayudarnos? ¿es que no se enteran en Valladolid de lo que pasa en Segovia? Es lo que me he preguntado muchos días. Tenía razón el presidente del Colegio de Médicos, Enrique Guilabert, cuando habló de una sensación de abandono», apunta Rodríguez Recio.

Para hacer frente a la carga asistencial en los peores días, ‘Rayos X’ llegó a tener hasta cuatro radiólogos de guardia, un refuerzo que ya no es tan necesario. «Se ha hecho largo, muy duro, noto el cansancio en mi equipo. Fueron días de mucho acumulo de horas», explica.

El jefe de radiología del Hospital General, Javier Rodríguez Recio.El jefe de radiología del Hospital General, Javier Rodríguez Recio. - Foto: Rosa Blanco

A las puertas de Urgencias están Raúl Segovia y Roberto Bernardos, conductores de ambulancia. El primero acaba de dejar aquí a los dos enfermeros que, esta tarde, se han encargado de hacer los test PCR a pacientes Covid-19, quienes sin bajarse de sus coches, se han sometido a la prueba. No hay mucha distancia entre la cuarta planta del parking del Hospital, donde se realizan las tomas de muestras, y el edificio hospitalario, aunque se antoja imprescindible el uso de la ambulancia para proteger el material recogido hasta su llegada al laboratorio. 

Raúl lleva cinco semanas prestando ayuda a los enfermeros que hacen los test, sea en el parking del Hospital o en sus desplazamientos, por la mañana, a las Residencias de Mayores de los pueblos para hacer las pruebas a los residentes. En esta crisis, su ambulancia también ha recogido enfermos graves para llevarlos, de urgencia, al Hospital y a pacientes que reciben el alta hospitalaria y que «aunque siguen contaminados, se les lleva a su domicilio o a la  residencia para que pasen la cuarentena». «Más que miedo —dice— se tiene mucho respeto, es un virus muy contagioso y tomamos todas las medidas, pero un descuido lo tiene cualquiera».

«Cada vez hay más altas». Su compañero, Roberto, se prepara para trasladar a una paciente que acaba de recibir el alta hospitalaria. «Sí se ha notado que hay menos afluencia a Urgencias [de pacientes Covid-19] y también que, cada vez, hay más altas hospitalarias», explica Roberto, que subraya la enorme carga de trabajo que han tenido que soportar los empleados del transporte sanitario. «Estaría bien que las empresas tuvieran un detalle con los trabajadores», comenta.

La enfermera Chari Sancho, durante el aplauso a las puertas del Hospital General.La enfermera Chari Sancho, durante el aplauso a las puertas del Hospital General. - Foto: Rosa Blanco

A punto de dar las ocho de la tarde, hasta las cercanías de la puerta de Urgencias llegan tres coches patrulla de Policía Local y otros tantos del Cuerpo Nacional de Policía. En pequeños grupos salen los sanitarios, con batas verdes, azules y blancas. Un sonoro aplauso, acompañado de las luces y sonidos de sirenas de dos ambulancias y los vehículos policiales, representan el habitual agradecimiento, al que se unen desde las ventanas más sanitarios.

El broche final lo ponen los abrazos —con el codo—de sanitarios y entre éstos con un policía local. «Es que me emociono», dice la enfermera Chari Sancho, que lleva 45 años trabajando en el Hospital General. Entró al año siguiente de su inauguración. «Hemos tenido pacientes Covid-19 en maternidad y estaban muy agradecidos con nosotros. Hemos estado hasta la bandera, pero ya no los tenemos. La cosa ya no tiene nada que ver, por fortuna».

60 pruebas diarias PCR. «No os acerquéis mucho a ese cubo», avisa el enfermero Mario Manso, señalando el lugar donde deposita los guantes y resto de material empleado en cada prueba que realiza a enfermos aún contagiados o que en su día dieron positivo. Los pacientes llegan en su coche y sin bajarse del vehículo el enfermero les toma las muestras que después llevará al laboratorio.

El médico jubilado Juan Díaz Otero.El médico jubilado Juan Díaz Otero. - Foto: Rosa Blanco

Mario, junto con su compañera Marian López, se encargaba, este lunes, del ‘Covidauto’, las pruebas PCR a pacientes Covid-19 en la cuarta planta del parking del Hospital General. De los dos, Marian es quien siempre, desde hace cinco semanas, ha estado encargada de tomas los datos y volantes médicos de los enfermos citados, todos personal de riesgo —sanitarios, empleados de residencias de mayores o policías-— «y todos sintomáticos, que supuestamente tienen el virus».

Al principio se comenzaron haciendo unas 40 pruebas; hoy han sido 60 y el objetivo es alcanzar las 70 diarias. «La diferencia con el principio es que ahora vienen a hacerse la segunda o tercera prueba para ver, si por fin, dan negativo», comenta Mario, quien, al igual que su compañera, adopta las máximas medidas de protección. «Nos dejamos siempre el mismo Epi, no tenemos muchos, la verdad. Y con cada persona nos cambiamos de guantes y hacemos un lavado de manos con solución hidroalcohólica», explica.

Por la cuarta planta del Hospital General han pasado Henar García, sociosanitaria que trabaja en la Fundación Personas, en el Sotillo. «Llevo de baja un mes y espero que esta prueba sea ya negativa para poder reincorporarme al puesto de trabajo, hay compañeros que ya necesitan relevo», dice. También ha acudido Concha Aznar, trabajadora de la Residencia Asistida. «Me encuentro bien, pero he estado hecha polvo, malísima. Se pasa muy mal. Esto no es una gripe», explica Concha, que ha pasado sola en su domicilio la cuarentena. «En la Residencia hay sido algo catastrófico. Caí de las primeras y sé que mis compañeros han hecho un trabajo encomiable», asegura.

La cafetería fue adaptada para albergar camas. Hoy ya está vacía de pacientes.La cafetería fue adaptada para albergar camas. Hoy ya está vacía de pacientes. - Foto: D.S.

Otro de los pacientes Covid-19 que acude a la prueba es Diego González, educador social en un centro de menores. «Somos los grandes olvidados», lamenta Diego, que lleva 4 semanas con todos los síntomas y todavía «me siento bastante regular, con mucho cansancio, que no se me quita». Tras comentar que su mujer también fue contagiada, Diego espera que la prueba sea negativa, aunque «ya me han dicho que la tos se me puede quedar durante meses».

 

 

Marián López y Mario Manso, enfermeros encargados de realizar los test en el 'Covidauto'.Marián López y Mario Manso, enfermeros encargados de realizar los test en el 'Covidauto'. - Foto: Rosa Blanco

Una paciente Covid realizando la prueba PCR en el parking del Hospital.
Una paciente Covid realizando la prueba PCR en el parking del Hospital. - Foto: Rosa Blanco