COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Pablo Iglesias también perdió

La debacle electoral cosechado por el Partido Popular debido a distintas circunstancias, según quien realice el análisis, ha enmascarado el desastre electoral cosechado por Unidas Podemos, que puede tener consecuencias más allá de los hipotéticos acuerdos que puedan alcanzar con el PSOE sin que puedan determinar como se articularán.

Unidas Podemos ha sufrido una derrota sin paliativos, también enmascarada porque el PSOE ha logrado recuperar las pérdidas sufridas por el partido liderado por Pablo Iglesias. El 28-A UP se ha dejado más de 1,1 millones de votos y casi siete puntos porcentuales que han supuesto la pérdida de 29 escaños, mientras que el PSOE ha recuperado dos millones de votos y un 6% y 38 escaños más.

UP se recuperó durante la campaña electoral por méritos propios y la estrategia de otros. Durante buena parte de la campaña electoral los socialsitas coquetearon con Ciudadanos, fue el ganador del segundo debate televisado, limó las aristas más radicales de su discurso, se podía haber beneficiado del temor al tripartido de derechas y por haber apoyado los acuerdos más importantes adoptados por el Gobierno desde la moción de censura.

Y, sin embargo, nada de eso ha ocurrido porque han pesado más sus errores anteriores, el proceso de división interna que han ocurrido en muchos lugares, que le han llevado a perder en comunidades autónomas como el País Vasco o Cataluña donde ganaron con nitidez hace tres años. Algunas confluencias como en Galicia concurrieron por separado y todos perdieron. A eso se suma la ambigüedad sobre el problema territorial con su apuesta por un diálogo que conduzca a un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Las consecuencias de esa pérdidas son visibles en el debate que se ha desatado sobre su petición de un gobierno de coalición con los socialista para apoyar la investidura de Pedro Sánchez y la preferencia de los socialistas por la geometría variable. Unos datos mejores habría condicionado con mayor fuerza al PSOE, sobre todo si hubieran sumado una media docena de escaños más que no hiciera necesario contar con tantos partidos pequeños a la hora de negociar, dado que en la situación actual falta el escaño 176 para la estabilidad parlamentaria, por lo que los socialistas parecen decantarse por la geometría variable.

Las consecuencias de la pérdida de fuelle de Unidas Podemos, sin embargo pude notarse con mayor fuerza en el caso de las elecciones municipales y autonómicas. Pese a que no son homologables, una trasposición de votos -con su recuerdo muy reciente- a las elecciones municipales y autonómicas puede derivar en un cambio y recuperación por la derecha de muchos de los ayuntamientos del cambio, y poner en dificultades la reedición de gobiernos socialistas con la suma de las tres derechas que apunta en el horizonte, de tal forma que en muchas de las comunidades gobernadas ahora por el PSOE con apoyo externo de UP -o interno como en Castilla-La Mancha puede ocurrir cualquiera. Y eso sin tener en cuenta que en lugares como Madrid la izqieurda se presenta todavía más dividida.

Como Pablo Casado, pendiente de lo que ocurra el 26-M, Pablo Iglesias también ha encontrado con estas cuatro semanas de margen antes de decidir su futuro. Si la izquierda pierde poder territorial también tendría que pensar en la dimisión.