Rápido de pies a cabeza

Patricia Martín
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'Los diez lugares' de Raúl García Castán, atleta

Raúl García Castán, en la Judería. - Foto: [PABLO MARTIN; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ; ;

Raúl García Castán (Segovia, 1970) es campeón de Europa de carreras por montaña y subcampeón del mundo de la Copa del Sky Running y del Km. Vertical. Cinco veces Campeón de España de carreras por montaña; dos veces ganador de la Copa de España de Carreras por Montaña y obtuvo también, en 2010, el Campeonato de España de Km. Vertical. Más de cien victorias y varias veces internacional con la selección. Autor de ‘Con los pies en la sierra’ y ‘Un corredor en las nubes’, además de articulista deportivo.

1. Restaurante Almuzara.  Que no todo es cochinillo en Cochinillolandia. Gruesos muros, vecinos de los de la catedral, albergan el buen hacer de María y su señora madre, empeñadas en hacernos creer que sano y rico son sinónimos y no antónimos, como pensábamos. Y nos han convencido, oiga.  
2. De Carrerilla. Tienda de ropa y artículos deportivos sita en la Calle Real, donde Ricardo, Richi para su legión de amigos, atiende a propios y extraños con sonrisa adolescente y mano maestra, sólo apta para aquel que ha mamado el oficio de comerciante desde la cuna. Una tienda como las de siempre, moderna como nunca.
3. El Palacio de Valsaín.  Antiguo pabellón de caza erigido por los Trastámara, que tras sucesivas ampliaciones reales, Felipe II convirtió en bellísima residencia veraniega. Se encuentra en un estado de ruina más o menos irrecuperable. Siempre ha preferido una buena ruina a una mala restauración, pero sería deseable,  hasta urgente, sanear el entorno de este bello y maltratado pedazo de nuestra historia, que se halla en vergonzoso estado de desamparo.
4. La calle de la Judería Vieja. Parte de la plaza del Corpus,  siendo, más que calle, callejón, para desemboca, tras breve intervalo, salpicado de blasonadas casonas, en un costado de la Catedral. En la lejana adolescencia, bequeriano empedernido que uno era, gustaba de venir a pasear aquí, soñador el gesto y alta la mirada, intentando sorprender tras el visillo, en la medieval ventana, el blanco fantasma de algún amor ideal.      
5. Jardines del Palacio Real de La Granja. Quizá suene tópico, siendo aborigen del Real Sitio, pero no hay tal: los jardines del Palacio de La Granja son su Paraíso íntimo por la inefable belleza de sus plurales espesuras vegetales y sus barrocas arquitecturas y de  otras cosas que podría contar y no caben en esta sección.
6. Antigua Plaza de Toros de Valsaín. Doble paradoja: el lugar no existe y  no le gustan los toros. Enteramente de madera, servía de escenario a los eventos taurinos durante las fiestas del pueblo. Ecologista de nacimiento, miraba para otro lado cuando pinchaban al toro. Hace años, torpemente, sustituyeron la forestal arquitectura por una insípida y aséptica plaza convencional.
7. Museo Provincial. Los museos tienen algo de cementerio de la historia, de playa donde la resaca del tiempo hace arribar los restos del naufragio de la existencia. Los de antes tenían más personalidad, polvo y  mugre imprimen carácter a las piedras. Los modernos ganan en asepsis, y pierden singularidad, entre tanta explicación panelada en plástico y estilismo de diseño. 
8. Convento Casarás. Corrupción fonética de ‘Casa Eraso’, palacete de montaña que Felipe IIse hizo construir para hacer noche, entre  la Corte en Madrid y  el palacio de verano en Valsaín, por las pocas ganas de compartir la venta de la Fuenfría con gentes de baja estofa y que su real esposa, Isabel de Valois, casi malpare, en medio de los pinares.
9. Convento de la Hoz.  En tan ínclito paraje los monjes iban a encontrarse con Dios. Encontrarlo no sé si lograron pero sí es seguro que allí estaban como ídem. La compañía de la soledad, casi puede abrazarse, el cobijo de las ruinas y la música del vuelo de los buitres hacen que descubras, en éste, otros mundos.
10. Fuente Mineral. Pintoresco venero, con un agua con un peculiar sabor ferruginoso. Los aborígenes tienen la poco higiénica costumbre, cuando van con algún foráneo, de poner los morros al caño y soplar con fuerza hacia dentro para conseguir  que el agua salga como la Fanta.