A un metro pero al pie del cañón

Nacho Sáez
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Los trabajadores de supermercados y comercios que siguen abiertos aseguran estar animados tras los primeros días de la crisis.

Jonathan Herrero y Miguel Ángel García, empleados del ultramarinos Sebas, llevan la compra a casa a un cliente. - Foto: DS

Aunque algunas no te dejan pasar de la puerta, como es lógico, a las personas mayores estos días se les ilumina la cara cuando te ven llegar». Jonathan Herrero y Miguel Ángel García charlan con El Día de Segovia mientras se dirigen cargados con la compra a la casa de un cliente. Ya no son los grandes pedidos de hace unos días. «Parecía que se iba a acabar el mundo», señalan estos trabajadores del ultramarinos Sebas, a medio camino entre los barrios de San Millán, Santo Tomás y Santa Eulalia. «La gente ya se ha tranquilizado», añaden.

Lo confirma la Asociación de Supermercados de Castilla y León, que subraya que «desde el lunes la compra está siendo más racional». En los establecimientos de Segovia las estanterías vuelven a estar llenas y empieza a quedar atrás esa imagen de desabastecimiento que no era real. «Y si algún día ves que en tu supermercado habitual falta algún producto, ve al que esté al lado porque seguro que lo tiene», aconseja la secretaria de la patronal del sector, Isabel del Amo, que insiste en el mensaje lanzado por las autoridades en los últimos días: «No hay ningún problema de desabastecimiento, la cadena funciona con normalidad y la gente no va a tener ningún obstáculo para venir a comprar porque somos un sector estratégico».

Una vez superada la avalancha inicial, la atención se centra ahora en transmitir a los clientes las directrices marcadas para evitar que continúe la propagación del virus: hay que acudir individualmente al supermercado, las personas con síntomas deben abstenerse, es recomendable pagar con tarjeta, se debe guardar una distancia de un metro con el resto de clientes y con los empleados… «Y apelamos a que los consumidores sean solidarios a la hora de hacer la compra y se lleven estrictamente lo que necesiten», remacha Del Amo.

Clientas guardando la distancia de seguridad a la puerta de una farmacia de la Calle Real.Clientas guardando la distancia de seguridad a la puerta de una farmacia de la Calle Real. - Foto: DS

Algunos supermercados, como las tiendas DIA, han reducido sus horarios con el objetivo de optimizar la gestión de la carga del trabajo, de continuar dando el mejor servicio a la población y de ayudar a sus trabajadores. Estos se han convertido en uno de los símbolos de la crisis. Como todos los que continúan trabajando de cara al público por estar considerados sus sectores de primera necesidad.

–¿Cómo está?

–Animada aunque yo creo que esto va para largo.

El bullicio ha dejado paso al silencio en el Mercado de La Albuera.El bullicio ha dejado paso al silencio en el Mercado de La Albuera. - Foto: DS

Laura Vázquez, empleada de la gasolinera Rani, la del Acueducto, ejemplifica el coraje de los que se están levantando cada día para vender el pan, el periódico, medicamentos o, como en su caso, para permitir que los conductores puedan repostar. Aunque las cuentas al final del día no salgan. «Una mañana normal vendemos 3.500 litros de combustible, mientras que ahora no llegamos a 1.000», revela la propia Laura a través de un interfono. Ella por suerte puede atender al público con un cristal de por medio para evitar el contacto.

Rosa Muñoz, que se encuentra al otro lado del estanco más cercano a la Plaza Mayor, trata de protegerse con mascarillas y con guantes. «Agradeces que la gente entre tapada y sea respetuosa, pero vienes a trabajar con miedo. Estás vendida porque no sabes si mañana vas a estar bien o no», confiesa tras pegar en el escaparate un cartel en el que anuncia que, a partir del miércoles, solo abrirá de diez de la mañana a dos de la tarde. «Es un acuerdo al que hemos llegado los estancos. Luego cada uno es libre de hacerlo o no, pero creo que la mayoría lo vamos a seguir», indica.

En el quiosco Manolín, las hermanas Nuria y María Ángeles Sanz García agradecen poder trabajar «porque así tenemos la cabeza ocupada». Daniel Álvarez, por su parte, no pierde la sonrisa a la puerta de la pescadería El Salvador. «A los clientes se les ve preocupados, pero tenemos que ser conscientes de que esto va para largo», remarca en medio de un barrio vacío. También atruena el silencio en el Mercado Municipal de La Albuera. «Echo mucho de menos a los niños», apunta Julia Salinas, de la papelería Agrupa2, que suspira por que pronto regrese la normalidad.