COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Silencios cómplices

Cada quien es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Por ese motivo los cuatro candidatos nacionales a la presidencia del Gobierno se pueden lanzar, relanzar y cruzarse preguntas con más o menos cortesía o inquina que el destinatario de las mismas hará oídos sordos, mirará al tendido y en su turno de réplica se olvidará de contestar. Como Pedro Sánchez según la encuestas, es el que tiene más posibilidades de ganar las elecciones, lo que no quiere decir que sea quien vaya a gobernar, hacia él fueron dirigidas las preguntas que teóricamente pueden determinar el futuro del país, los pactos poselectorales y lo que hará, si permanece en La Moncloa con los autores del desafío catalán si resultan condenados.

Pedro Sánchez, por esa posición preeminente que le dan los sondeos y Pablo Casado que tiene la vitola de líder de la oposición y principal alternativa para volver al gobierno no respondieron a sus contrincantes sobre la política de pactos. En verdad se trata, por un lado de poner el carro antes de las mulas, porque no suele ser habitual desvelar que se va a hacer después de que se abran las urnas; y por otro, el asunto se resuelve fácilmente: es cuestión de la aritmética parlamentaria de quien alcanza la mayoría absoluta con quien o quienes porque el reparto de escaños lo resuelve todo, salvo que se dé una situación de bloqueo que obligue a una repetición de las elecciones. Tras el fiasco de 2015 es de esperar que los políticos sean capaces de resolver problemas y no multiplicarlos.

Habrá que esperar a saber, de una u otra forma, a cuántos votantes convencieron los debates y cuantos movieron su voto y en qué dirección. Albert Rivera aparece como el ganador de la primera vuelta en detrimento de un Pablo Casado desdibujado. Si ha logrado contener la hemorragia que sufría su partido hacia Vox y acercarse al PP, al que le va a resultar muy difícil superar, Pedro Sánchez lo puede tener más fácil. Y al mismo tiempo la progresión del partido naranja, si no ha hecho mella en el PSOE, le acerca a un pacto con el que trató de poner distancia en el primer debate, con sus ataques furibundos hacia el líder del PSOE. En un nuevo giro basado en la inexistencia de “dogmas” que le permite variar de opinión,  Rivera - Sánchez le preguntó sin respuesta porque era el objeto de su cordón sanitario- encontrará la razón de Estado necesaria para llegar al pacto. Esto es lo que se malicia Pablo Iglesias, plato de segunda mesa a quien, no obstante, Sánchez trató en el primer debate con guante blanco, porque nunca se sabe.   

Otro tanto ocurre con los indultos a los perpetradores del referéndum ilegal. Casado y Rivera juegan a la chica, cuando la grande es que “no es no” a un referéndum de autodeterminación y, por supuesto, a la independencia. Ese es el punto de partida que han de entender los independentistas catalanes, que ley y diálogo es la única forma de resolver este expediente. Y ahora que Pablo Iglesias ha pasado de querer destruir la herencia del 78 a ser el mayor defensor de la Constitución en los aspectos sociales, solo falta que comience por el principio y pase a defender el Titulo I. Bienvenido al ámbito constitucionalista aunque tendrá que pedir permiso a PP y Cs que por el momento han expulsado de su lado al PSOE.