CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El espejo del alma

Los debates electorales son el espejo del alma. Los contrincantes, solos a la hora de la verdad, sin que sus oráculos les soplen a través del pinganillo qué deben decir, cómo mover las manos o sonríe más, no tienen más recursos que los que les salen de dentro. Aparecen con toda su autenticidad porque además, en el fragor de la batalla pueden decir lo que no es conveniente, caer en la trampa que le pone el adversario, o lanzar una frase hiriente que con frecuencia causa más daño a sí mismo que a quien iba dirigida, porque al político se le exige corrección incluso cuando ataca sin piedad al enemigo, lo que sí está permitido.

El primer round de los dos preparados para confrontar a Sánchez, Casado, Iglesias y Podemos, no pasará a la historia por sus inconmensurables intervenciones. Para esta periodista, destacó Rivera incluso con el abuso de los tarjetones con los que quiso dar más fuerza a sus palabras. Salió a por todas, probablemente para marcar distancias con Sánchez y hacer creíble su promesa de que nunca jamás pactará con él. Le golpeó sin piedad, y también dio fuerte a Pablo Casado aunque más comedido en el ataque, porque si la cosa sale bien en el centro derecha, están condenados a gobernar juntos. Ciudadanos ha superado a Podemos ampliamente y de aquí a cuatro días su objetivo es el sorpasso al PP.

Iglesias se apuntó a la moderación para ver si así lograba superar lo que auguran los sondeos, que le han dejado muy atrás en la pelea, lejos del éxito del 15 y del 16. Esgrimió la Constitución como arma arrojadiza, lo que no deja de ser estrategia pues si de algo ha pecado Podemos es de haber sido escasamente entusiasta con la Constitución, sobre todo en lo que respecta a Cataluña. Parecía que Iglesias se lo quería hacer perdonar. En cuanto a Casado, es más sólido de lo que apareció en ese primer debate, quizá se sentía incómodo por una fórmula que encorsetaba excesivamente las intervenciones, con tanto minutado, los temas pactados y sin que estuvieran permitidos los rifirrafes a dos. Casado, se notaba, se había preparado para transmitir imagen presidencial, pero cuando las cosas están tan ajustadas y se juega tanto en un debate, habría sido más efectivo que bajara a la arena y se fajara ante Sánchez como hace en el Congreso de los Diputados.

Sánchez. También quiso potenciar su imagen presidencial, con cierto tono de condescendencia hacia sus rivales. Se pasó de frenada con su irritante gesto de político sobrado. Tiene, sin embargo, poco de lo que presumir, tanto en lo económico como en su gestión del problema catalán, aunque intentó ponerse medallas.

Dos asuntos quedaron difusos en el primer debate: si Sánchez indultará a los golpistas si continúa siendo presidente, y si Rivera intentaría formar gobierno con Rivera si salen las cuentas. No les interesa despejar las dudas.