(Reportaje) Pioneros en el primer peldaño

Sergio Arribas
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En la 'fase 0', Segovia asiste a una tímida reapertura de sus negocios minoristas, con cita previa, atención individualizada y extremas medidas de higiene. Muchas peluquerías optan por abrir. Gran parte del pequeño comercio ha preferido no hacerlo.

Cristina Francisco, de Peluquería Tendencias - Foto: Rosa Blanco

Estaban llamados a ser los pioneros, a bajar el primer peldaño de la escalera hacia la «nueva normalidad», aunque no todos han dado este primer paso. Desde el pasado lunes, podían abrir establecimientos y locales comerciales minoristas y de prestación de servicios asimilados con menos de 400 metros cuadrados; es decir, desde peluquerías a librerías, pasando por ópticas, talleres o ferreterías, siempre con cita prevista, atención individualizada y unas extremas medida de higiene. También los restaurantes, aunque solo para servicios de entrega a domicilio y mediante la recogida de pedidos por los clientes en el local.

Segovia ha seguido la tendencia del resto del país, donde, al menos en el primer día, apenas abrió el 50% de las peluquerías, el 20% de los comercios de proximidad y un 4% de los restaurantes, según la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA). La reapertura ha sido discreta en Segovia, algunos porque aún no han podido adaptar sus locales; otros porque prefieren esperar a la ‘fase 1’ —que se retrasará en Segovia— y otros porque la baja afluencia prevista para esta primera semana no compensa la inversión en material sanitario para garantizar la protección suya y de sus clientes.

Al lado de la puerta de la peluquería ‘Tendencias’, en José Zorrilla, 29, dos carteles, escritos a rotulador, informan de las estrictas medidas que rigen en el local por culpa de la pandemia. Es un protocolo para clientes donde se avisa que la cita previa será únicamente por teléfono y se informa, entre otros aspectos, del uso obligatorio de mascarilla, gel hidro-alcohohólico y/o guantes y cubrezapatos y que en cada servicio solo habrá un cliente en el salón. También que los útiles y materiales utilizados en cada servicio son desinfectados entre clientes, al igual que la peluquería.

José Domingo Pardillos, en el primer día de apertura, con cita previa, de su librería Entrelibros.José Domingo Pardillos, en el primer día de apertura, con cita previa, de su librería Entrelibros. - Foto: Rosa Blanco

Cristina Francisco, una de las dos socias del negocio, ha levantado la persiana tras casi 50 días. «Aunque tenemos espacio, no vamos a trabajar las dos juntas, lo haremos por jornadas, hasta ver si remite la pandemia», dice Cristina, mientras atiende a una clienta, irreconocible, oculta tras una mascarilla y el secador que envuelve su cabeza.
La peluquería ha asimilado las estrictas normas impuestas por las autoridades sanitarias, como la desinfección del local al menos dos veces al día, una tarea que también se realiza entre servicio y servicio, pues se desinfecta cualquier zona que la cliente hubiera tocado antes de que pase la siguiente. 

El protocolo a seguir dentro de la peluquería —recogido en el segundo aviso colocado a la puerta—  no deja lugar a las dudas. El cliente o clienta debe limpiarse las manos con gel, ponerse después un cubrezapatos –que puede proporcionar el establecimiento—o, en su caso, limpiarse las suelas en una bandeja. A continuación, deberá coger el bolso, el móvil y el método de pago —preferible tarjeta—y colocarlo en la bandeja. Asimismo, debe colocar en un mismo sitio del perchero sus prendas y bolso, antes de ponerse la bata. El uso del baño está prohibido, mientras que al terminar la cita la clienta deberá depositar la prenda o desechable en su contenedor correspondiente.

«Como no tenemos al día de hoy todos los materiales desechables, usamos nuestras batas que son desinfectadas a 90 grados en lavadora, un mínimo de 30 minutos», afirma Cristina, que señala que dado que lavar, cortar o peinar a una distancia inferior a dos metros resulta imposible — «estamos a menos de 50 centímetros de la cara de las clientas»— es obligatorio en todo el local el uso de mascarillas.  El ticket tiene un incremento de 3 euros.

Raúl Santos, de Mercería Marce.Raúl Santos, de Mercería Marce. - Foto: Rosa Blanco

Las clientas que tenían cita antes del estado de alarma gozan de prioridad en una lista que se ha ido completando con llamadas telefónicas y con la que la peluquería ‘Tendencias’ tiene cubierta su agenda para todo este mes de mayo. «No tenemos miedo, más bien respeto», confiesa Cristina, que cree que la vuelta a la normalidad no será sencilla. «Creo —asegura— que geles, mascarillas… seguirán mientras siga la pandemia». 

Los libros no se tocan. Al lado de ‘Tendencias’, está la Librería ‘Entrelibros’. José Domingo Pardillos ‘Pepe’, su propietario, abrió este lunes con las condiciones que recoge el BOE, siempre con cita previa y un dependiente por cliente. El único empleado está en un ERTE y es su propietario quien, con mascarilla y guantes, despachará en la librería, donde el cliente «no puede tocar nada». 

Aunque hoy es el primer día de reapertura, ya con anterioridad había bajado por la tienda, para esos encargos de publicaciones con motivo del ‘Día del Libro’ y del ‘Día de la Madre’ que el librero se ha encargado de repartir por los domicilios. «Nos tuvimos que reinventar», explica Pepe, que ya tiene apuntadas bastantes citas para vender libros en la tienda. «Con estos encargos, estas citas, estoy notando un aire de solidaridad con el pequeño comercio, con las librerías», afirma el comerciante.

Julián Santos, el pasado lunes, media el espacio donde coloca su terraza, del restaurante El Cochifrito.Julián Santos, el pasado lunes, media el espacio donde coloca su terraza, del restaurante El Cochifrito. - Foto: Rosa Blanco

En Mercería Marce, en la avenida del Acueducto, un establecimiento con 60 años de historia, Raúl Santos se afana por entregar, con cita previa, las prendas que le dejaron para ser ‘arregladas’. Algunos son encargos de hace más de dos meses. Ha abierto en la ‘fase 0’, básicamente para esta tarea, aunque también para despachar cualquier encargo telefónico, mientras no puede impedir que, al ver la tienda abierta desde la calle, algún cliente despistado entre a comprar dedales, bobinas, hilos, botones, calzoncillos o mascarillas de tela reutilizables, como ofrece en el escaparate.

Con la tienda cerrada, Raúl ha llevado hilos, velcro y gomas para material sanitario al Hospital y al Ayuntamiento. Provisto de un gran bote de gel y de otro con líquido desinfectante para limpiar el mostrador, Raúl abrirá esta semana en horario de mañana, aunque espera ampliar horario la próxima. «Está muy complicado. No sé cómo vamos a salir de ésta. Ojalá podamos volver pronto a la situación de principios de marzo», afirma, resignado.

«No sueltan el dinero». En la calle Juan Bravo ha reabierto Electricidad Ruíz, otro comercio señero, con 65 años de trayectoria. Al otro lado del mostrador, su propietario, Enrique Ruiz, comenta que ha solicitado un crédito del ICO, «aunque todavía el Estado no ha soltado el dinero». Con un empleado acogido a un ERTE, el establecimiento cumple con la norma de atender solo con cita previa y de forma individualizada. Ruiz mantiene unas medidas higiénicas rigurosas, a base del uso de gel y colonia — «tiene un 80% del alcohol»—, además de lejía y un desinfectante para la limpieza del datáfono y las monedas. «Tenía que abrir. Hay que ponerse en marcha, aunque creo que las cosas no van a cambiar mucho, al menos hasta dentro de dos semanas», comenta Ruiz.

Enrique Ruiz, de Electricidad Ruiz, en la Calle Real.Enrique Ruiz, de Electricidad Ruiz, en la Calle Real. - Foto: Rosa Blanco

«Tenemos que empezar a abrir. Podemos no morir de la pandemia, pero sí sufrir un problema económico muy serio», sostiene Guillermo Minguela, de Óptica Luxot. En la empresa son 16 personas en plantilla, repartidas en cuatro ópticas, aunque Minguela, este lunes, tan solo había optado por abrir una, la de Gobernador Fernández Jiménez, donde ha citado a los clientes que le han llamado estos días. Todos los trabajadores están en ERTE, salvo una empleada, que despacha con Guillermo. «O abrimos pronto y empezamos a generar ingresos… porque los ERTE se acaban. Este local no es mío, pago alquiler, luz, teléfono…. Si no entra gente por ahí [señala la puerta] esto no irá bien”, dice Guillermo, que hoy, confiesa, ha repuesto más de 40 ‘plaquetas’ de gafas —el enganche de goma que apoya en la nariz—un trabajo menor que no cobra, en atención a sus clientes, aunque sí resta tiempo. «Nos viene una crisis muy seria hasta que se recupere el consumo. Fíjate como se guardan en la calle unas distancias tremendas. ¿Te apetecerá venir a comprar unas gafas de sol? La gente tiene que recuperar la confianza y no será fácil».

En el polígono de El Cerro, Daniel Rincón sube hoy por primera vez la persiana de Gilmar, un taller de reparación de chapa, pintura y mecánica del automóvil. Hasta ahora ha trabajado a puerta cerrada, con un 10% del volumen de trabajo habitual. Con los empleados aún acogidos en un ERTE, son los propietarios, como autónomos, los que trabajarán esta primera semana con unas sólidas medidas de higiene.  «El taller ha tenido poco movimiento, esperemos que cuando se flexibilice aún más el confinamiento —dice— y cuando, sobre todo, se pueda circular libremente, podamos tener más volumen de trabajo».

«Hemos hecho descuentos de más del 50 por ciento». Julián Conde, propietario del bar-restaurante El Cochifrito, en la avenida del Acueducto, estaba, este lunes, atareado con el metro, midiendo con exactitud el perímetro del espacio donde coloca su terraza, que pensaba abrir, al 50% en una semana. Solo podrá hacerlo cuando Segovia pase a la fase 1’. «Nos han dicho que hagamos un estudio para ver la viabilidad de espaciar un poco más las mesas», explicaba Julián, el pasado lunes.

Daniel Rincón, de Talleres Gilmar S.L.Daniel Rincón, de Talleres Gilmar S.L. - Foto: Rosa Blanco

En la primera semana de desescalada decidió trabajar en su restaurante con pedidos telefónicos de raciones —por supuesto la de cochifrito— y asados de lechazo y cochinillo; sea con servicio a domicilio —que tiene un coste adicional de dos euros— o para recoger a la puerta del establecimiento.

«Sí que hay demanda», comenta el hostelero, que ofrece sus asados con descuentos «de más del 50%». «Si antes una ración de asado cobrábamos 22 euros, ahora, por un cuarto, que es el doble, cobramos el mismo precio», explica el propietario de El Cochifrito. «El futuro de la hostelería está mal. Este año no habrá turismo y sólo será el público de Segovia. No sé si podré mantener a toda la plantilla. Habrá que aguantar este año y luego tirar como sea. Ahora seguir abiertos es lo más importante».

Optica Luxot, en la calle Gobernador Fernández Jiménez
Optica Luxot, en la calle Gobernador Fernández Jiménez - Foto: Rosa Blanco