TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Alarma

26/05/2020

Ahora que, tras dos meses en estado de alarma, parece que vamos venciendo al virus asoma en el horizonte, si es que no se ha instalado ya entre nosotros, otra alarma, la del odio. Aterra ver las caras de algunos de los «cacerolos» que se manifiestan a diario para exigir la dimisión del gobierno y libertad, libertad, libertad. Destilan inquina, intolerancia, rencor, exactamente igual que quienes les jalean desde las aceras, los balcones y los coches. Y todos con la bandera española encima de sus ropas de marca, como si quisieran establecer distancia entre ellos, los únicos patriotas, y el resto, o sea los social-comunistas, los vendidos al Gobierno, los chavistas, en definitiva los antiespañoles. Y rebrotan esas broncas justo cuando el país más necesita de unidad, sentido común y amplitud de miras, cuando los esfuerzos de todos tendrían que estar enfocados, primero, hacia vencer la pandemia y, después, a la reconstrucción de la economía nacional, el empleo y la propia sociedad, muy tocada y herida por el Covid-19. Pues, no, nada de eso. A enfrentar a los ciudadanos y a dar la impresión de que estamos en una dictadura en la que el Gobierno quiere llevarnos a una situación como la de Venezuela. El asunto provocaría carcajadas si no fuera por su gravedad. ¿De qué falta de libertad se quejan los borjamaris del barrio de Salamanca madrileño y quienes les secundan en otros lugares? Con ese Franco al que siguen añorando sí que había libertad. Y mucha. Tanta que los que no comulgaban con el régimen tenían vacaciones pagadas en la cárcel de Carabanchel. ¿Y qué busca Vox convocando o alentando protestas para convencer a la ciudadanía de que, efectivamente, aquí no hay libertad?, ¿quiere nuevas elecciones, provocar un vacío de poder para pescar en río revuelto?, ¿qué es eso de un gabinete de técnicos?, ¿quién los elegiría, Abascal?, ¿se haría por sorteo en combinación con la lotería nacional? Y en esas estamos. Discutiendo de dimisiones y libertad mientras el virus aun continúa entre nosotros. Y Pablo Casado ansioso por tumbar al Ejecutivo y sentarse en La Moncloa. El patriotismo bien entendido empieza por uno mismo. ¿Por quién si no?