TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La idea-Laporta

30/04/2020

Dicen que va tomando forma en can Barça la idea del regreso de Joan Laporta, a quien algunos imaginan aterrizando en helicóptero en el centro del Camp Nou fumándose un veguero de palmo, otros atravesando una cortina de humo con una chaqueta americana de lentejuelas y Ray-Ban Aviator verdes, otros montado sobre un caballo blanco al galope por Diagonal-Doctor Marañón-Arístides Maillol y Les Corts, otros en un viejo Cadillac segunda mano con los bajos trucados con elevadores hidráulicos mientras suena algo de Dr.Dre, otros…

Y es que el regreso de Laporta es una idea, una ensoñación, un póster amarillento en la pared de un niño que ya alcanzó la veintena. Es un recuerdo que se impone a la realidad, una realidad plomiza por la ausencia de fútbol y difícil de digerir por el empeño de Bartomeu en generar ruido incómodo para cualquier aficionado culé. Es más: su posible vuelta a la planta noble del Camp Nou tendría un efecto moral casi inmediato en un barcelonismo deprimido por un lustro de éxitos del Real Madrid en la mejor época de Leo Messi.

Pero, al margen de efectos morales y ensoñaciones, de buenos recuerdos, guardiolismo y sextetes, Laporta se encontraría un ambiente raro por la exigencia del pasado. La memoria es una tirana lo condiciona todo: vuelves a los años a un restaurante del que guardas un excepcional recuerdo y ya sea por la compañía, las condiciones o una mala elección, de repente la decepción es máxima. Es un restaurante, sí, pero de alguna forma debería haber cumplido con la idea de restaurante que llevabas en la cabeza en tu regreso. Contra eso, contra un pescado seco o una pelotita que no entra, nadie (ni Laporta a caballo) puede hacer nada.