CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El dilema de Pablo Casado

30/04/2020

La semana próxima Pedro Sánchez llevará al Congreso la prórroga del estado de alarma, que deberá tener el respaldo de la mayoría si el presidente de gobierno pretende poner en marcha el plan de desescalada que presentó el martes y que ha creado escasas adhesiones políticas y sectoriales.

De los partidos que apoyaron la moción de censura que presentó Sánchez hace dos años, Junts per Cat ya ha dicho que no piensa aprobar la prórroga, Rufián tampoco está por la labor pero podría cambiar de criterio en el último momento porque ERC se mueve en función de los posibles avances independentistas, y el PNV ha expresado su absoluta disconformidad con el mantenimiento del estado de alarma. Además no comparte la mayoría de las medidas del famoso plan hacia la “nueva normalidad”.

Tres veces se ha aprobado el estado de alarma y su prolongación, decreciendo siempre el número de votos. El problema de ahora es que si no se aprueba la prórroga las medidas diseñadas para vencer al Covid-19 no serían de obligado cumplimiento, y las consecuencias sanitarias perfectamente imaginables.

Pablo Casado se encuentra ante un dilema. Una vez más se siente engañado por un Sánchez que mostró cara dialogante en la conversación que mantuvieron hace 10 días en la que el presidente aceptó crear una comisión parlamentaria sobre el coronavirus, como demandaba el líder de la oposición. Pero la cara dialogante duró lo que duró la conexión. En cuanto acabó, el presidente volvió a su erre que erre: hacer lo que le da la gana con el estado de alarma, promoviendo normas que en algunos casos no tienen nada que ver con la crisis sanitaria, como por ejemplo cuando incluyó una sobre el maltrato doméstico que debió soplarle al oído su vicepresidente Iglesias, que es el que corta el bacalao. Días atrás ya había aprovechado un decreto del estado de alarma para colar que Iglesias se sentara en la comisión del CNI.

Lo que le pide el cuerpo al PP es votar contra la prórroga, pero Casado sabe que, de hacerlo, en el caso de que se produzca un incremento de afectados, lo que puede ocurrir, a Sánchez le faltaría tiempo para insistir en su línea de defensa, perfectamente diseñada: lo que sale mal es culpa de los recortes de anteriores gobiernos del PP -con cifras que falsea y además nunca menciona recortes de gobiernos socialistas- , o por culpa de la mala gestión de gobierno regionales presididos por miembros del PP, con Isabel Ayuso como diana de sus dardos envenenados. Así que con seguridad Casado se vería tachado de irresponsable, e incluso de homicida imprudente, si no apoya la prórroga.

Cuando el adversario que se tiene delante no se inmuta si hay que mentir, engañar o incumplir sus promesas, es complicado ir a la contra. No ha habido líder de la oposición en España en situación más incómoda.