MUY PERSONAL

Francisco Muro de Íscar

Periodista


Nadie puede ganar la Liga del 10N

En política está sucediendo algo parecido a lo que pasa esta temporada en la Liga de fútbol de la división de honor: nadie parece querer ganarla. Cuando el Madrid, el Barcelona o el Atlético tienen la oportunidad de ponerse en cabeza y distanciar a los rivales, pierden o empatan ante rivales más débiles. La Liga ha sido hasta ahora, con escasas excepciones, de un bipartidismo casi perfecto, el de Barcelona y Real Madrid. Pero este año parece que puede ganar cualquiera. La ventaja del fútbol respecto a la política es que quien gane la liga, aunque sea por un punto, es el campeón, se lleva el trofeo y por detrás no hay nada. Solo la decepción. En política hemos pasado del bipartidismo del PP y PSOE, que se han repartido todas las "ligas", a una situación compleja en la que no basta ganar, hay que hacerlo por mayoría absoluta o con la suficiente para poder pactar con otros y lograr los votos que permitan gobernar. Ganar por uno, diez o veinte escaños no sirve si no se alcanza la mayoría suficiente. Haber metido más goles no te da el poder. Necesitas más. ¿Se imaginan lo que sería la Liga si un equipo pudiera sumar los puntos de otros para ganarla, aunque hubiera quedado segundo o tercero? Pues es lo que pasa en la política y lo que tenemos delante de nosotros el 10-N.

Todas las encuestas, salvo la del CIS de Tezanos, pronostican lo mismo: un empate técnico entre los bloques de izquierda y de derecha, con una ventaja del PSOE sobre el PP que va decreciendo poco a poco, una subida de Vox, seguramente debida a la nula política del PSOE en Cataluña y a su gestión de La exhumación de Franco, y sin que el "fenómeno Errejón" sea más que testimonial. Y, además, la caída leve, en el caso de Podemos, y muy fuerte en el de Ciudadanos. Fuera de eso, ningún cambio importante en el mapa electoral y un fracaso, si se confirman los pronósticos, del presidente Sánchez que no quiso pactar en ningún momento, absolutamente confiado en que unas nuevas elecciones le darían la mayoría suficiente para gobernar. Aunque las cosas cambian cada día y los independentistas catalanes, encabezados por su Govern y enviados al abismo por Torra, están dispuestos a crear un enfrentamiento que provoque una actuación firme del Gobierno español, no parece que nadie esté en condiciones de decir que va a ganar. Así que habrá que hablar de pactos y los partidos deberían dejar claro sus compromisos preelectorales. Entiendo la reticencia a hacerlo hasta saber con cuántos votos va a contar cada uno, pero los ciudadanos tienen derecho a saber con claridad si va a haber líneas rojas o no y cuáles son. Pedro Sánchez ha dicho ya que no habrá pacto con el PP --que, en mi opinión, va a ser la única salida posible si no se produce un vuelco en las elecciones-- y Pablo Casado sostiene que va a ganar y que no sostendrá a un PSOE necesitado de sus votos. Solo Ciudadanos ha dejada abierta puerta, pero es posible que sus escaños sean irrelevantes.

Podemos pone como condición su entrada en el Gobierno --y Sánchez sabe que eso es dinamita si no tienen una mayoría muy alta--. Lo de Errejón es una anécdota. Y si el PP necesita a un Vox aparentemente creciente, ¿se arriesgará a gobernar bajo una amenaza constante y unas posiciones extremas, en muchos casos, inaceptables? Somos un gran país con muchos problemas que solo pueden resolver la generosidad y la grandeza de miras de los dos grandes partidos. Solo unidos pueden ganar la Liga y sentar las bases de lo que debe ser el futuro. Esta Liga no es para 'hooligans', es para ciudadanos.