TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Mojigatos

Si algo no se pueden permitir los que gobiernan el fútbol desde los despachos, sobre todo en el más alto de los niveles (donde se mueven los elegidos, los futuros campeones), es la mojigatería: escandalizarse con demasiada facilidad o comportarse con falsa humildad o timidez simulada para conseguir algo. Estamos en los tiempos del puño de plomo, el que cae sobre la mesa con fiereza y dicta sentencia. ¿Que piden cien? Como éstos. ¿Que mi entrenador necesita dos? Le doy tres. ¿Que amenazan con llevarse a uno de los míos? Pues yo oferto por dos de los suyos.

En el momento en que alguno tira de falsa humildad o se muestra pusilánime ante un micrófono porque la presión popular tal o la presión mediática cual, comete un error de bulto. Son días en los que algunos se comportan con debilidad ante dos de los mejores peloteros de la década, Neymar y Griezmann. Se sienten abiertamente culpables de decir que los quieren, porque el primero es un saco de problemas vestido de futbolista y el segundo un traidor que por lo visto se rió de un club entero; es decir, de alguna manera están anteponiendo un cliché a una realidad futbolística y los perjuicios de un personaje a los beneficios de un jugador, luego se comportan como si gestionaran un club británico de buenas maneras, chaquetas cruzadas y meñiques alzados y no un club de fútbol de elite, donde quien no muerde es mordido.

«Quiero a Neymar». «Vendrá Griezmann». Frases cortas, directas y fáciles de entender, tal vez dolorosas para quienes viven instalados en la mencionada mojigatería, pero justas con un momento en que de puro ser políticamente correctos, incluso los más fieros negociadores están empezando a dar un poquito de repelús: sean sinceros, duela a quien duela.