Un equipo segoviano, subcampeón mundial de dardos

Nacho Sáez
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Los Fnobnos han participado en Las Vegas en el campeonato de la NDA.

Un equipo segoviano, subcampeón mundial de dardos

Son muchos los que aún se acuerdan de Los Fugitivos, un equipo de dardos que se hizo célebre en Segovia por la cantidad de éxitos que cosechó. «Pero los dardos ya no son lo que fueron en Segovia», reconoce Gonzalo Rubio, uno de los integrantes del equipo que lleva camino de suceder a aquel mítico. ‘Los Fnobnos’, que así se llaman, se clasificaron para el Mundial de dardos que se ha celebrado en Las Vegas. Un sueño que  se ha hecho realidad gracias a la victoria que consiguieron en el campeonato nacional celebrado en La Nucía (Alicante).
Allí se alojaron en un chalet con todas las comodidades. Es el capricho que se han permitido con los premios en metálico que han conseguido. A pesar de que son numerosos los jugadores en España que se dedican profesionalmente a los dardos, a ellos ni siquiera les da para sacarse un sobresueldo que complemente lo que ganan en sus respectivos trabajos. Además de Gonzalo, que es comercial, forman parte del equipo Daniel Moreno, informático; Diego González, empleado de servicios funerarios; y Abel Aragoneses, transportista, aunque este último no ha ido a Las Vegas y en su lugar lo ha hecho un madrileño, Diego López.
Su lugar de encuentro es el Bar Los Leones, en El Sotillo, donde se miden cada semana contra equipos andaluces, vascos, catalanes o valencianos sin que nadie tenga que desplazarse. Es la ventaja de las nuevas tecnologías, que permiten que ellos y sus rivales puedan verse mutuamente mientras lanzan a pesar de estar a varios cientos de kilómetros de distancia. Las dianas incluyen cámaras e incluso se graban las partidas para evitar cualquier tipo de suspicacia, tal es la evolución en este deporte.
‘Los Fnobnos’ tienen su centro de operaciones en Los Leones desde que comenzaron a formar el equipo. Primero se conocieron Gonzalo y Daniel y más tarde se unieron Diego y Abel para dar forma a un proyecto que es más ocio que compromiso. Una mayoría reconoce que no entrena y que sólo coge los dardos para la partida de liga semanal que disputan contra equipos de otras provincias. Lo que hacen es mantener una afición que «suele nacer cuando tienes 16 o 17 años, aunque hay gente que empieza más tarde», según explican.
La enorme pasión por esta disciplina que hubo en Segovia les arrastró también a ellos. Raro era el bar que no tenía su diana –ya electrónica pero no tan avanzada como las de ahora– y raro era el grupo de chavales que no quedaba los viernes para jugar al 301. Ahora se han impuesto el botellón y los teléfonos móviles, y cada vez resulta más complicado que junto a las barras haya alguien midiendo su puntería con los dardos. Sin embargo, ‘Los Fnobnos’ cuentan que está en auge en otros lugares y que incluso el 80 por ciento de los jugadores de la primera división española –ellos están en segunda– son profesionales. Los dardos mueven mucho dinero y los integrantes de este equipo segoviano creen que podrían ganar un pellizco si cada fin de semana acudieran a un campeonato.
Poder visitar ‘la meca de los casinos’ es una oportunidad que no se tiene todos los días y han querido aprovecharla. «Aquí el único método para mejorar es practicar muchas horas, tener mucha dedicación», cuentan. Ellos juegan al cricket y al 501. El primero consiste en cerrar los diferentes números que hay en la diana y gana el que primero lo consigue. El 501, mientras, se basa en ir descontando puntos desde esa marca hasta llegar a cero. E igual, el primero que lo hace se lleva la victoria.
«Es un deporte muy bonito y muy sano», resalta Gonzalo, que conoció a sus compañeros de equipo a través de los dardos. Sus novias les acompañan en esta pasión que hace que tengan ya en Los Leones su segunda casa. El responsable del bar les trata como si fueran su familia y no duda en salir a hacer compra al supermercado al enterarse de que tienen previsto acudir esa tarde.
Ya no están sólos ‘Los Fugitivos’ como leyendas de los dardos en Segovia, aunque quizás más que un equipo de referencia, sería más importante que se recuperase la afición por esta disciplina que a principios de los noventa convirtió numerosos bares de la capital y la provincia en santuarios. Ahora, por desgracia, jugar en un bar se identifica más con las apuestas deportivas que con los dardos o el futbolín, que también tiende a la desaparición mientras los jóvenes se convierten en adictos al juego.