A la tercera fue la vencida

M.R.Y. (SPC)
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Israel evita una cuarta convocatoria electoral en un año tras el inédito acuerdo entre Gantz y Netanyahu, que seguirá al frente del Gobierno durante otros 18 meses y podría llegar a esquivar sus causas judiciales

El primer ministro ha conseguido sacar rédito de la actual pandemia para continuar en el cargo durante otro año y medio más. - Foto: POOL New

Que «no hay dos sin tres» o que «a la tercera va la vencida» pueden ser los dichos populares que ahora mismo mejor definan a Benjamin Netanyahu, quien, después de tres citas electorales en menos de un año en Israel -abril, septiembre y marzo- y sin conseguir una mayoría suficiente para formar Gobierno en ninguna de ellas -llegó, incluso, a perder las segundas- seguirá al frente del Ejecutivo de Tel Aviv al menos otros 18 meses. 
Si se puede definir a Netanyahu con dos palabras, esas son histórico y superviviente. Y es que es el primer ministro que lleva más tiempo en un cargo -11 años- que revalidará a pesar de estar imputado por tres casos de corrupción, de los que será juzgado, previsiblemente, mientras esté al mando del Gabinete de emergencia nacional acordado con su principal opositor, Benny Gantz, en una alianza inédita e impensable.
A la espera de que el Tribunal Supremo se pronuncie sobre la posibilidad de que pueda ser premier pese a estar imputado -algo que está prohibido por ley para un ministro-, el conservador ha sabido resurgir como ave fénix y, sobre todo, ha aprovechado la actual crisis sanitaria para sacar pecho de su gestión y rédito de la situación.
Y es que parecía impensable que Gantz sucumbiera a Netanyahu y, sobre todo, permitiera que este pudiera seguir gobernando. Es más, el principal objetivo de la oposición -ahora rota por culpa de esa negociación- era sacar del poder a Bibi -como se le conoce coloquialmente- y sentarle en el banquillo. Lejos de llevar a cabo esa misión, el líder de Azul y Blanco será el escudero de su rival durante los primeros 18 meses de Gobierno y le sucederá como primer ministro el año y medio posterior. Todo porque, según Gantz, se ha visto obligado a capitular para dar una estabilidad política inexistente desde diciembre de 2018 ante una crisis sanitaria inédita. 
El mayor éxito de Netanyahu, además de continuar en el cargo, es que ha impuesto duras condiciones, como tener veto para el nombramiento del próximo fiscal general y abogado del Estado, figuras claves en su futuro proceso judicial.
Pendiente de conseguir vía libre,  el conservador se prepara para un nuevo mandato -que expirará, según el acuerdo, en octubre de 2021- con un objetivo claro: que la anexión de parte de la Cisjordania ocupada sea su principal legado político. Ya fue una de sus grandes promesas electorales y el tiempo corre para que se convierta en una realidad. Gantz, en las negociaciones, le ha pedido una adhesión «coordinada con la comunidad internacional» que no fuera unilateral, algo que se antoja imposible, por lo que Bibi mantiene su pulso y buscará un único apoyo: el de Estados Unidos. Y, para ello, necesita que Donald Trump -que abrió la puerta a la anexión del Valle del Jordán y las colonias judías en territorio palestino en la iniciativa de paz que presentó en enero -esté en el poder, por lo que tal vez tenga que adelantarse a las presidenciales de EEUU previstas para noviembre.
Para ello, eso sí, tendrá que asegurarse de que su actuación no deriva en un peligroso repunte de violencia con los palestinos y una desestabilización en la región que pongan en jaque la seguridad de Israel. Por eso, no se descarta que comience por acoplar las colonias más próximas a Jerusalén, donde viven decenas de miles de judíos.
El tiempo corre en contra de un Netanyahu que ya se veía ganando unas cuartas elecciones. No le ha hecho falta. Ahora buscará su blindaje judicial y cumplir su plan sobre Palestina. Y, como broche final, podría tener una salida del Gobierno gloriosa: el mandato del presidente Rivlin acaba a finales de 2021 y él mismo podría tomar su relevo. Serían otros siete años más -renovables- con inmunidad plena ante la Justicia y con un poder suficiente como para dirigir el destino de Israel... Un superviviente nato.

 

Promesas incumplidas

Benny Gantz se aupó como líder opositor israelí con una premisa clara: sacar a Benjamin Netanyahu del poder y, con ello, sentarle en un banquillo para que respondiese a la Justicia por los tres casos de corrupción de los que está acusado.
Esa segunda parte se cumplirá, pero no gracias a él, sino porque el propio Netanyahu decidió el pasado mes de enero renunciar a la inmunidad que le confería ser parlamentario y fue acusado formalmente por la Fiscalía. Ahora está a la espera de que comience el juicio en su contra. Sin embargo, Gantz ha fallado en la primera, la que sí estaba en su mano. Y no solo no ha apartado a su rival del Gobierno, sino que será el culpable de que este siga al menos 18 meses más al frente del Ejecutivo.
Su gran promesa la rompió con el inicio de las negociaciones para un Gabinete de unidad, de «emergencia nacional», como ambos dirigentes lo han denominado. Y eso tuvo sus consecuencias: la coalición opositora Azul y Blanco también se rompió, dejando a Gantz varado y sin opciones de poder auparse en unas hipotéticas cuartas elecciones. De ahí que haya unido sus fuerzas con Netanyahu. Con un papel de vigía a su labor. Pero permitiendo que el conservador siga al mando de Israel. Otro año y medio por lo menos. Porque con el primer ministro hebreo nunca se sabe...